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Entrada a la Cueva de Pedro Cotillas |
Palomera. Se encuentra a seis kilómetros del pueblo, hacia el E y tenía abundancia de estalactitas y estalagmitas, además de agua en el fondo de su amplia superficie, superior a los mil metros cuadrados. Puig y Larraz la describe de la siguiente manera: “Subiendo el río Huécar, aguas arriba de Palomera, a distancia de unos tres kilómetros, se encuentra un vallejo llamado del Agua, en cuya parte superior hay hay unas peñas entre las cuales se descubre la boca de la caverna, que mira al mediodía, y que tendrá aproximadamente un metro cuadrado; la entrada, dicen, es bastante peligrosa. Llámanla sima, aunque, según parece, debe considerarse como caverna, a causa de un pozo que hay en la entrada y que se salva por unos maderos; tiene abundantes estalactitas, que se hallan completamente destrozadas por los visitantes. Es muy húmeda, estando goteando continuamente el agua del techo”. Ajeno a esta realidad, el pueblo había asentado un dicho:
Si quieres ver maravillas
Entra en la cueva de Pedro Cotillas
Son los versos que recoge Fermín Caballero en su Nomenclatura Geográfica de España. Disponemos del expresivo testimonio del viajero Antonio Ponz al que invitaron a conocer el espectacular paraje y cuenta así la experiencia: “Todo el mundo se armó de teas encendidas y fuimos entrando por su estrecha boca, desde la cual hubiera riesgo de caer en la caverna, si no nos guiara un práctico de ella. Es muy espaciosa, y forma diversos derrames, de suerte que no se puede concebir en donde acaban. Lo particular, y digno de verse dentro de ella, son las diversas figuras, que en muchos siglos ha formado el agua que se filtra de la cima del monte, congelándose y convirtiéndose en una especie de cristalización. ¡Es cosa rara, qué figuras extrañas ha hecho la casualidad! Unas parecen bultos humanos, otras tienen idea de culebras, de perros, y cosas semejantes; se ven como hileras de columnas, pirámides, etc. Continuamente gotea el agua de que se van formando estas figuras y se ven grandes pedazos duros y transparentes como el mismo cristal”. El panorama hoy es bien diferente, porque el saqueo sistemático de sus bellezas naturales ha destruido la mayor parte de las estalactitas y estalagmitas. La entrada, en efecto, es muy dificultosa y está casi oculta por la mañana; una vez descubierto el hueco puede llevarse a cabo el acceso, que debe ir acompañado de la necesaria luz artificial pues la natural se pierde en seguida. El ambiente es húmedo y en varias zonas abunda el guano procedente de bandadas de murciélagos que en ocasiones buscan aquí refugio. El espectáculo de las estalactitas y estalagmitas aún es parcialmente visible, pese a la acción destructora de los bárbaros que encuentran placer en hacer daño porque sí.
Referencias: Gabriel Puig
y Larraz, Catálogo geográfico y geológico de las cavidades naturales y minas
primordiales de España. Madrid, 1896, p. 117 / Antonio
Ponz, Antonio: Viage de España. Madrid,
1787, tomo III, carta 4ª, pp. 122-123

Parece que la naturaleza quiere recuperar el paciente trabajo de rehacer las estalagmitas destruidas por los bárbaros visitantes de la Cueva
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