LAGUNAS DE CAÑADA DEL HOYO

 

Cañada del Hoyo. Uno de los paisajes más singulares y hermosos, no sólo de la provincia de Cuenca sino del conjunto de Castilla-La Mancha es el formado por las siete torcas con agua permanente situadas en el paraje de Los Oteros, en el término de Cañada del Hoyo. Allí, en una pequeña superficie de terreno, nace y permanece uno de los hechos kársticos más notables y mejor conservados de cuantos integran con generosidad la Serranía de Cuenca. La zona se encuentra situada en las inmediaciones de la muela de Los Palancares, de naturaleza dolomítica y calcárea, desarrollada sobre materiales del cretácico superior.  Estas lagunas, a diferencia de las torcas, que se emplazan en el turonense, lo hacen en el cenomanense, lo que explica la aparición de un nivel freático cautivo en las facies de Utrillas, base del cretácico. También son diferentes las condiciones estructurales, ya que aquí se interrumpe la continuidad de los pliegues NE-SE, debido a que la zona queda desmantelada por amplias depresiones cársticas que influyen igualmente en su morfología, de modo que las fracturas recorren el área en direcciones ortogonales facilitando el discurrir de arroyos y torrenteras.

Las lagunas están al sureste de Los Palancares, en un sector de compleja evolución cárstica en el que ejerce una notable influencia el río Guadazaón, encargado del drenaje de estos terrenos. Alrededor de las lagunas, un profundo pinar de laricio (pinus nigra) envuelve todo el ámbito natural, junto con abundante vegetación en el sotobosque, circunstancias que ayudan a mantener en cierta medida a escondidas las lagunas, perceptibles solo al llegar a sus bordes, para percibir cómo el azul turquesa de las aguas contrasta con el verdor intenso de las riberas. Entre ese generoso despliegue vegetal aparecen las torcas líquidas, todas ellas con superficie prácticamente circular y diferentes dimensiones, tanto en diámetro como en profundidad, con paredes de acusada verticalidad generalmente desnudas de vegetación.

La zona en que se encuentran las lagunas o torcas de agua pertenece a la cuenca hidrográfica del río Júcar, a través de su afluente el Guadazaón, en cuya margen derecha aparecen situadas, ordenadas en dirección NO-SE, en el paraje conocido como Los Oteros (donde existió un caserío del mismo nombre, hoy reducido a la condición de finca agrícola), de morfología cárstica, a una altitud de 960-1000 metros. El elemento fundamental que influye y condiciona el paraje es el curso del río Guadazaón, que discurre con una profunda inclinación en dirección S-SE desde su origen, recogiendo aguas que también siguen recorridos de máxima pendiente, sobre todo las que le llegan por su margen izquierda. El complejo lagunar está formado por siete dolinas de perímetro circular y dimensiones variables, con aguas permanentes y profundidad entre 4,3 y 28 metros. . Estas lagunas cársticas están consideradas como auténticos tesoros limnológicos por lo que están incluidos en otros sistemas de protección, como es el de ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves). Dispersas por la zona hay otras dolinas que en los años muy lluviosos también llegan a acumular agua de manera temporal.

Las lagunas de Cañada son de aguas cálidas y en ellas ‑no en todas‑ pueden encontrarse tortugas, ranas y algún pato. Son de origen kásrtico y por tanto vinculadas directamente a la estructura caliza del terreno. Estas superficies líquidas son afloramientos de corrientes de agua subterránea, que al llegar a estos lugares encuentran un terreno propicio para surgir aprovechando la formación de vasos calcáreos que retienen el líquido. El origen de estos procesos son similares a los de las torcas, tan abundantes en esta zona, con el añadido del agua: la acción de las aguas carbónicas sobre la estructura caliza, que es muy soluble, favorece la disolución de ésta en direcciones de fractura apropiada, llamadas diaclasas, lo que a su vez permite el hundimiento del terreno en forma circular; en el caso de las lagunas, estos hundimientos encontraron un acuífero depositado sobre una capa de terreno impermeable; es como una gran laguna interior que aflora precisamente a través de estos hundimientos circulares. Todo el conjunto que forma la agrupación de lagunas  se distribuye de manera no ordenada, sino al azar, lo que concede a cada una de ellas cierta singularidad de acuerdo con la caracterización morfológica de la zona ocupada y su evolución a lo largo de los siglos.

Aunque en el término de Cañada del Hoyo se han localizado un total de 34 torcas, las que aquí interesan son las siete situadas al O del Guadazaón, cuya proximidad debe valorarse como la principal causa de que aparezcan permanentemente inundadas de agua, al alcanzar sus profundidades el nivel freático. Los científicos explican que las lagunas se forman en el cenomanense como puede observarse en las arcillas verdes propias de la base de estos materiales, como ocurre en el fondo de la laguna de las Tortugas, en la ladera sur de la Parra o en todo el perímetro de la Cardenilla, salvo, en esta última, en su flanco SO, compuesto por arenas caoliníferas de las facies Utrillas.

El complejo lagunar queda situado en el paraje denominado genéricamente Los Oteros, a una altitud de 960-1000 metros; son siete lagunas diferenciadas con nombres propios, todas de perímetro circular y profundidad variable, de 4,3 a 28 metros; existen algunas otras dolinas repartida por la zona, que en años de abundante pluviosidad pueden llegar a inundarse temporalmente, pero es un caso ya muy infrecuente; al contrario, la continuidad de años secos se refleja en el progresivo descenso del nivel de las aguas en todas ellas; incluso el Lagunillo del Tejo llegó a quedar completamente seco en 1996. Las más cercanas a la carretera, que tienen carácter público, son La Cruz (que, en algunos sitios, llaman impropiamente de la Gitana), El Tejo (la mayor de todas) y El Lagunillo del Tejo (que es la más pequeña y está situada entre las dos primeras). Más hacia el interior del paraje se encuentran otras cuatro: La Llana, Las Cardenillas, La Parra y Las Tortugas, que son de propiedad privada. En la laguna de La Parra no crecen plantas acuáticas, particularidad que animó a los técnicos a hacer unos estudios (1991), que permitieron conocer que tiene una composición claramente medicinal, por concentración de sales magnésicas, ferruginosas y calcáreas, lo que avalan su calidad en el tratamiento de problemas diuréticos y reumáticos. La del Tejo, presenta una vistosa particularidad, la de alterar el color de sus aguas, que de ser verde azuladas pasan a tener un tono blanco lechoso en verano; se trata de un sencillo proceso químico, el de la precipitación del componente carbonato cálcico que se encuentra en ellas, activada por la acción de los microorganismos del agua. Lo que no ha impedido que, en ocasiones, algún narrador de mente calenturienta guste de buscar explicaciones esotéricas para lo que es un correcto proceso natural. La llamada Lagunillo es la más oscura de todas, por la abundancia de vegetación que tiene en el fondo y que incluso llega a sobresalir en la superficie, formando una auténtica selva de plantas acuáticas a las que se unen los juncos y aneas de su ribera.


Imagen aérea de las lagunas de Cañada [Foto Drone Romeu, Facebook]

       El conjunto de las lagunas o torcas de agua tiene un enorme interés geomorfológico, formando un espléndido paraje natural, propio del karst. Las aguas de todas ellas están diferenciadas en dos niveles que no se mezclan, como si estuvieran separados por una gran barrera invisible; ello hace que existan dos tipos de fauna diferenciados, encontrándose microorganismos de gran interés científico, sin olvidar la legión de ranas, culebrillas (de tierra y de agua) e insectos de todo tipo que pueblan el paraje y sin desdeñar tampoco la valiosa vegetación arbórea, con abundancia de pinos y tejos que incluso se prolongan por los escarpes que forman el recipiente de las lagunas.

     Los análisis de las aguas han establecido su carácter carbonatado; los porcentajes de los diferentes aniones mayoritarios son bastante homogéneos con un claro dominio de los carbonatos, mientras que en los cationes, el magnesio se encuentra en mayor proporción que el calcio, con valores máximos en las dolinas menos profundas.

     Los trabajos científicos de carácter biológico han puesto de manifiesto las peculiaridades de estas lagunas y su gran valor biológico y limnológico, con especial referencia al zooplancton, los fenómenos de estratificación microbiana y la precipitación de carbonato cálcico, especialmente llamativa en los meses de verano.

     La comunidad planctónica estudiada es rica en especies que presentan gran interés por su rareza y originalidad. Entre el zooplancton litoral de las lagunas hay especies muy originales como acroperus neglectus, microcyclops varicans, alonella exigua, pleuroxus lavéis, pleuroxus truncatus, eucyclops macruroides y ectocyclops phaleratus; en la laguna de la Cruz se ha descrito una nueva especie de rotífero, anuraeopsis miraclei del que solo se conoce otra cita en un lago de los Alpes austriacos.

     En cuanto a la vegetación, domina la presencia del pinus nigra, al que acompañan vistosos ejemplares de sabina; el sotobosque incluye romero, aulaga y espliego, como especies principales. Otros elementos específicos serán citados al describir cada una de las lagunas.

     Por lo que se refiere a la fauna, hay que distinguir varios ambientes, ya que el propio de naturaleza húmeda de las lagunas en sí mismas hay que añadir el pinar inmediato y los campos cultivados del entorno próximo. En el primer caso hay que señalar que la estructura de las lagunas no resulta apropiada para el asentamiento de aves acuáticas, aunque sí aparecen algunos grupos aislados en forma ocasional y cuando disminuye la presencia humana; así, han podido observarse garza real, ánade real, polla de agua y andarrio chico; las dos primeras citadas incluso han sido vistas nidificando.

     Del resto de aves sí se encuentran durante todo el año varias especies de rapaces amenazadas, como el gavilán, azor, águila real (que cría en las cercanías y utiliza la zona como cazadero habitual) y halcón peregrino. En la época apropiada para la reproducción nidifican en las cercanías águila culebrera, águila perdicera, águila calzada, alimoche, cuervo y alcotán. Es de presencia habitual durante todo el año la chova piquirroja y nidifican la paloma zurita, tórtola común y críalo, junto con la presencia invernal de la becada.

     En la comunidad de anfibios y reptiles destaca la presencia del galápago europeo, galápago leproso, sapo partero común, sapillo pintojo ibérico, víbora hocicuda, culebra lisa europea y culebra bastarda. Los invertebrados terrestres hacen acto de presencia mediante varias especies de mariposas, entre ellas la amenazada graelisia isabelae.

     Entre los mamíferos se encuentran las especies habituales de este sector de la Serranía de Cuenca, entre ellas algunas amenazadas, como el tejón, la garduña,  el gato montés y la gineta, junto con los grandes herbívoros como el ciervo, el corzo y el gamo, sin olvidar el jabalí. La comunidad de quirópteros se encuentra presente a través de varias especies: el murciélago grande de herradura, murciélago pequeño de herradura, murciélago mediterráneo de herradura, murciélago ratonero, murciélago orejudo meridional y murciélago de cueva.

     Los peces, originariamente no vinculados a estas aguas, han sido introducidos de manera periódica en época moderna, siendo el black-bass la especie preferida por los pescadores habituales.

     Las cuatro lagunas de propiedad privada vienen siendo objeto, desde 1992, de una explotación comercial, ya que el espacio se encuentra vallado, siendo preciso abonar una entrada para acceder a él.

Es monumento natural, declarado por decreto de la Junta de Comunidades el 20 de marzo de 2007. En la declaración se destaca que este espacio protegido, en una superficie de 280 hectáreas, merece una atención especial por contener elementos geológicos y geomorfológicos de gran importancia.

Veamos algunos detalles sobre cada una de las lagunas.

      Laguna de la Cruz o de la Gitana

     La mayor de todas las lagunas y la más directamente accesible, pues es la primera que encuentra el visitante al llegar al paraje. Tiene una superficie aproximada de 1,4 has., un diámetro medio de 132 metros y una profundidad máxima de 25 metros. Posee la particularidad de que sus aguas no se mezclan por completo, sino que se organizan a distintos niveles de estratos, cada uno de ellos con su propia comunidad de organismos acuáticos. Sus aguas son ricas en carbonatos y bicarbonatos pero pobres en otros aniones; por ello, todos los años, a finales del mes de julio, las aguas habitualmente verde-azuladas adquieren un color rosáceo o blanco lechoso debido a la precipitación del carbonato cálcico, favorecida por las altas temperaturas. El proceso tiene una prolongación en el interior de las aguas donde, a partir de los diez metros de profundidad, a consecuencia de la meromixis férrica las algas presentan una tonalidad rojiza que disminuye la visibilidad. Los bordes pedregosos de esta laguna no favorecen el desarrollo de una flora abundante; se pueden encontrar en los grandes bloques calizos de las orillas ejemplares de chara aspera y chara vulgaris, mientras que en las aguas más profundas hay relativa abundancia de potamogeton lucens y myriophyllum spicatum. Una estrecha banda de juncales de junco churrero aparece en el límite de la superficie líquida.


Cada año, la laguna de la Cruz experimenta un cambio de coloración que responde a un proceso químico absolutamente natural.
   

     Lagunillo del Tejo

     Laguna de forma marcadamente circular separada de la laguna del Tejo por una estrecha cornisa caliza desde la que puede observarse tanto esta última cita como la laguna de la Cruz. Llamada también en algunos lugares lagunillo Negro, tiene un diámetro máximo de 86 metros y una profundidad máxima de 11 metros. La salinidad de sus aguas no varía de forma apreciable a lo largo de años sucesivos, pero no ocurre lo mismo con el nivel de agua, ya que en tiempos de escasa pluviosidad puede llegar a secarse totalmente. La circunda una densa masa de vegetación acuática, formando dos bandas concéntricas, una externa, integrada por diversos carófitos (chara fragilis, chara muscosa, chara desmacantha) y otra a mayor profundidad donde se encuentran potamogeton pectinatus, myriophyllum spicatum, polygonum amphibium). Hay pequeños rodales de junco de laguna y espadaña.

 Laguna del Tejo

     Se caracteriza por la acusada verticalidad de sus paredes, resultado de ser de formación moderna; la cubeta tiene forma cónica, favorecedora de una gran profundidad, 32 metros. También en este caso los bordes pedregosos dificultan el desarrollo de una abundante flora acuática, a pesar de lo cual y hasta una profundidad aproximada de cuatro metros se pueden encontrar pequeñas agrupaciones de myriophyllum spicatum y cerca de la superficie, entre las piedras de menor tamaño donde pueda haber algo de tierra, ejemplares de chara aspera

 Laguna de la Parra

     Tiene una profundidad máxima de 16 metros y un diámetro de 105 metros. Sus aguas son azules y transparentes, alcanzando una profundidad de 1,48 metros. Posee abundantge vegetación acuática, con ejemplares muy vistosos de myriophyllum spicatum y potamegeton pectinatus que de forma discontinua se encuentran en los bordes. En el margen formado por las aguas hay carrizo, junco de laguna y otras plantas propias de bordes encharcados.

 Laguna Llana

     La superficie del agua ocupa un diámetro de 120 metros, con una profundidad que llega a los 6,6 metros. Posee unas peculiaridades botánicas muy diferentes a las de las otras lagunas. La cubeta está colonizada por una abundante vegetación subacuática que llega hasta las zonas más profundas. En las orillas suaves y colonizando los claros se encuentran formaciones compactas de chara vulgaris, en sus variantes papillata y contraria; a medida que se profundiza en las aguas, aparece otra pradera de chara desmacantha, mientras que en las zonas más profundas aparece potamogeton pectinatus emergiendo entre las formaciones de carófitos. En las riberas hay junco de laguna mientras podemos ver abundancia de carrizos y masiega. Destaca igualmente la presencia de una majestuosa sarga.

 Lagunillo de las Tortugas

     Se encuentra en el extremo más oriental del conjunto, con un diámetro medio de 65 metros y una profundidad máxima de 6 metros. En algunos lugares se menciona como lagunillo de la Cardenilla, por estar cerca de la laguna de este nombre. El nombre original procede de la abundancia de quelónidos que tuvo en el pasado. Es la más salina de todas las lagunas, factor que condiciona la vida vegetal de su entorno y contenido. Está colonizada por la especie potamogeton pectinatus que se extiende desde los carrizales de la ribera hasta media profundidad (unos 2,5 metros). La turbiedad del agua, el suelo subacuático con abundantes restos orgánicos y la abundancia de algas filamentosas parecen ser la causa final de la ausencia de carófitos.

 Laguna de la Cardenilla

     Debe su nombre al color cárdeno (azul verdoso) de las arcillas de sus márgenes y fondos, a lo que contribuye el factor luminoso, ya que cuando los rayos solares atraviesan las diminutas partículas minerales en suspensión en sus aguas, dispersan un tipo de radiación de onda corta que produce el efecto azulado. Tiene un diámetro medio de 90 metros y una profundidad máxima de 12 metros. Sus orillas acogen una abundante flora acuática, con ejemplares de nitella confervacea, chara vulgaris, potamogeton lucens y potamogeton pectinatus. Otras variedades han desaparecido del lugar a causa de la presión humana. En las orillas hay abundancia de juncos, pero destaca sobre todo la presencia de riella notarisii, muy rara en Europa, incluida en la lista de briófitos españoles en peligro de extinción.

     Además de estas lagunas, en sus proximidades, en dirección a Valdemoro de la Sierra, se encuentran también otras torcas secas, que en realidad forman parte de la cadena que tiene su centro en Los Palancares: Laguna Seca, El Torcacillo, El Torcazo Colorado y Las Torcas Mellizas.

Referencias: Emilio Guadalajara, “Las lagunas de Cañada”. La Tribuna de Cuenca, 13-03-2000, pp. 10-11 / T.C. Pérez Febrero, “La laguna de la Gitana y sus periódicos cambios de color”. Diario de Cuenca, 04-03-1977 Carlos de la Rica: “La Ruta del Guadazaón. Los Oteros”. Diario de Cuenca, 09-08-1977 / Marqués de Cantarranas, Paisaje lacustre de Cañada del Hoyo. Cuenca, 2001; Diputación Provincial.