DIARIO DE CUENCA / OFENSIVA

 



Ofensiva, núm. 1, 04-06-1942. Colección Centro de Estudios de Castilla-La Mancha

Al término de la guerra civil, Cuenca conoció dos periódicos de corta vida, Cara al Sol y Unidad que, al desaparecer, dejaron a la ciudad sin ningún medio informativo impreso, situación que se prolongó durante tres años, hasta que el 4 de junio de 1942 apareció el primer número de Ofensiva. Lo editaba la Jefatura Provincial del Movimiento, tenía ocho páginas dedicadas casi exclusivamente a la información de Cuenca y ningún artículo llevaba firma.

En efecto, entre ese mes de junio de 1939 y el mismo de 1942 hay un espacio de tres años en que Cuenca careció por completo de información impresa, salvo que se le quiera dar ese carácter a una página diaria que incorporaba en su número habitual el diario Pueblo, de Madrid. En esa situación, la nuestra era la única provincia española sin prensa propia y ello justifica la constante preocupación por cubrir ese hueco con un periódico capaz de reanudar la dilatada historia ya existente.

Por vías indirectas –si hay documentación concreta debe estar en algún recóndito archivo de la época- sabemos que la idea se gestó y promovió desde la Jefatura Provincial del Movimiento y que “en el mes de mayo de 1942 se logró la autorización necesaria para la publicación del bisemanario Ofensiva”, bautizado así por quien entonces era director general de Prensa, Juan Aparicio, uno de los pesos pesados del género periodístico durante el primer franquismo. El entonces Jefe Provincial del Movimiento, Vicente Navarro, debe aparecer como responsable principal de aquel logro y suya también la decisión de nombrar director a Vicente Enrique Chávarri Peñalver. La edición del periódico, o sea, su financiación, corría a cargo de la Jefatura provincial del Movimiento y, por tanto, era un medio autónomo, cuya orientación procedía exclusivamente de la autoridad provincial.

Ofensiva vio la luz el 4 de junio de 1942, jueves, día de Corpus Christi. Recibió, según la costumbre belicista de la época, un título combativo, acompañado de una definición ideológico-temporal: “Bisemanario nacional-sindicalista”, junto con el inevitable símbolo falangista (las cinco flechas sujetas con el haz), con periodicidad en jueves y domingos. El subtítulo fue cambiado en 1946 por el de “Órgano de FET y de las JONS” y la periodicidad aumentó en marzo de 1952 para ser trisemanario, apareciendo también los lunes, sin duda para adecuarse al creciente interés suscitado en el país por los deportes.

La declaración de intenciones que figura en el editorial de ese primer número, abriendo la primera página a una columna, no puede ser más expresiva. Bajo el título “Acción disciplinada”, el autor del texto empieza afirmando, sin paliativos, que “Ofensiva pertenece a las escuadras activas, en Movimiento, de la Falange de Cuenca” y esa afirmación se reafirma de manera rotunda en el texto que la sigue: “Venimos, fieles al título que, como airón de guerra, de nuestra cabecera, ostentamos, a ofender. A hendir con las saetas de nuestras flechas yugadas todos los flancos y el frente todo de los que acampen en torno a nuestro castro. En son de guerra porque nosotros podemos y queremos ofender, hacemos hoy acto de presencia en todas las plazas de los pueblos de esta provincia, dejando izada la bandera inabatida que lleva yugo y flechas. El yugo de la labor y el poderío de las flechas. La acción disciplinada”. El redactor de ese texto editorial no se había enterado todavía del fin de la guerra civil y pensaba que aún era preciso prolongarla.

El contenido de aquel primer número se abría con fotos y palabras del Caudillo Franco y el fundador de Falange, José Antonio Primo de Rivera; artículos firmados por el ya citado Jefe Provincial, Vicente Navarro y el gobernador civil de la provincia, Ignacio Dívar[1]; la traducción castellana del Tantum ergo, sin duda como concesión a la festividad del día; informaciones de la novena a la Virgen de la Luz y de la División Azul; una esquela sobre la muerte de Pepito Echavarría Ramos; noticia de la muerte de Cenobio Peñalver, en Mota del Cuervo y otras informaciones de la provincia; la Horas de Mangana, sección de comentarios locales; Hoy hace años, comentario de Julio Larrañaga sobre efemérides del día; apartado dedicado a la cultura y el deporte; un amplio repertorio propagandístico de las obras impulsadas por el régimen: Seguro de Enfermedad, Escuela de Trabajo, etc.; Vida religiosa y, en fin, otras notas correspondientes todas a actividad oficial y religiosa, pues esos son los dos ejes sobre los que se articula en sus primeras semanas el periódico que acaba de nacer.

El taller de impresión era de auténtica artesanía manual; todo el texto se componía letra a letra, tanto la caja baja como la alta. La única máquina disponible era una rudimentaria plana para la impresión de las páginas ya elaboradas. Comenzó publicándose dos días a la semana, jueves y domingos. Todos los artículos aparecían sin firma que pueda identificarlos.

En su primera etapa el periódico estuvo signado por una angustiosa precariedad de medios: una vieja linotipia, rescatada de un pajar donde alguien la había arrojado en aquellos tiempos de confusión, pensando quizá que ya nunca más serviría para nada y cuyos caracteres se imprimían temblorosos sobre el plomo, una no menos vieja máquina rotoplana y una caja de tipos heredada de la anterior imprenta. Escasos mimbres técnicos y no menos los personales, donde primaba el voluntarismo sobre la profesionalidad. Innecesario hablar de una “plantilla” al uso habitual concedido a este término en el terreno laboral.

No menos complicada debió ser la gestión económica, por más que de este apartado no haya llegado hasta nosotros ni un solo dato. Ya hemos citado que la iniciativa de editar el periódico había correspondido a la Jefatura Provincial del Movimiento de Cuenca, sin tener para ello ningún tipo de respaldo superior. No sabemos, por tanto, cómo se hacían los pagos de todo lo inherente a una empresa (desde el personal hasta el papel) ni los cobros, puesto que el periódico se vendía y tenía suscriptores. Esa etapa permanecerá en la oscuridad, hasta que años más tarde se produjo la integración de la cabecera en la denominada Prensa del Movimiento y, con ella, la profesionalización de la gestión, en todos los órdenes.

En el mismo territorio nebuloso se mantiene el conocimiento sobre cómo se organizaba la información y quienes llevaban a cabo los diversos trabajos de redacción, puesto que el periódico es, durante los primeros meses, totalmente anónimo. Ni siquiera aparece en la cabecera el nombre de su responsable, que conocemos por otros medios. Sí sabemos quienes se repartieron esos trabajos sin firma, porque sus nombres aparecen citados en un artículo recordatorio publicado en un número extraordinario, el 1.000: “Entre muchos se hizo Ofensiva en un principio: Chávarri, Gallardo, Mariano Echavarría, Garay, Larrañaga, Brieva, O’Kelly, Benítez, Valiente, Navarro, Enrique y Miguel de la Hoz –éste desde Rusia-, Lozoya, Muelas, Martínez Bueno, Menéndez, Chirveches, Anselmo Sanz, etc.

Durante el primer año, colaboraron dos escritoras: “Doña Sancha” –esposa de Enrique de la Hoz- redactora de la sección femenina del periódico titulado “Para vosotras” y Amparito Saint-Aubin, cronista desde Madrid, luego esposa de Leonardo Martínez Bueno. Durante el primer año del bisemanario, colaboraron asiduamente también Antonio Algarra, Luis García Royo –ahora magistrado y juez de Bilbao-, Joaquín Benítez y “Se-man-al”, o sea D. Juan García Plaza de San Luis”[2].

En cuanto al contenido informativo estaba marcado, como la práctica totalidad de la prensa española de la época, por un sentido doctrinario emanado desde la propia estructura política del régimen vencedor en la guerra civil, para el que los periódicos eran, más allá de su posible utilidad informativa, el vehículo más adecuado para influir en la población, a la que se hacía llegar un mensaje sesgado, siempre triunfalista, sobre las virtudes del sistema, con abundancia de epítetos denigratorios hacia los vencidos. En un segundo lugar quedaba el apartado estrictamente dedicado a la información, igualmente condicionada por el sentido positivista que debía tener, en el que no había lugar para la crítica desde ningún punto de vista.

En octubre de 1944, el propio periódico informaba que “días pasados y en la Jefatura Provincial del Movimiento, se celebró una importante reunión (…)  en la que se trató de la transformación de nuestro bisemanario Ofensiva en diario y de la aportación con que las diferentes entidades contribuirán para que nuestra provincia pueda tener, como todas las demás de España, un órgano periodístico diario”.

Dirigido en los inicios por Vicente Enrique Chávarri Peñalver, sustituido en seguida por Enrique Álvarez Chirveches, el periódico quedó profesionalmente estabilizado al hacerse cargo de él, a finales de 1944, José Luis Colina quien, pese a la brevedad de su mandato, introdujo una moderna definición periodística, como se comenta en el propio periódico al recordar su paso por él: “Colina, joven periodista procedente del diario Levante imprimió a nuestro bisemanario un sello de modernización, cuidando en especial la información gráfica, los titulares y la confección. Con él trabajaron como redactores Enrique Álvarez Chirveches, Francisco Carralero y Miguel M. de la Hoz. Sin embargo, a los cuatro meses Colina fue trasladado a Radio Nacional de España en Madrid, quedando como director durante un breve periodo de tiempo “el camarada Santallana”, sustituido de inmediato por Adolfo Luján Falcón, también periodista profesional, procedente de la revista Primer Plano, a quien hay que valorar como el responsable de transformar en periódico de información general lo que había nacido para ser elemento de propaganda y adoctrinamiento político.

A partir de ese momento podemos considerar que Ofensiva empieza a ser un periódico “de verdad”, sin que esta afirmación quiera introducir, en modo alguno, una impresión vejatoria para quienes hasta entonces habían llevado a cabo la heroicidad de publicarlo.

Por el contrario, comparto en su integridad un comentario que, con la distancia derivada del tiempo transcurrido, nos puede ayudar a comprender la importancia del esfuerzo realizado entonces para que Cuenca pudiera volver a contar con un periódico. Lo escribió Antonio Herrera García en su fundamental libro Hemeroteca Conquense, editado en 1969:

“Los primeros números de Ofensiva, a pesar de los fallos comunes a todos los comienzos, los defectos propios de la falta de experiencia y la pobreza de medios materiales, hacen resaltar una circunstancia realmente simpática: el ingenuo entusiasmo de sus fundadores por lograr la consolidación de un periódico local, reuniendo para ello todos los elementos conquenses que consideraban más idóneos para el fin en cuestión: así, junto a las noticias de la crisis bélica europea y de la vida internacional y nacional, escribe el cronista de la vida política, social o artística de la ciudad o su región, el crítico deportivo, el articulista que trata recuerdos del pasado conquense o las bellezas y monumentos regionales, el redactor que busca la entrevista con el personaje del momento, la página semanal dedicada a la mujer, etc. Si a la labor positiva de aquellos hombres unimos el que en estos primeros tiempos del periódico el teletipo que hoy conocemos era aquí un desideratum que tenía mucho de ilusión soñada y que era la época de la escasez de papel y de fluido eléctrico, el afán de los fundadores de Ofensiva alcanza la categoría de noble empeño en el que hay que poner mucho tesón para no desanimar y abandonar la empresa”.

Justas palabras de reconocimiento que, al cabo del tiempo, lejanas ya las circunstancias que propiciaron su nacimiento, pueden reproducirse aquí en recuerdo de quienes pusieron en marcha aquel entrañable bisemanario.



[1] En los inicios del régimen franquista, ambos cargos estaban diferenciados. Luego, como sabemos, se unificaron y la misma persona era a la vez Gobernador Civil y Jefe Provincial del Movimiento.

[2] Ofensiva, 31-12-1951, número 1.000, pág. 54.