PARQUE NATURAL DE LA SERRANÍA DE CUENCA

 


El poderoso roquedo calcáreo es la formación dominante en la Serranía de Cuenca

El parque natural de la Serranía de Cuenca se encuentra situado en el noreste de la provincia de Cuenca, donde ocupa una superficie de 73.000 hectáreas en 11 municipios, siendo el de la ciudad de Cuenca el que proporciona la mayor extensión, casi la mitad, correspondiente el resto a Arcos de la Sierra, Beamud, Huélamo, Las Majadas, Portilla, Tragacete, Uña, Valdemeca, Villalba de la Sierra y Zafrilla. Fue creado mediante la Ley 5/2007 de Castilla-La Mancha y se encuentra formando límites con otro parque natural, el del Alto Tajo, proporcionando ambos unas de las más importantes y mejores masas forestales del centro peninsular, con abundancia de bosques mixtos y extensos pinares. Este parque natural cuenta con tres centros de interpretación, estando situado el principal en Tragacete; hay otro, dedicado de manera específica al agua, en Uña y un tercero, centro en la botánica, en Valdemeca.

La Serranía de Cuenca forma parte del eslabón meridional del Sistema Ibérico ocupando aproximadamente el cuadrante situado más a la derecha y en la parte superior del mapa; hacia la vertiente oriental aparecen las cumbres más elevadas y arriscadas, con la Muela de San Felipe como sector culminante, mientras que su borde meridional se encuentra limitado por las depresiones de Mariana y Fuentes. Hacia el norte, la formación serrana encuentra prolongación, una vez salvado el Alto Tajo, por las provincias de Guadalajara y Teruel.

Este sector montañoso de la península ibérica se configura como un abrupto y en ciertos aspectos áspero y bien compactado farallón rocoso pero el conjunto no constituye un todo uniforme, con alturas que oscilan de los 800 a los 1800 metros. De hecho, profundizando en las comarcas interiores, nos puede sorprender el encuentro con amplias planicies amesetadas cuya apariencia disimula el carácter abrupto del conjunto pero que, sin embargo, a continuación quedan rotas por la aparición de profundas hoces que actúan como el de un tajo dado por un espectacular cuchillo, horadando la poderosa montaña. Esa es la labor incansable, metódica, que desde hace millones de años vienen desarrollando los ríos serranos.

La evolución de la estructura terrestre sólo la conocemos por aproximación, aunque la investigación científica, paciente y tranquila, va desvelando misterios que nos parecen apasionantes. Sabemos, con toda certeza, que hace quinientos millones de años el mar llegaba hasta el interior de la actual España; las aguas cubrían, por tanto, el espacio físico que hemos delimitado para la Serranía de Cuenca. Los últimos acontecimientos tienen lugar en la era geológica llamada mesozoica o secundaria, cuya duración total se puede cifrar en unos ciento cincuenta millones de años y en los que se define el aspecto general de la Serranía, por medio de varias grandes etapas, la última de ellas el periodo cretácico, cuyos límites suelen fijarse entre hace 125 y 70 millones de años y que se caracteriza por la formación de la creta (una variedad caliza: carbonato cálcico terroso y blancuzco), resultado de la evolución de los caparazones calcáreos de los animales marinos que, en cantidades ingentes, quedaron sobre la tierra al retirarse definitivamente los mares que aún inundaban parcialmente esta zona del continente europeo.


El pino es la especie arbórea dominante en la Serranía

Todo ello se traduce en el paisaje que da lugar a la Serranía. La forma exterior, su morfología, es mucho más reciente y deriva de la formación del plegamiento alpino, a cuyo final el mundo tenía ya una forma muy parecida a la actual, incluyendo la formación de la Serranía de Cuenca, cuyo punto más elevado es el Cerro de San Felipe, con 1840 metros, aunque realmente el punto geodésico más elevado está próximo al anterior, La Mogorrita, situado a 1866 metros. De esa forma, la Serranía es el conjunto de sierras y montes que forman un mismo nudo orográfico en el seno de la unidad superior que es la cordillera. Tal es el caso de la Serrana de Cuenca, ese gran macizo calcáreo diversas formaciones menores: las sierras de Tragacete, Valdemeca, Bascuñana, de Cuenca, de Mira, los Montes Universales... enlazando este macizo, por el norte, con la Sierra de Albarracín.

En esas cimas nacen multitud de arroyos y riachuelos, unos surgidos de fuentes naturales y otros formados en las épocas de deshielo para dar lugar a torrenteras briosas que caen con fuerza por las laderas hasta acumularse en los valles donde sirven de tributarios a los ríos consolidados. Entre los de mayor importancia, auténticos ríos de recorridos kilométricos, se encuentran el Tajo, el Júcar, el Guadiela, el Escabas y el Cuervo.

Muchas de esas corrientes fluviales, al discurrir sobre un soporte calizo, van encajándose abriendo profundos tajos (hoces) entre las montañas, a la vez que dan lugar a la formación de múltiples planicies interiores, denominadas muelas en el lenguaje técnico, aunque no es denominación frecuente en Cuenca. De manera simultánea, la acción disolvente del agua y del dióxido de carbono que contiene en su interior, actúa sobre esas superficies calizas, en lo que es un proceso de química natural, para dar origen a multitud de formas geológicas, tan abundantes en la Serranía conquense, dando lugar al peculiar paisaje kárstico. El origen de esta situación natural se remonta a la era terciaria y continuó en la cuaternaria hasta alcanzar a nuestro tiempo, en que aún se producen algunos movimientos, ciertamente espectaculares, pero ya muy escasos en número y de poca incidencia.

Conviene destacar que en este territorio, junto con las formaciones pétreas y los recorridos fluviales destaca la gran continuidad y extensión que presentan las masas forestales, y particularmente los pinares que dominan el paisaje vegetal, aunque también La diversidad florística encuentra un excelente soporte de desarrollo gracias a la estructura natural que da lugar a un importante refugio de flora eurosiberiana, con notables aportaciones de especies pirenaicas, así como de flora rupícola y ribereña. En los espacios de menor altitud, entre los 600 y los 1000 metros se extienden las zonas basales de la Serranía de Cuenca (Villalba de la Sierra, Portilla y Arcos de la Sierra) con presencia de la encina, el pino rodeno y la sabina negral, junto con un abundante soporte arbustivo (espliego, tomillo, aliagas, espinos, mientras que sobre sustratos arenosos dominan los jarales, brezales y cantuesos. Las riberas de los principales cursos fluviales están flanqueadas por chopos y sauces.

En las zonas inferiores de las montañas crece una especia arbórea muy popular, el pino rodeno (Pinus pinaster). Entre los 1000 y los 1500 metros se desarrollan las mejores masas forestales de la sierra, mayormente compuestas por pinares, con amplio domino del pino negral o laricio (pinus nigra), junto con el pino doncel (Pinus pinea) y robledales (Quercus faginea), carrascas (Quercus ilex) y sabina albar (Juniperus thurifera). Más allá de los 1500 metros, crecen los bosques de pino albar (Pinus sylvestris), que convive con la sabina rastrera (Juniperus communis) y con abundantes masas arbustivas, como acebos, tejos y mostajos.

Desde que en 1973 fue establecida una Reserva Nacional de Caza, ha aumentado de manera considerable la población de ciervos, corzos, jabalíes y muflones, que viven en régimen de semilibertad, por lo que es posible encontrarlos con relativa facilidad en cualquier punto de la Serranía. Otras especies más selectivas, como osos y lobos, están controladas en el Parque Cinegético de El Hosquillo. Además, la Serranía alberga también ejemplares de la cabra montés. Abundan los buitres leonados y otras rapaces que encuentran un adecuado espacio de nidificación en los intersticios de los roquedos. En las lagunas del territorio hay concentraciones de peces y aves migratorias, que mencionamos en los correspondientes apartados específicos.

Referencias: Francisco Alonso Otero, “La Serranía de Cuenca”. Guía de los Espacios naturales de Castilla-La Mancha, Toledo, 1991; Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, pp. 261-284 / Luis López Vázquez y Miguel Ángel Acero, Las mejores excursiones por la Serranía de Cuenca. Madrid, 1999; El Senderista