LAGUNA DE UÑA


Uña. Laguna situada junto al pueblo que le da nombre, a 1150 metros de altitud, formada por las aguas que aporta un arroyo que tiene su origen en el inmediato Rincón de Uña y que en este punto se une al cauce del Júcar. Larrañaga explica la formación de la laguna porque el riachuelo "al depositar el carbonato cálcico que llevan en disolución sus aguas, formó un gran derrame de toba que, interceptando su propio cauce, fue impidiendo su desagüe hasta formar la laguna, de donde salía magnífica cola de caballo, que antes de las obras del salto de Villalba desagüaba inmediatamente en el río Júcar".

Es de origen tectónico, pero su superficie inicial ha sido aumentada al hacer llegar hasta aquí las aguas del río Júcar. La laguna tiene un perímetro aproximado de 2 kilómetros, una superficie aproximada de dos hectáreas y una profundidad máxima de 12 metros. Originalmente tenía forma de trébol pero en 1925 se efectuó la modificación para que sirviera como elemento regulador de las aportaciones del río al salto de Villalba y en la actualidad tiene forma prácticamente circular.

Algo fantasiosa es la descripción que aporta Gaspar y Roig en su, por otro lado, prestigiada Geografía General de España, pues dice de la laguna (sin duda siguiendo explicaciones interesadas y no por su propio conocimiento): “Está situada en un valle angosto y cercada de una y otra parte por riscos muy altos que parece que están cortados a plomo; únense a cierto extremo estos altos peñascos y por debajo de ellos salen diferentes arroyos y fuentes, de las que proceden las muchas truchas que van a caer a las lagunas, donde saltan a cada instante. Por la superficie de las aguas flota constantemente una isla de cierta piedra esponjosa, como la que llaman toba; está cubierta de yerba, donde se apacienta algún ganado y hay algunos arbustos; se mueve con los vientos y corre por toda la laguna; se sumerje a veces y vuelve a salir sobre el agua” [Pág. 379]. Esta descripción recoge, con matices lo dicho con algo de imaginación, por otros autores. El primero de todos, sin duda, Mártir Rizo, en su conocida Historia de Cuenca, al asegurar que “en ella se ve una isla, que la naturaleza juntando muchas raíces de céspedes y otros árboles, trabajó y enredó de tal manera, que en la superficie del agua se mantiene con muchos frutales, el aire la suele mover de una ribera a otra y es lo más notable, que nadie de día por tempestuoso que sea la ha visto mover y de noche se suele mudar, porque por la tarde se ve en esta ribera y por la mañana en aquella”, a lo que Porreño añade otros detalles, incluido el de la abundancia de truchas “que están saltando de contínuo sobre el agua. Tiene asimismo encima del agua una isla con yerba que se apacienta en ella ganado y algunos arbolitos; esta corre por toda la laguna siendo llevada por los vientos y está fundada en cierta manera de piedra esponjosa que es como toba”. Muñoz y Soliva, escéptico, preguntó a los más ancianos del lugar y todos le dijeron haber oído la historia pero sin haber llegado a verla en efectivo, sino que la presunta isla finalmente se fijó a un lado y quedó sin movimiento.

Avanzando hacia la situación presente, Cirujano señala que sin duda en el pasado las aguas de la laguna eran mucho más transparentes, pero en la actualidad presentan una cierta turbiedad que parece derivarse de los continuos aportes de agua procedentes del embalse y por la disminución de entradas originadas en los arroyos del Infierno y de la Barbarija. En la actualidad, la laguna tiene una profundidad de 7 metros, con aguas de tipo carbonatado cálcico-magnésico, con abundantes formaciones de hipparis vulgaris (cola de caballo) que cubran amplias superficies de la cubeta. La laguna de Uña está en directa relación con el manantial de la piscifactoría y la Poza de Uña.

De acuerdo con la descripción de Mateo López diremos que "el agua nace un poco más arriba de la laguna, al pie de elevados peñascos, pasa por ella formándola de mucha extensión y al salir de ella se introduce inmediatamente en el río Júcar". Y añade el cronista histórico: "El césped o isla que antes de ahora fluctuaba por sobre el agua de una parte a otra de la laguna, según el movimiento del viento, hace muchos años (según dicen los naturales de aquella villa) se fixó en un lado donde se halla sin movimiento alguno". Medio siglo antes, el abate Antonio Ponz había recogido también la noticia transmitida por sus informadores de que “hay una pequeña isla que se mueve y muda de sitio, según todos aseguran, añadiendo los del país, que a veces queda escondida debajo del agua y que luego se vuelve a ver encima. No tiene árboles crecidos pero suele estar cubierta de hierba y de algunos arbustos. Lo más importante es que dicha laguna se puede llamar un almacén de truchas por su grande abundancia, y que entre ellas se cogen muy crecidas. Recibe aguas del Júcar, pero se nota que sale más de la que entra, lo que siendo así es prueba de manantial en la laguna” El Consejo de Gobierno de Castilla‑La Mancha, en su reunión del 17 de mayo de 1988, acordó declarar refugio de caza la zona de la laguna, estableciendo así un sistema de protección oficial del paraje, tanto en favor de la avifauna como de la flora, prohibiendo la actividad cinegética de forma permanente y promoviendo la realización de trabajos científicos para evitar el deterioro de la zona y favorecer en cambio su uso público.

En los años 20 del siglo XX se construyó un dique artificial para aumentar la capacidad de la laguna, cuyo nivel subió dos metros, dando así origen a la formación actual, tres veces mayor que la original. Al mismo tiempo se construyeron dos canales, uno para traer agua desde el embalse de La Toba y otro para llevarla hasta el salto de Villalba.

Con estas obras, la superficie de la laguna ampliada inundó zonas inmediatas hasta entonces dedicadas al cultivo, pero además los canales transformaron por completo el funcionamiento natural de la laguna y los movimientos internos del agua. Uno de los elementos que más apreció el cambio fue la barrera tobacea y su cascada, ya que el agua dejó de rebasar por encima al ser desviada hacia el canal, con el resultado de que la toba dejó de estar activa y poco a poco ha sido colonizada por la vegetación. La toba había tenido un origen natural, a causa de la precipitación del carbonato cálcico disuelto en agua, aumentando de tamaño hasta dar lugar a una represa natural.

Hasta hace unos años, la ictiofauna predominante en la Laguna de Uña era la trucha común (Salmo trutta fario), especie autóctona de la Serranía de Cuenca, incluyendo ejemplares asalmonados, y la loina (Parachondrostoma arrigonis), especie originalmente endémica de los ríos Júcar y Cabriel. Tras la introducción de especies alóctonas, como la perca sol (Lepomis gibbosus) y el gobio (Gobio gobio), son éstas las que actualmente predominan en estas aguas, junto con la carpa común (Cyprinus carpio).

La laguna de Uña también es una importante zona de paso y nidificación de aves acuáticas, existiendo un lugar de observación construido por el Ayuntamiento de Uña. Entre las aves que se pueden observar en la laguna a lo largo del año, hay patos, ánades, cigüeñas, cigüeñuelas y pollas de agua mientras que en los riscos que la rodean abundan las rapaces de gran tamaño, en especial  los buitres negros y leonados. Por otro lado y como el paraje se encuentra ubicado en el corazón del Parque Natural de la Serranía de Cuenca, también es relativamente fácil encontrar en los alrededores ejemplares de ciervos, gamos, corzos, jabalíes y muflonre.

La Laguna de Uña es un rico ecosistema de flora y fauna aunque en la actualidad tiene un uso funcional como depósito de agua que regula el tránsito por ella del río Júcar antes de acometer el paso hacia el canal de derivación que lo llevará hasta el salto de Villalba pero con independencia de ese carácter utilitario la visión es magnífica y vincula directamente el espacio estancado con las potentes riscas que lo rodean y el propio pueblo de Uña, situado a su lado. En estas aguas no es posible el baño o la práctica de actividades o deportes náuticos, ya que conserva la condición de salvaje a pesar de su uso artificial.

 

Referencias: Santos Cirujano, Flora y vegetación de las lagunas y humedales de la provincia de Cuenca; Madrid, 1995; CSIC, pp. 102-104 / Mateo López, Memorias históricas de Cuenca y su obispado. Edición de Ángel González Palencia. II) Cuenca, 1954, p. 120 / Antonio Ponz, Viage de España. Madrid, 1787, tomo III, carta 5ª, p. 143 / Paseo geológico por el Escalerón y la Raya (Uña). La laguna a vista de pájaro. Madrid, 2015. Instituto Geológico y Minero de España.