BOLETÍN OFICIAL DEL OBISPADO DE CUENCA

 


Clementino Sanz, en la relación bibliográfica que publicó en Diario de Cuenca afirma: "Lo fundó en 1854 el canónigo penitenciario don Lorenzo Martínez y Sanz, que fue su primer director, siendo obispo don Fermín Sánchez Artesero. Se comenzó a publicar en diferentes tamaños, ese año 1854, siendo sus siguientes directores don Trifón Muñoz y Soliva y don Crisanto Escudero. En 1859 lo tiraba semanalmente la imprenta de Gómez con ocho páginas en cuarto; lo redactaban los profesores del seminario y costaba la suscripción 800 milésimas de escudo al trimestre. Ha sufrido altibajos en su publicación".

Completaré esos datos. El primer número apareció el 4 de julio de 1854 con el título de Boletín eclesiástico del obispado de Cuenca. La dirección efectiva del Boletín ha correspondido siempre al obispo de la diócesis que, según el carácter de cada caso, ha asumido con mayor o menor energía la responsabilidad de la edición o la ha delegado en algún canónigo, que es lo que resulta más habitual.

En la fecha citada, el Obispado consideró que la iniciativa civil poniendo en marcha un periódico oficial había sido buena y decidió incorporarse a la marcha imparable de la prensa. En realidad, ya se habían producido otros ejemplos similares en diócesis españolas, pero ese es el momento en que comienza la edición del Boletín Oficial Eclesiástico (conocido hoy como Boletín Oficial del Obispado (cuestión de matices) y contenidos, permanece hasta hoy. Al primer director siguió (y dio notable impulso) el dinámico y polifacético canónigo Trifón Muñoz y Soliva y a lo largo del tiempo ha ido evolucionando su periodicidad e incluso los contenidos, para amoldarse a las circunstancias. A lo largo de sus ya miles de páginas pueden encontrarse pastorales, ceremonias, cultos, reseñas de actos, informaciones relativas a la actividad eclesiástica, nombramientos, noticias económicas, capellanías, visitas pastorales, misiones apostólicas y populares y también referencias sobre sucesos de la vida cotidiana en las parroquias, como robos, fiestas, necrológicas, etc.

A lo largo de su historia se ha impreso en diferentes tamaños y número de páginas, si bien las dimensiones predominantes han sido de 16x24 centímetros. Caballero señala que tenía una periodicidad semanal, primero los sábados y luego los jueves y era redactado por catedráticos y profesores del seminario. El precio era de 800 milésimas de escudo por trimestre. Durante muchos años la impresión estuvo a cargo de los talleres de Francisco Gómez, luego la Viuda e Hijos de Gómez y más adelante en Gómez Madina. Tras esta saga, pasó a la imprenta de Antonio Carrasco y en los años 20, a la de Celedonio León, de donde pasó en agosto de 1922 a la que asumió el título de Imprenta del Seminario, aunque no estaba instalada en el edificio de La Merced y que en 1931 cambió su nombre por el de Imprenta Moderna.

Como filial surgió La Verdad, suplemento semanal del Boletín, consagrado a “la discusión de doctrinas católicas y sociales”, entre el 25 de agosto de 1871 y el 29 de junio de 1872.

Suspendida la publicación en 1936 se reanudó en 1939 con el rutinario contenido ya conocido, del que salió al incorporarse al gobierno de la diócesis el obispo José Guerra Campos (1973-1996), que utilizó las páginas del Boletín para introducir en ellas multitud de artículos en los que, bajo un tinte de ortodoxia católica, deslizó toda una batería de conceptos contra la Democracia y la incipiente Constitución que se estaba redactando, sin eludir constantes censuras hacia la figura del rey, cuya intervención reclamaba para poner coto a todas las novedades que el nuevo régimen estaba incorporando, incluyendo el reconocimiento de los partidos políticos, el divorcio, el aborto y cuestiones similares. De esa forma, el humilde Boletín del Obispado de Cuenca se convirtió en un bestseller cuya aparición era esperaba ávidamente por el resto de la prensa española, que en esas páginas encontró abundante material para la polémica.

En la actualidad se publican tres números al año: uno en el periodo enero-abril, otro el de mayo-agosto y el tercero de septiembre-diciembre.

Referencias: Fermín Caballero, La imprenta en Cuenca. Madrid, 1869; Imprenta de El Eco; pp. 109.