Observemos, inicialmente, el delicioso
término geográfico, tan en desuso (o de poco uso) que la lengua (la pluma,
también) se entretiene morosamente en pronunciarlo o escribirlo: serrezuela, la
pequeñez del diminutivo popular aplicado a un concepto geográfico en sí mismo
grandioso, como suele serlo todo lo que tiene que ver con las montañas, las
sierras, las cordilleras. Pero no: aquí se trata de señalar con el puntero a
una serrezuela, una formación montuosa singular, recogida, recoleta,
entrañable, por qué no decirlo, adjudicando este sentimiento cargado de
humanidad a un paraje natural carente de ínfulas de grandiosidad y sí de
atractivos específicos, concentrados en un punto del territorio de
Pero si las salinas se encuentran
enraizadas en el pasado de Valsalobre, la Serrezuela, que forma parte del
municipio desde el mismísimo origen del mundo, es hoy el presente señalado
puntualmente por una serie de indicadores geológicos, morfológicos y naturales
que señalan la singularidad de un paraje no excesivamente grande, apenas
![]() |
Sima de Juan Herranz [Foto Arturo García Blanco] |
El paraje se encuentra en la culminación
de una muela formada por materiales sedimentados durante el cretácico y el
jurásico, en los que predominan los elementos calizos y dolomíticos tan
propicios a la disolución por el agua y, por ello, dan lugar a la formación de
modelos kársticos de gran importancia. En el documento oficial que favoreció la
declaración protectora se indica que “también resalta el alto valor intrínseco de
esta Serrezuela, por su representatividad como modelo geológico y por la
diversidad y gran desarrollo de los elementos geomorfológicos en el ellas
albergados”. Para detallar esta inicial afirmación el lenguaje científico indica
que “dentro del modelado kárstico, destaca el gran desarrollo de la red
endokárstica, siendo importante también la presencia de macrolapiaces y la
diversidad y profusión de depresiones cerradas (...) Además de estos elementos,
es importante la existencia de un gran número de relieves ruiniformes, dolinas
y depresiones cerradas, conocidas en la zona como Campo de Dolinas. Estas
depresiones actúan como sumideros que conectan con la red endokárstica”. Dentro
de esa riqueza geológica hay que señalar la presencia, dentro del paraje,
de las cuevas Juan Herranz I y Juan Herranz II, esta última la más importante
de todas, caracterizada por la existencia interior de galerías horizontales,
muy poco frecuentes en este tipo de cavidades.
La vegetación es la propia de las sierras
conquenses, con predominio del pinar, muy tupido en esta zona. La formación dominante es el pino silvestre y en menor grado
el pino nigra con un estrato arbustivo formado por una orla
espinosa de berberis vulgaris
Cabe destacar también la importancia que tienen las comunidades rupícolas (vegetación asociada a los roquedos) en toda
la zona
En el apartado faunístico destaca la
presencia de lepidópteros, entre ellos la graellsia
isabelae, conocida popularmente como la mariposa nocturna isabelina, declarada
de interés especial en el Catálogo de Especies Amenazadas y que aquí ofrece una
comunidad muy vigorosa; otro elemento destacado es el steropleurus ortegai, un ortóptero endémico de la Serranía de
Cuenca, también catalogado como de interés especial que encuentra su habitat
natural en rodales espinosos de berberis
vulgaris, un arbusto que aquí encuentra espacio apropiado para su
existencia. Entre otros tipos animales muy llamativos se menciona igualmente la
presencia del gato montés (felis
silvestris) especie muy rara ya en los montes conquenses.
Este espacio natural es el lugar de España
con mayor concentración de simas y por ello cuenta con la presencia de un gran
número de aficionados a la espeleología.
Entre ellas se encuentran las dos simas de mayor profundidad de
Castilla-La Mancha, conocidas como las Juanas: Juan Herranz I de 212 m. y la
Juan Herranz II, de 173 m. A ellas se pueden añadir otras simas muy significativas
cuyas profundidades sobrepasan los 60 m. con son las simas Z-3 y Z-6, ambas de
96 m. y las Alfa I y Alfa II de 85 m. la primera y 60 m. la segunda. También es
ideal para quienes quieren pasear disfrutando de sus paisajes, cuajados de
rocas de formas caprichosas modeladas por la erosión.
La Serrezuela de Valsalobre fue declarada monumento natural por Decreto 76/2003, de 13-05-2003, de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha (DOCm nº 82, 06-06-2003)

