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La estación de Tarancón, en la época en que se construyó el ferrocarril estratégico [Foto Asociación Amigos del Ferrocarril de Madrid] |
El Ferrocarril estratégico de Torrejón a Tarancón, conocido también como “La vía de los 40 días”, fue impulsado por iniciativa del presidente Azaña durante la II República, con el objetivo de garantizar el abastecimiento de Madrid, la capital sitiada por las tropas rebeldes. La línea se llamó de los 40 días porque ese fue el plazo que el gobierno se marcó para realizar las obras y que pudiera estar operativa y lo estuvo, desde finales de 1938 hasta el final de la guerra, en abril de 1939, aunque el tiempo de su ejecución fue mucho más dilatado del previsto, para desesperación del presidente.
En el tramo final de la guerra civil, la
situación de la capital de España era ciertamente angustiosa, con el ejército
nacionalista sólidamente establecido en la ribera izquierda del Manzanares y
del Jarama, cortadas las comunicaciones ferroviarias con Valencia y
Murcia-Cartagena y con enormes dificultades en las dirigidas a otros puntos del
país, lo que derivaba en una complicadísima situación en cuanto a los
abastecimientos de productos de necesidad. En efecto, la situación de las
comunicaciones en el entorno de la capital no podía ser más delicada porque
prácticamente a partir de noviembre de 1936 la ciudad estaba sitiada en todas
direcciones y la comunicación ferroviaria interrumpida.
Ante esa dificultad insalvable, el gobierno
presidido por Manuel Azaña (era ministro de Comunicaciones Bernardo Giner de
los Ríos) concibió la idea de construir un tramo estratégico que uniera
Torrejón de Ardoz con Tarancón (
El recorrido se iniciaba en Torrejón de Ardoz y
tenía estaciones en Mejorada del Campo, Loeches, Torre de la Alameda, Campo
Real, Pozuelo del Rey, Nuevo Baztán, Villar del Olmo, Orusco de Tajuña,
Caravana, Valdaracete, Fentidueña de Tajo, Estremera y, ya en la provincia de
Cuenca, Belinchón y Tarancón, con un total de
Las obras avanzaron, ciertamente mucho más
lentas de lo que deseaba el presidente de la República. Las ejecutó el
organismo autónomo denominado Comisión de Obras Ferroviarias de la Zona Centro.
De forma simultánea se hicieron las obras del tramo Santa Cruz de la
Zarza-Villacañas. Se levantaron estaciones muy provisionales, de ladrillo,
generalmente alejadas de las poblaciones del trayecto y con la utilidad de
servir de paso y bloqueo en el curso de los convoyes. La estación de Tarancón
fue mejor preparada mediante la instalación de un triángulo de inversión para
que los trenes pudieran cambiar de sentido por un procedimiento más económico
que el de los puentes giratorios. Como mano de obra se utilizó un número no
especificado de prisioneros del ejército franquista. Finalmente, las obras
quedaron terminadas y los primeros trenes empezaron a circular a mediados de
1938 y lo hicieron los meses restantes hasta el final de la guerra, en abril de
1939.
Concluido el conflicto, el régimen triunfante canceló
de inmediato una línea que solo tenía una utilidad tan concreta como
innecesaria en los nuevos momentos y tampoco nadie del sistema franquista tuvo
la menor preocupación por buscarle otra utilidad. A finales de 1940 se
levantaron los carriles del tramo Mejorada-Tarancón para devolvérselos a sus
propietarios, las compañías MZyA y Oeste; mejor suerte tuvo el tramo
Tarancón-Santa Cruz de la Zarza que sí continuó en servicio unos cuantos años
más hasta que finalmente también fue clausurado.
A su paso por el término de Tarancón aquella
línea casi fantasmal ha dejado rastros que aún son visibles, en forma de
alcantarillas, estaciones, casetas y puentes, ejemplos de una arquitectura
industrial que estuvo acompañada del dramático complemento de la resistencia
contra un destino que ya entonces parecía imparable. Para recordar aquella
aventura ferroviaria, hace unos años el Ayuntamiento de Tarancón promovió una
interesante exposición explicativa.
