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La Banda de Música de Cuenca, dirigida por Lucio Navarro, desfila por una solitaria calle de la ciudad |
Diez años más tarde, en la sesión
municipal del 10-10-1891, el concejal señor Merchante propuso "la
necesidad de crear una banda municipal de música" y el Ayuntamiento tomó
el acuerdo de comisionar a cuatro de sus concejales para que estudiaran y
propusieran las bases sobre su organización. En la sesión del 22 de noviembre
se acordó señalar el sueldo de 1.500 pesetas anuales al Profesor de la Banda y
convocar la oportuna oposición para cubrirla [AMC, leg. 1703]. Se presentaron
dos candidatos que fueron severamente juzgados por su falta de idoneidad,
quedando vacante el puesto y de esa manera el segundo intentó también quedó
frustrado.
Hay que esperar a que llegue el 16-12-1895
para que el alcalde, Santos Fontana Arrueta, proponga al Ayuntamiento la
creación de una Banda Municipal de Música, intención aceptada por el pleno de
la corporación que aprobó una dotación de 6.000 pesetas para cubrir los gastos
derivados de la implantación del grupo musical. De
inmediato, se puso en marcha un concurso público para proveer la plaza, con
sueldo de 1.500 pesetas anuales al que se presentaron como candidatos Valentín
Giraud, Emilio Gutiérrez Feliz, Arturo García Agúndez y Nicolás Cabañas Palomo
(que en ese momento tenía 25 años de edad). El 20 de abril de 1896 se reunió el
pleno municipal que decidió, por unanimidad, elegir a García Agúndez como
primer director de la Banda [AMC, leg. 1868, exp. 6, doc. 9]. El 27 de julio por la
noche comenzaron las clases, quedando cerrada la matrícula salvo que apareciera
algún alumno con conocimientos musicales. Las clases preparatorias incluía las
enseñanzas de solfeo, la instrumentación y también ensayos para saber desfilar
de manera ordenada, lo que hacían los aspirantes en algunos de los caminos
inmediatos a la ciudad.
La presentación pública
de la nueva Banda de Música tuvo lugar el 15 de abril de 1897, día de jueves
santo, actuando por primera vez tras los oficios religiosos celebrados en la
catedral bajo la presidencia del obispo Pelayo González Conde. Al parecer, hubo
satisfacción popular generalizada, como se recoge en el acuerdo del pleno
municipal, del 19-04-1897,
en que el Ayuntamiento acuerda manifestar al
director de la Banda de Música y a los propios músicos que "ha visto con
satisfacción cómo han respondido a los gastos y sacrificios del
municipio"..."demostrando en tan corto espacio de tiempo las
aptitudes, celo y aplicación de todos" acompañando las procesiones de
Semana Santa.
Ese verano, la Banda de Música empezó a ofrecer conciertos en los paseos de la ciudad (Plaza Mayor, de Cánovas y de San Francisco) a lo que en otoño se añadió el Paseo de San Fernando, cuando el tiempo lo permitiera invitando a la Diputación a hacer lo propio con la Banda de Beneficencia, alternándose ambas en estos conciertos otoñales. Y al llegar el día de Santa Cecilia ofreció igualmente un concierto. Como prueba de que la idea había cuajado, el 25 de septiembre de 1897 acordó el Ayuntamiento aprobar el Reglamento de la Academia de Música y Banda Municipal de Cuenca [AMC, leg. 1931, exp. 25]
El 22 de enero de 1898, la corporación autorizó a la Banda para que
asistiera a la inauguración de la luz eléctrica en Tarancón, siendo ésta la
primera salida fuera de Cuenca que realizó la agrupación. Como resultado de
este primer viaje, los concejales Basiliso López, Santos Fontana y Victoriano
Horcajada propusieron a sus compañeros de corporación un voto de gracias a los
músicos "por su buen comportamiento", señalando que no se había
producido "nota discordante, cumpliendo todos y cada uno de los músicos
con su cometido tan fielmente que han dejado a gran altura la instrucción
artística y disciplina de la repetida Banda" [AMC, leg. 1951, exp. 4].
A pesar de tan
excelentes augurios y sin que hubiera anuncio de dificultades, en la sesión
corporativa del 17 de octubre de 1898 se decidió abrir expediente suspendiendo
de empleo al director de la Banda medida que estuvo en vigor hasta el día 29
sin que en ninguno de los documentos municipales se haga constar los motivos de
esta decisión, que quizá se pueden adivinar por una decisión posterior, la del
14 de noviembre, en la que se aprobó por unanimidad el Reglamento de régimen
interior de la Banda que establece en su artículo primero que “Todos los
individuos que pertenezcan a la Banda Municipal tendrán la obligación de
asistir a los ensayos tanto parciales como generales que la misma verifique” lo
que puede hacer suponer que no se estaba aplicando todo el rigor necesario en
el cumplimiento de esta obligación y por ello se regulaba un sistema de multas
y sanciones.
Esta situación debió ser
un antecedente de la crisis llamada a estallar de pleno en el año 1900, cuando
un numeroso grupo de músicos (se pueden contar 34 firmas) presenta al
Ayuntamiento un escrito en el que se rebelan claramente contra el director,
pero la decisión municipal fue abrir un expediente informativo para estudiar
los hechos. Aunque no hay documentación suficiente para seguir el hilo de este
conflicto sí conocemos la conclusión del caso: el 18 de marzo de 1901 el
Ayuntamiento decidió llevar a cabo la reorganización de la Banda, seguida de
una medida aún más radical: el 22 de julio se acordó disolverla junto con la
Academia, cesando al director y a todos los empleados.
La reorganización fue
rápida: apenas un año más tarde, el 18 de julio de 1902 fue nombrado director
Casimiro Rubio y una semana más tarde se abría el plazo para que los
interesados pudieran apuntarse a la nueva Banda. Tras la muerte de Casimiro
Rubio en 1915 se nombró para sustituirle interinamente a su hijo, Rafael Rubio
Santacruz, quien ya antes lo había hecho “a satisfacción del público y de los
músicos durante el mes que estuvo enfermo aquel, poseyendo conocimientos por
más de diez y seis años de estudios”, situación que fue ratificada por acuerdo
municipal del 07-04-1915, concediéndole la plaza en propiedad, con el sueldo
anual de 1.500 pesetas [AMC, leg. 2252-3, exp. 1].
