Las Majadas. Paraje
natural que se encuentra a unos dos kilómetros del pueblo, en el camino
forestal a Uña, donde la erosión pluvial ha dado origen a una formación
kárstica de enorme interés paisajístico,
comparable al de la Ciudad Encantada y abarca una superficie de 120 has. con
una disposición en forma de callejas aproximadamente paralelas entre sí, lo que
justifica el nombre popular con que se conoce el paraje, asentado en terrenos
propiedad de particulares y del Ayuntamiento de Las Majadas, que constituye un
enclave dentro del monte de utilidad pública Las Molatillas y otros.
A
Los Callejones se llega desde Las Majadas, tomando la pista forestal que enlaza
este pueblo con el embalse de La Toba, en las inmediaciones de Uña. Apenas a
tres kilómetros del pueblo, a la izquierda, una amplia explanada acoge el lugar
al que nos dirigimos, sobre la que se alza una impresionante formación de rocas
diseñadas por el agua sobre la inicial estructura caliza, para dar forma a un
singular capricho de la naturaleza. Nos encontramos ante un magnífico
despliegue rocoso sobre el que la mano incansable de la erosión ha ido
elaborando un paisaje a la vez abrumador por su grandeza como asequible por la
cercanía que se puede abarcar. La gran diferencia que hay entre este enclave y el
de la Ciudad Encantada es que este último lleva mayor fama y en él predominan
figuras aisladas, con formas caprichosas que han permitido que sean
identificadas con nombres propios, mientras que Los Callejones responden con
precisión a este título: el roquedo calizo ha sido acariciado por la intemperie
para formar estrechos y alargados pasadizos que incluso llegan a alcanzar una
disposición de paralelismo entre ellos hasta ocupar casi por completo el
espacio de 180 has. que se adjudican al lugar.
La erosión ha ido trabajando durante miles
de años sobre la estructura caliza del terreno, para delinear en él figuras
extrañas y sorprendentes, entre las que no faltan las que se asemejan a los
seres humanos ni las que parecen imitar edificaciones arquitectónicas. Este
proceso tuvo lugar hace aproximadamente 90 millones de años, durante la fase
turonense del periodo cretácico superior; las rocas que forman el sustrato del
terreno son dolomías y calizas dolomíticas, que son rocas carbonatadas de
carácter sedimentario, susceptibles de ser alteradas por procesos químicos; el
más normal es la acción del magnesio que figura en el agua de lluvia que actúa
como disolvente sobre el calcio de las calizas. Suele ocurrir que la reacción
química es más fuerte en las partes inferiores de las rocas y eso explica la
aparición de formas atrevidas, como tormos, cabezas, oquedades, etc.
En Los
Callejones, por ejemplo, hay que valorar también la calidad de sus suelos, de
una calidad edafológica singular, que se ha mantenido inalterable durante
siglos gracias a la escasa incidencia de la actividad humana, cuya capacidad
dañina no ha tenido ocasiones de experimentarse aquí. Gracias a esa
circunstancia hay también una amplia riqueza vegetal, tanto en especies
aisladas como en formaciones compactas. Las cualidades de la tierra no son
homogéneas sino que admiten variadas combinaciones, ya que hay suelos
orgánicos, arenosos, calizos o totalmente desprovistos desnudos, con la
consecuencia inmediata de una también diversa adaptación vegetal a según qué
condiciones. En esencia y por resumir, podemos asegurar que aquí se constituye
un auténtico ecosistema diferenciado.
Una rica vegetación
autóctona de pinos, robles, sabinas, enebros, bojes y arbustos, etc. forma la
envoltura vegetal de la naturaleza rocosa en la que vive una
fauna pequeña pero del máximo interés ecológico. Hay también un dato singular que
caracteriza a Los Callejones: su
utilización desde tiempos muy antiguos como majada natural para la estabulación
de ganados, lo que influyó tanto en la vegetación, apropiada para la
alimentación animal, como en la sabia utilización de elementos naturales
-piedras, rocas, setos, etc.- que sirvieron de improvisados recintos de abrigo
para rebaños y pastores, tinadas de uso tradicional en la zona.
Los
Callejones forman el espacio natural más atractivo y cercano de Las
Majadas. Conservado en espíritu puro durante cientos de años, en los últimos
tiempos viene sufriendo algún tipo de deterioro al haberse incrementado su uso,
en especial por la entrada indiscriminada de vehículos todo terreno y el
depósito de desperdicios. En 1996 se elaboró un estudio técnico para llevar a
cabo la ordenación del paraje, con el establecimiento de zonas de aparcamiento,
caminos aconsejables, señalización informativa, etc. pero no parece que dicho
estudio haya pasado del nivel teórico.
Aunque la visión general del paraje nos permite adquirir una comprensión global no debemos quedarnos sólo en esa superficial aproximación, pues resulta muy fácil, asequible sin problemas, penetrar en el interior del laberinto rocoso y ello favorece la contemplación de los inagotables matices del relieve y la existencia de cuevas, orificios, grietas y, en definitiva, la existencia de un auténtico trazado de calles como si fuera una ciudad en la que tampoco faltan plazuelas intermedias jalonando el recorrido.
Larrañaga anota que “si desde los Callejones se sube a Los
Charcos, se encuentra
Referencias: Francisco Alonso Otero, “Los Callejones de las
Majadas, la Reserva del Hosquillo y el nacimiento del Río Cuervo”. Guía de los Espacios
naturales de Castilla-La Mancha, Toledo, 1991; Junta de Comunidades de Castilla-La
Mancha, pp. 333-348. / Ramón Buil Latas, José A. y Rafael Fernández Yuste: Los Callejones de Las Majadas. Las
Majadas, 1985; Ayuntamiento / José Luis Muñoz, “Asequible cercanía de los
Callejones de Las Majadas”. La Tribuna de Cuenca, 20-07-2018, p. 5 / Carlos de

