BALSA DE VALDEMORO

 


El agua cae suavemente deslizándose sobre la toca tobácea [Foto José Luis Muñoz]

Valdemoro de la Sierra. El paraje La Balsa se encuentra a unos cinco kilómetros del pueblo, en un roquedal al pie del cerro de San Miguel, a una altitud de 1116 metros. En él nace un manantial que, tras unos diez metros de suave declive, deriva en una planicie donde el agua se embalsa, oculta por una maraña de juncos, musgos y plantas acuáticas diversas y que antiguamente era un criadero natural de cangrejos. Metros más adelante, el agua alcanza un enorme farallón rocoso de toba calcárea, por el que caía, formando amplias cascadas naturales, para a continuación volver a adquirir un curso regular y alcanzar en seguida el río Guadazaón. El curso natural del agua fue alterado por la construcción de una fundición de hierro, luego molino (de la Herrería). Hay abundancia de vegetación natural, sobre todo musgo adosado a la roca y que surge de manera espontánea gracias a la abundante humedad, junto con culantrillo, un tipo de helecho propio de la zona.

Al paraje se llega por un camino transitable, antiguamente ocupado por huertas hoy casi totalmente desaparecidas, cruzando un puente sobre el Guadazaón, aunque el último tramo hay que hacerlo a pie para contemplar desde corta distancia un espectacular paraje de cascadas, pozas e hilillos de agua que dan lugar a un espacio ciertamente de gran belleza, en el que llama la atención por su originalidad la longitud de la cascada, cuyo caudal depende del comportamiento de las precipitaciones en cada época del año. Desde este punto de vista resulta muy atractivo el invierno, cuando se producen heladas que dan lugar a carámbanos o colgaduras muy originales.

El paraje comenzó a ser objeto de polémica en 1990, ante la autorización concedida para la construcción de una piscifactoría, idea que despertó la oposición de gran parte del pueblo, que consiguió la anulación de la licencia municipal y la paralización de las obras, decisión que la empresa recurrió ante los tribunales