En los comienzos del siglo XX empieza a publicarse una revista semanal con aspiraciones de llegar a ser un vehículo de información regional, aunque el título, Vida Manchega, debió suscitar la habitual reacción de quienes, en el segmento norte de nuestra región, sienten escalofríos cada vez que oyen la palabra manchego. Editada en Ciudad Real, por iniciativa de Isaac Antonio Vicente, el primer número apareció el 7 de marzo de 1912 y el último el 10 de julio de 1920, en que desapareció como revista para dar paso a un periódico diario dirigido por Enrique Pérez Pastor.
Esta fue una de las publicaciones más importantes surgidas en el ámbito regional antes de la guerra civil, destacando sobre todo por su importante aportación gráfica, ya que publicó cientos de fotografías en blanco y negro, tanto de actos sociales y políticos como de fiestas, costumbres, monumentos, etc.
El corresponsal en Cuenca fue César
Huerta, que aportó no sólo textos sino también imágenes, aprovechando la
posibilidad de que la técnica de impresión, en papel satinado y formato revista
permitía la incorporación de grabados. Gracias a estas colaboraciones podemos
disponer de un amplio repertorio de imágenes de Cuenca en aquella época, que no
pudieron publicarse en los periódicos locales porque carecían del sistema de
reproducción de fotografías.
Al mismo César Huerta debemos, en
este título, un artículo en el que teoriza sobre los males y problemas de la
estructura informativa en nuestro ámbito, precisamente bajo el título “La
Prensa Regional”:
“La prensa es la fuera máxima
moderna. Creadora, transformadora, quietista o destructora se influjo es tan
grande que hasta sus mismos detractores lo reconocen”, comienza afirmando el
abogado-periodista, puesto en trance de justificar la importancia de un
segmento habitualmente vituperado y carente de suficientes elementos de apoyo,
sobre todo en el terreno económico y para ello elige la vía comparativa:
“Odian, por lo general, la prensa, los que viven de las sombras y del silencio.
Comarca sin periódico es voz sin eco. Los triunfos de Valencia, de Zaragoza, de
Sevilla y de cien puntos más, no hubieran llegado a ser tales sin la actitud
insistente y decidida de periódicos prestigiosos”, que se contradice con lo que
sucede en aquellas otras regiones que desprecian lo suyo, considerándolo de
ínfima categoría en relación con lo que llega de Madrid. Por ello, sentencia:
“Los Ayuntamientos, las Cajas rurales y los particulares deben proteger la
prensa de la región en primer término; ella es la que defiende contra el
absorbente centralismo a estas pobres tierras sin ventura; ella es la que se
ocupa de los problemas provinciales y municipales, que son la médula de la vida
pública; ella es la que ofrece, hospitalaria, sus columnas para cualquier
queja, que los grandes periódicos de Madrid sólo echan en los cestos de los
papeles inútiles”.
Referencias: José Narváez Fernández, “Vida Manchega, revista regional ilustrada (1912-1918). Apuntes para la historia del periodismo”. Ciudad Real, 1977. Cuadernos de Estudios Manchegos, 7.
