MUJERES EN DIRECCIÓN


Equipo de gestión del Festival, en 2011

Aunque en diversas ocasiones se había intentado en Cuenca dar forma a un festival de cine y de hecho se habían barajado algunas posibilidades, de manera inesperada y sin previo aviso, el 31 de marzo de 2006, el alcalde Cuenca, José Manuel Martínez Cenzano, anunció la inminente llegada de uno del que no se había hablado nunca y que parecía destinado en principio a tener mejor suerte que los demás intentos, gracias al tema elegido: la mujer, lo que de inmediato garantizaba la disponibilidad de dinero abundante, procedente de la Junta de Comunidades por dos vías, la consejería de Cultura y el Instituto de la Mujer. Para llevar adelante la propuesta, el Ayuntamiento había contactado con la actriz Marta Belaustegui, vinculada a Cuenca. El presupuesto inicial barajado hablaba de 120.000 euros, aunque a la hora de la verdad había cambiado el principal organismo financiador que ahora pasaba a ser el Consorcio de la Ciudad de Cuenca.

Los trabajos preparatorios avanzaron rápidamente y en noviembre nacía la I edición del Festival Mujeres en Dirección, aunque no se le había dotado de una estructura propia ni sede operativa, adjudicándose la gestión a la Fundación de Cultura Ciudad de Cuenca. En esa dependencia se encuentra una de las razones esenciales del fracaso final de la propuesta, que nunca llegó a tener personalidad propia ni alcanzó el grado de independencia necesario para un adecuado desarrollo.

El festival se estructuró en varias secciones, destacando la “Oficial”, con películas en competición cuyo fallo habría de decidir un jurado popular. Hubo además una Sección de documentales “Valor humano”, otra de Cortometrajes, una sesión sesión dedicada a “Cine y Pintura”, otra a “Cine y Música” y tres proyecciones fuera de concurso, esquema que, con ligeras variantes, se repitió en las cinco ediciones celebradas.

El contenido del festival nunca mereció una valoración decidida en el sector, de lo que es buena prueba el escasísimo eco alcanzado en las revistas especializadas y ni siquiera el reconocimiento oficial del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA), por lo que nunca se pudo contar con la colaboración económica del ministerio de Cultura, entre otros motivos porque el festival incumplió la condición básica para estas ayudas: tener un efectivo control de taquilla y, por tanto, de espectadores. Para atraer público, se renunció en la práctica a percibir cualquier cosa parecida a venta de entradas, regalándolas a diestro y siniestro a lo que se añadió el grave error de empeñarse en realizar la sesión de clausura en el Teatro-Auditorio, el lugar menos adecuado para hacer cine.

De esta manera se produjo una quiebra que al final resultaría una condición insuperable. Por un lado, la calidad de la programación ofrecía unos niveles muy satisfactorios, a pesar de que la temática no consiguió calar con fuerza entre los aficionados más allá del feminismo militante. Por otro, no existió en ningún momento un soporte operativo y económico que pudiera garantizar la permanencia de la actividad, sujeta en todo momento al albur de las indecisiones políticas de cada momento.

El proyecto quebró en 2012, a causa de la crisis, que fue aprovechada por las instituciones controladas por el PP (Junta, Diputación y Consorcio) para retirar hasta el último céntimo del poco dinero que aportaban, dejando solo al Ayuntamiento, incapaz de sostener por sí solo el festival.