Sala Segóbriga, en el Museo de Cuenca [Foto José Luis Muñoz] |
He aquí una más de la inacabable serie de historias desdichadas que acongojan el ánimo de quienes quisieran vivir en una ciudad cómoda, progresista, amable y con verdadera vocación por la cultura, más allá de la palabrería vana del sector político al comprobar, un año tras otro, como parece imposible llevar a cabo algo aparentemente de cierta sencillez, como es la ampliación de una instalación museística, que solo precisa el trámite de comunicar el edificio ya existente con el colindante, vacío. Pero en Cuenca todo es extraordinariamente complicado y lento. Pero antes de llegar al tramo final de la historia conviene empezarla por el principio e incluso antes, porque hay también una prehistoria.
El objetivo de dar forma a un Museo
Arqueológico Provincial era el de ofrecer un resumen de la historia de Cuenca,
a través de los restos arqueológicos hallados en los diversos yacimientos de la
Provincia, desde los más remotos tiempos. Existía ya un precedente local, el
Museo de Valeria, formado por iniciativa del Ayuntamiento de esta localidad y
de su alcalde, Francisco Suay, a quien se debe considerar con toda justicia
como el precursor de la investigación arqueológica moderna en Cuenca. El paso
siguiente fue trasladar aquel pequeño y delicado museo local a una instalación
más estable, en la capital de la provincia, donde podría ser ampliado con los
objetos conseguidos en los ya numerosos yacimientos arqueológicos que se
estaban estudiando.
El
21 de julio de 1962 se procedió a bendecir por el sacerdote Francisco Ulpiano, las
primitivas instalaciones del Museo Arqueológico de Cuenca, instalado en el
edificio El Almudí, propiedad del Ayuntamiento de Cuenca, ceremonia en la que
estuvieron presentes las primeras autoridades provinciales y locales. En esos
momentos, el Museo constaba de cuatro salas en las que se exponían todos los
objetos arqueológicos localizados hasta entonces en los diferentes yacimientos
de la provincia, junto con unos paneles explicativos del contenido de cada
vitrina.
La dotación inicial se formó con el contenido del
mismo Museo local de Valeria, que se trasladó íntegramente a Cuenca, con la
plena conformidad del Ayuntamiento valeriense, consciente de las dificultades
que suponía mantener aquella inicial instalación museística y custodiar los
tesoros que contiene. El Museo nace oficialmente según Decreto
1824/1963, de 4 de julio (BOE de 26 de julio), del Ministerio de Educación
Nacional, bajo la supervisión de la Dirección General de Bellas Artes con el
nombre de Museo Provincial de Bellas Artes de Cuenca, en régimen de Patronato
con las Administraciones locales. Se nombra director a Martín Almagro Basch,
que lo era del Museo Arqueológico Nacional y conservador a Francisco Suay y
quedó instalado, inicialmente, en El Almudí, donde ya existía con el título de
Museo Arqueológico.
El pleno municipal del Ayuntamiento de Cuenca celebrado el 15-10-1969 acordó
ceder al Estado las casas números 10 y 12 de la calle Obispo Valero para la
instalación del Museo Arqueológico Provincial. Previamente se había acordado un
cambio de calificación ya que la casa número 10 estaba destinada a Museo
Municipal.
(Página
en construcción. Texto definitivo próximamente)