1. EL CORREO
DE CUENCA (1855)
A Fermín Caballero debemos la noticia de este periódico conquense, tan efímero como los que le habían precedido. Apareció en 1855 y llevó el título de El Correo de Cuenca y con él se implantó una modalidad, hasta entonces inédita, pero que luego ha tenido diversos ejemplos y variantes: "Era una secuela o sucursal del Correo Universal de Madrid, cuyos números se enviaban a provincias con tres planas impresas, dejando la cuarta en blanco, para que se llenase e imprimiese en la capital respectiva, con el título y con las noticias de la localidad. Por celeridad que hubiese en estas confecciones, no era dable mantener el interés del momento, máxime en un periódico especialmente dedicado a negocios y asuntos mercantiles, tan escasos en esta tierra". Caballero dixit. Y no le faltaba razón. La imprenta local fue la de Mariana y sólo se publicó durante los meses de enero y febrero de aquel año.
Referencias: Fermín
Caballero, La imprenta en Cuenca. Madrid, 1869; p.
109.
2. EL CORREO CONQUENSE (1995-1999)
El 19 de junio de 1995 aparece el número cero de El Correo Conquense, nuevo intento del PSOE por penetrar en el mundo de la información.
Flácido,
desvaído, incoloro (a pesar del colorín) e indefinido, escribí en mi diario
tras ojearlo. Y hecho por aficionados, añado hoy. La fecha de salida había sido
elegida en función del nuevo Ayuntamiento que había tomado posesión el sábado
anterior, día 17. ¡Y se les olvidó enviar al fotógrafo! Luego se les olvidó
también otras cosas que forman parte intrínseca de la información. Y así, entre
olvido y olvido (interesados) ha discurrido su vida, hasta que agonizó
amargamente el 20 de agosto de 1999, tras una resistencia numantina de 223
números publicados, sin aportar nada a un mejor conocimiento de la vida
provincial.
La empresa (?) Edicuenca presidida por Gregorio Villamil de las
Heras con Constantino Contreras Díaz como gerente, tenía una más que escueta
redacción formada por José Marín Musso, María Llanos Cerrillo Higueras y Amparo
López Delgado, cuya única labor reconocible consistía en teclear notas
oficiales, como solitaria fórmula "informativa" corriendo el grueso
de los comentarios a cargo de un personaje tan conocido como Ismael Medina,
además de las cartas semanales de María del Mar Abellán, ambos en la más
diáfana línea fascistoide.