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Castilla-La Mancha, número 1 |
Aunque no sea una publicación estrictamente conquense es necesario mencionar en este recorrido la aparición, en noviembre de 1984, de la revista oficial de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha puesto que, como es evidente, la provincia de Cuenca forma parte de esta Comunidad y ello representa una presencia permanente en el contenido de la nueva publicación, dirigida en su tramo inicial, el más interesante, por Alfonso González Calero.
En la
declaración de intenciones que aparece en el artículo editorial del primer
número se especifican los objetivos, por otra parte fáciles de adivinar: “Crear
un nexo de unión entre los castellano-manchegos; para ampliar la conciencia
regional; la conciencia de los problemas que tenemos, que no son pocos y para
conocer lo que se está haciendo y lo que se va a hacer para ponerles una
solución”.
En ese primer número y por lo que se refiere a
Cuenca aparecen una entrevista con José Luis Coll (pp. 4-5), un reportaje sobre
la Sierra Baja de Cuenca, firmado por José Luis Muñoz (pp. 8-12), otra
entrevista, breve, con Pedro Mercedes, firmada por Ángel Puente (p. 37) y un
amplio comentario de Isidro Sánchez en torno al libro Crónica de la luz.
Fotografía en Castilla-La Mancha, de Publio López Mondéjar (p. 38-39).
La redacción quedó instalada en Toledo, como es
natural, y de ella formaron parte en sus primeros números José Vicente Ortega,
Máximo Díaz y José Luis Pérez. El equipo inicial fue sustituido en 1986 por
Alfonso Castro, como director, con la compañía de Gregorio Arroyo y Ana Amador.
Esta última asumió la dirección en 1988, ampliándose el número de colaboradores
fijos en la redacción con los nombres de José Antonio Guardiola, Juan Carlos
Martínez, Damián Villegas, Juan Infantes, Juan Francisco Molina y un largo
etcétera que representa el natural vaivén personal en una revista de esas
características.
La información generada por la provincia de Cuenca
estuvo a cargo en ese primer periodo de Tomás F. Ruiz, a quien se deben varios
reportajes de evidente interés.
Como en algún momento se dijo (al celebrar el
número 50, en octubre de 1989), “esta publicación se creó como nexo de unión
entre los castellano-manchegos, para ampliar la conciencia regional y para
contarles qué se hace en esta región” pero, como es comprensible, desde la
óptica oficialista emanada desde el gobierno, lo que eliminó de sus contenidos
cualquier posibilidad de crítica, incluso ni siquiera de análisis objetivo de
la realidad y, por supuesto, no hizo ningún esfuerzo por garantizar
la pluralidad informativa, objetivo siempre pendiente en los medios públicos
españoles, cuyos promotores consideran que están al servicio de sus propios
intereses partidistas y nunca del conjunto de la ciudadanía.
El
carácter y el espíritu de la publicación empezó a cambiar con el número 69,
coincidiendo con la llegada a la consejería de Cultura de Juan Sisinio Pérez
Garzón, quien saludaba el nuevo estilo que se iba a introducir, dedicado a
trabajos monográficos sobre los diversos sectores de actividad vigentes en
Castilla-La Mancha, que habrían de derivar en una continuada palinodia de
triunfalismo en torno a los grandes éxitos del gobierno regional.
