HOZ DE BETETA

 


He aquí uno de los paisajes más atractivos de la Sierra de Cuenca, conservado todavía en envidiables condiciones de naturalidad. La hoz ha sido formada por el río Guadiela, trabajador incansable, al actuar sobre las muelas del Palancar y de Carrascosa y junto con la lluvia y su actividad erosionadora en la roca calcárea ha formado el magnífico cañón que se extiende a lo largo de más de seis kilómetros, entre Beteta y el Puente de Vadillos. Calizas, dolomías y margas de los periodos jurásico y cretácico son estructuras habituales en estos parajes, que aquí coinciden para dar forma a espectaculares acantilados y bellezas, algunos de ellos de más de 200 metros de desnivel. Un factor peculiar de esta Hoz, a diferencia de otras -tan abundantes en toda la Serranía conquense- es la muy variada vegetación autóctona existente y también la abundancia de especies animales.

      Vamos a reproducir, por su interés científico, la definición del paraje tal como aparece en el documento oficial que sirvió para la declaración de Monumento Natural:

     “El recorrido de la hoz corta, de manera transversal, las estructuras que deforman a los materiales carbonatados mesozoicos, adaptando su recorrido a las fracturas presentes en la zona. A la espectacularidad paisajística de la Hoz de Beteta hay que sumar una serie de elementos geomorfológicos de origen estructural, de evolución de vertientes, kárstico, fluvial y mixto, como son los desprendimientos, cascadas, travertinos, meandros, surgencias y cavidades. 

     Morfológicamente, la hoz puede dividirse en tres sectores, en función de las litologías atravesadas y las estructuras presentes: un primer tramo excavado en las calizas y dolomías del jurásico superior, de aspecto tableado y con intercalaciones margosas, un tramo central formado por materiales cretácicos y último tramo donde el trazado del río corta de manera perpendicular una estructura anticlinal simétrica cuyo núcleo está ocupado por materiales jurásicos. Las paredes que se pueden observar a ambos lados del río Guadiela, sobrepasan en ocasiones los doscientos metros de desnivel, formando espectaculares y continuos escarpes, donde es característica la formación de morfologías extraplomadas en las dolomías turonenses. En los escarpes del cañón se sitúan también numerosas surgencias que constituyen puntos de drenaje de los innumerables conductos kásrsticos que horadan ambas muelas. La formación de travertinos actuales está ligada a muchas de estas surgencias, si bien el edificio tobáceo más importante es de edad pleistocena y su origen está ligado a un represamiento del río Guadiela.

      Mención especial merece el sumidero de Mata Asnos, situado tres kilómetros al oeste de la Hoz de Beteta, cuya surgencia se encuentran en la propia hoz. Se trata de un sumidero-cavidad de claro perfil vertical, que presenta un recorrido de más de cuatro kilómetros. La boca se localiza a una cota de 1.235 metros, en la formación de las calizas y dolomías del turoniense, y consiste en una cavidad con desarrollo de una cornisa con la que se inicia una galería en la que se pierde el curso del arroyo Mata Asnos. Las morfologías kársticas presentes en la hoz, incluyen tours, coladas, laminadores y sifones, a los que hay que añadir meandros, marmitas y acumulaciones de bloques. La diversidad de elementos y sistemas morfogenéticos representados en la Hoz de Beteta es alta, constituyendo un enclave de muy alto valor geomorfológico”.

  Este hermoso espacio natural, auténtica maravilla de la naturaleza, esplendor de formaciones rocosas, es también un magnífico vergel botánico, cuyo contenido más llamativo e importante se encuentra localizado en el tramo central de la hoz, en los rincones umbríos y en los humedales al pie del acantilado, en la ribera del Guadiela. La masa forestal es también importantísima. El soporte básico es el pino negral, pero el sotobosque es bellísimo y abundante, con quejigos, chopos, álamos, sauces de ribera, tilos, avellanos y una muy variada y hermosa flora de montaña, como temblones, tejos, acebos y arces. El carácter húmedo del entorno y su aspecto umbrío sirven para acoger especies vegetales propias de latitudes septentrionales como ocurre con los tilos y avellanos, infrecuentes en la Serranía de Cuenca y que vienen a formar en la hoz de Beteta auténtico refugios de vegetación atlántica. Estas comunidades vegetales están muy alejadas de sus hábitats naturales óptimas y por ello constituyen enclaves con alta concentración de especies endémicas, raras o amenazadas. Entre esas formaciones merecen especial mención los tilares, habituales en el norte de la península pero muy raros más al sur; de hecho, estos de la hoz de Beteta marcan el límite meridional de estos bosques.



El Paseo de los Tilos forma unidad diferenciada dentro del conjunto de la hoz

    Pero junto con las frondosas, es necesario destacar la presencia continuada del pinus nigra, que domina por completo el paisaje de la hoz tanto en la parte alta de las muelas como en las paredes rocosas; junto con él aparecen quejigos, sabinas y comunidades de ribera. Destacan también las comunidades de rupícolas propias de los cortados, incluyendo en ellas buena cantidad de especies protegidas.

      Pueden encontrarse -y no fácilmente, como se puede suponer- mamíferos comunes como el zorro, la ardilla, el ciervo o el jabalí; pero los más interesantes son especies como el lagarto ocelado, la culebra lisa, lagartijas de muy variadas familias, buitre, alimoche, cernícalo, mirlo, herrerillo, petirrojo, pico picapinos, agateador, águila culebrera, azor, gavilán, águila calzada, carabo, etc., sin olvidar abundantes familias de murciélagos y también ejemplares de especies amenazadas como la nutria, el tejón, la gineta y el gato montés.

      Los quirópteros (murciélagos, en sus distintas variedades) encuentran adecuado cobijo natural en las numerosas cuevas y simas de la hoz, constituyendo uno de los refugios de invernada más importantes de Castilla-La Mancha para el murciélago mediterráneo de herradura, del que han llegado a contabilizarse dos centenares de individuos.

      También son importantes las aves reproductoras, de las que hay habitualmente no menos de 62 especies, de las que 8 están incluidas en el catálogo regional de especies amenazas. La importancia de la zona se completa con una buitrera que favorece la estancia y alimentación del buitre leonado y el alimoche. Aparece también la chova piquirroja y hay varias parejas de mirlo acuático. En cuanto a la fauna piscícola, la especie más abundante es la trucha común.

    El capítulo faunístico se completa por la presencia de importantes especies de fauna invertebrada, como el lepidóptero graelisia Isabellae, habitual en los bosques de pino negral. Los moluscos terrestres cepae hortensis y euomphalla strigella mantienen en la hoz las poblaciones más meridionales de estas especies en la península.

     Estamos hablando de un conjunto natural de unas 800 hectáreas de superficie, en los términos de Beteta, Carrascosa y Cañizares, de alto valor geológico y geomorfológico, como se pusieron de manifiesto en el expediente que llevó a la declaración de este paraje, junto con el inmediato del Sumidero de Mata Asnos, de monumento natural, por acuerdo del Consejo de Gobierno de la Junta de Comunidades de 02-03-2004, mediante el Decreto 23/2004.

    La Hoz de Beteta puede ser recorrida a pie, por la vertiente izquierda del río. El punto de arranque es el km. 44 de la carretera CM-210, a la salida de Puente de Vadillos. A lo largo del recorrido se han señalado hasta diez paradas, que permite al senderista apreciar en todo su valor la riqueza natural, botánica y animal, de la zona.

    En la hoz se encuentra la Cueva de la Ramera, situada a media altura (unos once metros), en una enorme pared rocosa, a cuya entrada se puede acceder a través de una gran escalera de hierro. La cueva tiene una profundidad de unos mil metros, y los 400 primeros disponen de iluminación, dentro de un proyecto municipal encaminado a hacerla visitable de manera organizada. El interior se organiza mediante una formación en desnivel de 49 metros, en tres plantas que presentan varias salas y curiosas formaciones kársticas. El proyecto elaborado por el ayuntamiento de Beteta contempla la posibilidad de visitar el interior de la cueva con un guía, en grupos máximos de diez personas sin superar nunca los cien diarios y ello en el periodo de mayo a octubre, con el fin de no perturbar el periodo de hibernación de los murciélagos. Sólo podrán visitarse la cavidad principal y la bajada desde la antesala a una de las tres primeras salas de cada planta. El objetivo en lograr la apertura controlada al público del interior de la cueva, sin daño para sus elementos esenciales, ya que está incluida en el catálogo de espacios protegidos. Sin embargo, en marzo de 2012 aún no se había conseguido llevar a cabo el proyecto, después de tres convocatorias para intentar adjudicar su explotación, sin duda a causa del coste establecido (dos mil euros anuales) y las limitaciones fijadas para la visita. En la preparación de la cueva se habían invertido cien mil euros, de los que el ayuntamiento de Beteta aportó el 33%.

Referencias: Francisco Alonso Otero, “Valles y hoces de Beteta y Solán de Cabras”. Guía de los Espacios naturales de Castilla-La Mancha, Toledo, 1991; Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, pp. 311-323.