El Teatro-Auditorio se construyó en el hueco dejado por la antigua cantera existente desde el siglo XIX en la falda del Cerro del Socorro, junto al río Huécar (Foto José Luis Muñoz) |
El 6 de abril de 1994 se inauguró el Teatro-Auditorio de Cuenca, la infraestructura cultural más importante (y costosa) jamás desarrollado en la ciudad y llamado a ser un punto de referencia ineludible en el nuevo horizonte que se planteaba en el conjunto de la provincia, hasta entonces marcada por una total penuria en cuanto a instalaciones adecuadas para el desarrollo de actividades como la música, el teatro o la danza, los tres pilares básicos que soportan el funcionamiento de cualquier institución de este tipo.
El planteamiento era tan ambicioso
(en realidad, solo realista), que suscitó, como suele ocurrir en estos casos, el
comentario de que “es demasiado para Cuenca” sin que faltaran las dudas en la propia
institución receptora del edificio, el Ayuntamiento de Cuenca, sobre su
capacidad para poder mantenerlo abierto y con una programación estable durante
todo el año.
La idea para implantar en Cuenca un Auditorio de Música (ese fue su carácter inicial) corresponde al flamante ministerio de Cultura surgido con la recuperación de la democracia, que asumió de inmediato la situación de penuria, repetidamente denunciada por los sectores culturales del país, en que se encontraban las formaciones musicales, especialmente las orquesta, para poder encontrar espacios adecuados en que actuar con solvencia. De esa manera, el ministerio proyectó un Plan Nacional de Auditorios, que se construirían con financiación pública estatal, fijando uno por cada Comunidad Autónoma y así se construyeron los primeros: Madrid, Valencia y Granada. El plan fue diseñado una vez que el PSOE se consolidó en las tareas de gobierno, y comenzó a ejecutarse en 1988 siendo ministro de Cultura Javier Solana y director general Juan Manuel Garrido Guzmán.
El cuarto Auditorio fue el señalado
para Castilla-La Mancha, que por la destacada influencia del ministro Virgilio
Zapatero fue adjudicado a Cuenca, como pilar básico de lo que debería ser la
configuración de una Ciudad para la Música. El proyecto fue encargado al arquitecto José
María García de Paredes, un prestigioso especialista con amplia experiencia en
este tipo de construcciones, autor de los tres auditorios anteriores, ya
señalados.
En
principio, el coste de la obra se calculó en 400 millones de pesetas, que ponto
hubo que elevar, con una aportación distribuida en tres partes: una el Estado,
otra la Comunidad Autónoma y la tercera a partes iguales entre Diputación y
Ayuntamiento. Las obras fueron adjudicadas a la empresa MZOV, entre nueve
concursantes (las más importantes compañías españolas de obras públicas y
construcciones), cuya propuesta económica, 652 millones de pesetas, fue la más
favorable de todas. Y, al fin, después de una espera tan larga como llena de
momentos de inquietud, el 1 de febrero de 1988 pudo llevarse a cabo el
replanteo de la obra y el 16 de abril se puso la primera piedra de la
construcción, acto al que asistieron las autoridades responsables de las cuatro
instituciones implicadas en el proyecto. La obra, que debería haber concluido
en un plazo razonable, sufrió un parón a causa de las restricciones
presupuestarias impuestas en uno de los habituales momentos de recesión de la
economía española, hecho que provocó un estado de alarma, debidamente aireado por
la prensa que finalmente fue superado con la noticia tan esperada por los
conquenses de que el ministerio había decidido mantener una aportación de 120
millones para poder culminar las obras. Mientras, falleció el arquitecto García
de Paredes, por lo que el nuevo proyecto técnico de
terminación, ampliación y accesos del Teatro sobre el río Huécar, fue firmado
por la su hija, Ángela García de Paredes y su yerno, Ignacio García Pedrosa,
con presupuesto de
En el transcurso de los trabajos se introdujo una importantísima modificación en el espacio escénico, para aportar la infraestructura necesaria que hiciera factible la representación de espectáculos teatrales y de danza, eliminando así el carácter exclusivo inicial de auditorio musical, lo que explica el cambio de denominación desde el que en principio tuvo (y con el que todavía sigue siendo citado por muchos conquenses) hasta el definitivo y vigente, Teatro-Auditorio de Cuenca, inaugurado el 6 de abril de 1994, en presencia de la reina de España, doña Sofía.
Referencias: José Luis Muñoz, “Un día como hoy, hace 25 años”. La Tribuna de Cuenca, 06-04-2019, p. 5