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Entrada principal del cine Avenida [Foto Archivo José Luis Muñoz] |
El cine Avenida, ubicado en un edificio de nueva planta construido al final de la avenida República Argentina, fue abierto bajo la inspiración de la Iglesia Católica, por iniciativa del canónigo Simón Calvo Pina, uno de los elementos más poderosos de la estructura eclesial conquense durante el régimen de Franco. El edificio fue construido por el obispado (por cierto, levantando más alturas de las permitidas en la Ordenanza de Edificabilidad en esa zona, infracción consentida por el Ayuntamiento), con la intención de habilitar dependencias para acoger diversos servicios eclesiásticos, como Acción Católica, Cáritas Diocesana, etc., incluyendo una residencia sacerdotal. En la planta baja se habilitó el espacio para el local cinematográfico, con un acceso integrado en el bloque, sin especial brillantez. Se inauguró el 15 de agosto de 1963 (festividad de la Asunción de la Virgen), con la proyección de una película cursi y sin ningún interés artístico (y, además, ya con alguna edad), Cariño mío (Rafael Gil, 1961) y se cerró en 1982. Tenía un patio de butacas y un anfiteatro, con capacidad total para 841 espectadores.
En la apertura del local, el canónigo Calvo Pina ya señalaba que el propósito del cine era ejercer una tarea de apostolado cristiano y servir de fuente de ingresos para recaudar fondos con destino a las obras asistenciales promovidas por el obispado. Desde el primer día acuñó el principio inamovible de ofrecer un cine limpio, con películas en las que debían predominar no solo los valores religiosos tradicionales sino también los morales, dejando fuera cuestiones como las relaciones extramatrimoniales o situaciones que ofrecieran alguna picardía, por más que estos asuntos eran tratados con sumo cuidado en el cine de la época y si algún caso se desviaba, ya estaba la censura para corregirlo. Esas posiciones rigurosas se pusieron de manifiesto de manera especial durante las dos temporadas (1979 a 1981) que el Cineclub Chaplin estuvo asentado en este local, recibiendo reiteradas protestas del canónigo responsable cada vez que algún título de la programación rebasaba los límites que él mismo había impuesto para lo que consideraba digno de ser visto en esa pantalla, por lo que finalmente fue preciso abandonar y buscar otro alojamiento.
Desde nuestra óptica actual, acostumbrada a los cines de pequeñas dimensiones, podemos asegurar que el Avenida era un espacio destartalado e incómodo, un aparatoso rectángulo cuyas últimas filas se perdían en un horizonte lejanísimo, dejando la pantalla a distancia considerable. Tenía en la parte superior un pequeño anfiteatro igualmente muy separado del espacio de las proyecciones. Además, aprovechando la ubicación en el edificio de otras dependencias eclesiales, quedó situada también allí la denominada de manera eufemística Oficina de Orientación de películas (versión española de la Oficina Católica Internacional del Cinematógrafo, creada en 1928), que elaboraba una especie de ficha de cada cinta en la que se incluían comentarios dirigidos básicamente a considerar las cuestiones morales, según una clasificación por números, siendo las más dañinas la 3-R (mayores con reparos) y la 4 (gravemente peligrosa), hojillas que se colocaban en un cajetín situado en Carretería, para que todo el mundo tuviera fácil acceso a las indicaciones de tan peculiar sistema.
Referencias: José Luis Muñoz, Cuenca en las pantallas. Diccionario de Cine. Cuenca, 2021. Cineclub Chaplin, pp. 23-24.
