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Almud, número 3, 1980 |
Revista de periodicidad indefinida, en lo que vino a ser un primer y voluntarioso intento de crear conciencia autonómica a través de una serie de artículos especializados que abarcaban variados temas, generalmente vinculados con la historia, la cultura y la sociología. La publicación se inició en el año 1979. La empresa editora, Iniciativas Culturales Manchegas, tuvo su sede en Ciudad Real, con un Consejo de Administración integrado por J.L Barragán, E. Chaves, L. Rodríguez Ruiz, G. Sánchez Wolff, J.M. Sánchez Wolff y J. Sáchez Amoraga, mientras que en el Consejo de Redacción sí que se encuentran otros nombres mucho más conocidos, vinculados a la izquierda regional, José María Barreda Fontes, Luis de Cañigral Cortés, Clementina Díez de Baldeón, Miguel Jiménez Monteserín, Jerónimo López Salazar, Jesús Rivero Laguna, José Rivero Serrano, Vicente Romero Cárdenas, Ricardo Sánchez Candelas e Isidro Sánchez Sánchez, figurando como director Alfonso González-Calero García, en la que fue su primera incursión en un terreno en el que luego ha insistido con otras iniciativas del mismo signo.
Aunque el objetivo principal era la
investigación y difusión de materias de contenido histórico, entró también en
otros terrenos como la Economía y la Sociología e incluso realizó algunas
incursiones en el sector literario. Todo ello con el propósito de intentar
abarcar cuestiones referidas a las cinco provincias de la recién nacida
Comunidad Autónoma. Como corresponde
a publicaciones planteadas con estos objetivos, el contenido es
extraordinariamente variado además de irregular, porque la dimensión regional
se manifiesta, en realidad, mediante una acumulación de trabajos de perspectiva
provincial o incluso local, lo que se traduce en un evidente desequilibrio
según la disponibilidad de colaboradores en cada punto del territorio.
La revista, con unas dimensiones de 17x24,5 cms. y
más de 200 páginas en cada número, ofrece una tipografía muy modesta, impresa
en blanco y negro y con escaso número de ilustraciones, aunque experimentó una
cierta mejoría estética a partir del número 4 en el que, por cierto, los
promotores insinúan ya la aparición de algún problema, de tipo económico,
naturalmente. En efecto, en el comentario editorial se advierte que la revista
solo dispone de dos fuentes de ingreso: el capital inicial aportado por los accionistas
y las suscripciones, pero el primero ya se ha agotado, por lo que solo queda el
segundo como única vía de financiación, ya que no existe nada de publicidad,
por lo que se han pedido subvenciones y ayudas a los organismos provinciales y
regionales que, huelga decirlo, no acudieron a la llamada. La excepción aparece
en el número 7-8, editado en 1983, en que consta una subvención de la
Diputación de Ciudad Real, aportación agónica que no impidió que esa fuera la
última aparición de la revista.
La presencia de Cuenca, en los ocho números
publicados, fue estudiada en los siguientes trabajos:
Dimas Pérez Ramírez. “Brujería e Inquisición en
Cuenca, siglo XVIII” (número 2, pp. 131-145)
Sara T. Nalle, “Desde el olvido a la fama: el culto
a san Julián en los siglos XVI y XVII” (número 3, pp.147-166)
“Organeros en la diócesis de Cuenca en los siglos
XVI-XVIII (número 4, pp. 143-164)
“Notas para el estudio del molino hidráulico en
Cuenca (177-1300)”, Santiago Aguadé Nieto (número 5, pp. 45-78)
“Situación cultural en Cuenca”, José Luis Muñoz
(núms. 7-8, pp. 19-26)
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