Uña. Laguna situada junto al pueblo que le da nombre, a
Es de origen tectónico, pero su superficie inicial ha
sido aumentada al hacer llegar hasta aquí las aguas del río Júcar. La laguna
tiene un perímetro aproximado de
Algo fantasiosa es la descripción que aporta Gaspar y
Roig en su, por otro lado, prestigiada Geografía
General de España, pues dice de la laguna (sin duda siguiendo explicaciones
interesadas y no por su propio conocimiento): “Está situada en un valle angosto
y cercada de una y otra parte por riscos muy altos que parece que están cortados
a plomo; únense a cierto extremo estos altos peñascos y por debajo de ellos
salen diferentes arroyos y fuentes, de las que proceden las muchas truchas que
van a caer a las lagunas, donde saltan a cada instante. Por la superficie de
las aguas flota constantemente una isla de cierta piedra esponjosa, como la que
llaman toba; está cubierta de yerba, donde se apacienta algún ganado y hay
algunos arbustos; se mueve con los vientos y corre por toda la laguna; se
sumerje a veces y vuelve a salir sobre el agua” [Pág. 379]. Esta descripción
recoge, con matices lo dicho con algo de imaginación, por otros autores. El
primero de todos, sin duda, Mártir Rizo, en su conocida Historia de Cuenca, al
asegurar que “en ella se ve una isla, que la naturaleza juntando muchas raíces
de céspedes y otros árboles, trabajó y enredó de tal manera, que en la
superficie del agua se mantiene con muchos frutales, el aire la suele mover de
una ribera a otra y es lo más notable, que nadie de día por tempestuoso que sea
la ha visto mover y de noche se suele mudar, porque por la tarde se ve en esta
ribera y por la mañana en aquella”, a lo que Porreño añade otros detalles,
incluido el de la abundancia de truchas “que están saltando de contínuo sobre
el agua. Tiene asimismo encima del agua una isla con yerba que se apacienta en
ella ganado y algunos arbolitos; esta corre por toda la laguna siendo llevada
por los vientos y está fundada en cierta manera de piedra esponjosa que es como
toba”. Muñoz y Soliva, escéptico, preguntó a los más ancianos del lugar y todos
le dijeron haber oído la historia pero sin haber llegado a verla en efectivo,
sino que la presunta isla finalmente se fijó a un lado y quedó sin movimiento.
Avanzando hacia la situación presente, Cirujano señala
que sin duda en el pasado las aguas de la laguna eran mucho más transparentes,
pero en la actualidad presentan una cierta turbiedad que parece derivarse de
los continuos aportes de agua procedentes del embalse y por la disminución de
entradas originadas en los arroyos del Infierno y de la Barbarija. En la
actualidad, la laguna tiene una profundidad de 7 metros, con aguas de tipo
carbonatado cálcico-magnésico, con abundantes formaciones de hipparis vulgaris (cola de caballo) que
cubran amplias superficies de la cubeta. La laguna de Uña está en directa
relación con el manantial de la piscifactoría y la Poza de Uña.
De acuerdo con la
descripción de Mateo López diremos que "el agua nace un poco más arriba de
la laguna, al pie de elevados peñascos, pasa por ella formándola de mucha
extensión y al salir de ella se introduce inmediatamente en el río Júcar".
Y añade el cronista histórico: "El césped o isla que antes de ahora
fluctuaba por sobre el agua de una parte a otra de la laguna, según el
movimiento del viento, hace muchos años (según dicen los naturales de aquella
villa) se fixó en un lado donde se halla sin movimiento alguno". Medio
siglo antes, el abate Antonio Ponz había recogido también la noticia
transmitida por sus informadores de que “hay
una pequeña isla que se mueve y muda de sitio, según todos aseguran, añadiendo
los del país, que a veces queda escondida debajo del agua y que luego se vuelve
a ver encima. No tiene árboles crecidos pero suele estar cubierta de hierba y
de algunos arbustos. Lo más importante es que dicha laguna se puede llamar un
almacén de truchas por su grande abundancia, y que entre ellas se cogen muy
crecidas. Recibe aguas del Júcar, pero se nota que sale más de la que entra, lo
que siendo así es prueba de manantial en la laguna” El Consejo de Gobierno de Castilla‑La Mancha, en su reunión del 17
de mayo de 1988, acordó declarar refugio de caza la zona de la laguna,
estableciendo así un sistema de protección oficial del paraje, tanto en favor
de la avifauna como de la flora, prohibiendo la actividad cinegética de forma
permanente y promoviendo la realización de trabajos científicos para evitar el
deterioro de la zona y favorecer en cambio su uso público.
En los años 20 del
siglo XX se construyó un dique artificial para aumentar la capacidad de la
laguna, cuyo nivel subió dos metros, dando así origen a la formación actual,
tres veces mayor que la original. Al mismo tiempo se construyeron dos canales,
uno para traer agua desde el embalse de La Toba y otro para llevarla hasta el
salto de Villalba.
Con estas obras, la superficie de la laguna ampliada inundó zonas inmediatas hasta entonces dedicadas al cultivo, pero además los canales transformaron por completo el funcionamiento natural de la laguna y los movimientos internos del agua. Uno de los elementos que más apreció el cambio fue la barrera tobacea y su cascada, ya que el agua dejó de rebasar por encima al ser desviada hacia el canal, con el resultado de que la toba dejó de estar activa y poco a poco ha sido colonizada por la vegetación. La toba había tenido un origen natural, a causa de la precipitación del carbonato cálcico disuelto en agua, aumentando de tamaño hasta dar lugar a una represa natural.
Hasta hace unos años, la ictiofauna predominante en la Laguna de
Uña era la trucha común (Salmo trutta fario), especie autóctona de la Serranía
de Cuenca, incluyendo ejemplares asalmonados, y la loina (Parachondrostoma
arrigonis), especie originalmente endémica de los ríos Júcar y Cabriel. Tras la
introducción de especies alóctonas, como la perca sol (Lepomis gibbosus) y el
gobio (Gobio gobio), son éstas las que actualmente predominan en estas
aguas, junto con la carpa común (Cyprinus carpio).
La laguna de Uña también es una importante zona de paso y nidificación de
aves acuáticas, existiendo un lugar de observación construido por el
Ayuntamiento de Uña. Entre las aves que se pueden observar en la laguna a lo
largo del año, hay patos, ánades, cigüeñas, cigüeñuelas y pollas de agua
mientras que en los riscos que la rodean abundan las rapaces de gran tamaño, en
especial los buitres negros y leonados.
Por otro lado y como el paraje se encuentra ubicado en el corazón del Parque
Natural de la Serranía de Cuenca, también es relativamente fácil encontrar en
los alrededores ejemplares de ciervos, gamos, corzos, jabalíes y muflonre.
La Laguna de Uña es un rico ecosistema de flora
y fauna aunque en la actualidad tiene un uso funcional como depósito de agua
que regula el tránsito por ella del río Júcar antes de acometer el paso hacia
el canal de derivación que lo llevará hasta el salto de Villalba pero con
independencia de ese carácter utilitario la visión es magnífica y vincula
directamente el espacio estancado con las potentes riscas que lo rodean y el
propio pueblo de Uña, situado a su lado. En estas aguas no es posible el baño o
la práctica de actividades o deportes náuticos, ya que conserva la condición de
salvaje a pesar de su uso artificial.
Referencias: Santos Cirujano, Flora y vegetación de las lagunas y humedales de la provincia de
Cuenca; Madrid, 1995; CSIC, pp. 102-104 / Mateo López, Memorias históricas de Cuenca y su obispado.
Edición de Ángel González Palencia. II) Cuenca, 1954, p. 120 / Antonio
Ponz, Viage de España. Madrid, 1787,
tomo III, carta 5ª, p. 143 /

