TORCAS DE LAGUNASECA

 

En el arco nororiental de la provincia de Cuenca, al amparo y protección del poderoso castillo de Beteta, surgió el pequeño pueblo de Lagunaseca (apenas un centenar de habitantes en este tramo inicial del siglo XXI) que se encuentra ubicado en el seno de un macizo serrano de topografía ciertamente encrespada, en la que fácilmente se encuentran altitudes superiores a 1.300 metros, surcada por multitud de corrientes de agua, casi todas ellas orientadas en forma tal que su objetivo es alcanzar el cauce del río Cuervo. Son arroyos, vallejos, barrancos y manantiales empeñados en producir al unísono la gran canción del agua, símbolo de vida y energía.

En el corazón de ese complejo natural se encuentra el paraje El Sabinarejo y en él tres torcas: la de Miguel Orea, orca, la de las Cabras y la Larga, junto con otra menor, El Hoyazo, señaladas y protegidas como un enclave de alta singularidad geomorfológica en el complejo cárstico que define la esencia de la Serranía de Cuenca. No se trata de un espacio excesivamente amplio: apenas 188,42 hectáreas en un anticlinal generoso en formas kársticas atrevidas, insinuantes, que muestran la extraordinaria habilidad del roquedo para modelarse y, haciéndolo, dar lugar a fantasías que incitan a las mentes imaginativas y a las que lo son menos animan a sentir el inefable placer de contemplar cuán generosa puede ser la naturaleza en su permanente oferta de belleza creadora.

El paraje se localiza al SO del pueblo, a escasos metros del casco urbano, donde es posible apreciar la presencia de una dotación de hoyos circulares, de no muy grandes dimensiones, en cuyo fondo, gracias a la humedad, se han formado amables praderas e incluso alguna laguna estacional en el que figuran depresiones cerradas y otras morfologías kársticas de menor escala, como lapiaces en surcos, que han podido desarrollarse aprovechando las circunstancias favorables derivadas de las formaciones jurásicas que afloran en este sector de la Serranía de Cuenca. La importancia de las torcas de Lagunaseca se debe, fundamentalmente, a sus dimensiones, singularidad y representatividad como modelo, así como la información que proporcionan a la hora de interpretar la evolución geológica de la zona.

Hablamos del periodo mesozoico, el secundario, a cuyos pliegues y movimientos corresponden los materiales de esta zona, pacientemente erosionados por el agua para dar lugar a la aparición de depresiones cerradas, lapiaces en surcos y otros elementos ya conocidos por su aparición en otros lugares serranos pero que aquí se concretan y sintetizan en las torcas, ilustradas además con formaciones botánicas muy importantes, como comunidades rupícolas adaptadas a vivir en fisuras, grietas y oquedades en los roquedos calizos que forman las paredes de las torcas sin que falte la presencia de la siempre querida sabina albar, felizmente salvada de perecer y cuya presencia en los altos montes conquenses viene a representar un estímulo de confianza en la sensibilidad del ser humano, pese a algunos ejemplos preocupantes.

La importancia de las torcas de Lagunaseca se debe, fundamentalmente, a sus dimensiones, singularidad y representatividad como modelo, así como la información que proporcionan a la hora de interpretar la evolución geológica de la zona. La formación procede de la descomposición interior de calizas, con su posterior desploma para dar lugar a la apertura del gran vaso contenedor de agua.

En el aspecto botánico, aparte la ya señalada presencia de la sabina albar, dominante en el paisaje de la zona, aparecen comunidades rupícolas adaptadas a vivir en fisuras, grietas y oquedades en los roquedos calizos que forman las paredes de las torcas. También destaca en las zonas más umbrías la presencia de hacer monspessulanum, corylus avellana y prununs mahaleb, todas ellas especies protegidas de interés especial.

La presencia animal cataloga ejemplares de gato montés y un amplio repertorio de aves vinculadas con el soporte forestal, como águila calzada y chotacabras gris.

En el entorno de las torcas de Lagunaseca la presencia de animales autóctonos, algunos ciertamente raros e incluso en peligro de extinción, viene a enriquecer la personalidad de este paraje. Ahí se encuentra el cada vez más raro gato montés y las también ya casi exóticas aves águila calzada y chotacabra gris, tan vinculadas a las mayores espesuras de la cubierta vegetal.

Por acuerdo del Consejo de Gobierno de Castilla-La Mancha de 02-12-2003, Decreto 310/2003, Las Torcas de Lagunaseca recibieron la declaración de monumento natural, reconociéndose así que se trata de un enclave de alta singularidad geomorfológica dentro del complejo kárstico de la serranía de Cuenca. Antes de esa decisión, las torcas de Lagunaseca estaban ya incluidas en el catálogo de hábitats de protección especial creado por la Ley de Conservación de la Naturaleza de Castilla-La Mancha. Con la declaración de monumento natural, se ha dado un paso más en el reconocimiento de esta singularidad.