En 1961 aparecieron en el panorama cinematográfico y cultural conquense las tituladas Jornadas de Orientación Cinematográfica, promovidas por un grupo de aficionados cuyos nombres nunca fueron debidamente ensalzados. La organización aparecía englobada en una “Cátedra de Cultura y Arte de
La actividad se puso en marcha, de manera totalmente
artesanal, sin que haya datos sobre cómo se financiaba. Días antes de su inicio
salía a la palestra el concejal de Festejos del Ayuntamiento de Cuenca, Rafael
Araque, atribuyendo a iniciativa municipal la notable propuesta pero cuando
llegó efectivamente la hora no apareció para nada mención alguna referida a tal
patrocinio.
El ciclo se abrió el día 31 de agosto con una conferencia denominada “El cine y el público” (no sabemos quien la pronunció) y la proyección de un documental sobre Cuenca, cuyo título igualmente permanece ignorado. El día 1 de septiembre se proyectó El general della Rovere, de Roberto Rossellini (por cierto que en la información periodística la obra se atribuye a Vittorio de Sica); el 2, El puente, de Bernard Wicki y el 3, El séptimo sello, de Ingmar Bergman.
Al año siguiente,
también en fechas similares, llegaron la II Jornadas organizadas con un
planteamiento mucho más ambicioso, como apuntaba en comentario previo el
habitual cronista de esa época, Antonio L. Collado, al señalar en el periódico
local que a diferencia de lo ocurrido el año anterior, en que había primado la
preocupación por la temática de las películas, “en las presentes jornadas la selección de las películas se ha hecho
teniendo en cuenta primordialmente los elementos artísticos, puramente
cinematográficos”, y que se abrieron el 28 de agosto con Viaje en globo, de Albert Lamorisse, una
propuesta bien diferente a la que siguió con El rostro, de Ingmar Bergman, presentada por el padre Muñoz
Hidalgo, asesor eclesiástico de TVE, como se encargaba de destacar en titulares
el periódico Ofensiva para que todo
el mundo estuviera bien advertido de que el mensaje del agnóstico director
sueco quedaría convenientemente aderezado por el comentario de la ortodoxia católica,
El día 31 se proyectó El
sabor de la violencia, de Robert Hossein y al siguiente, el primero de
septiembre, uno de los auténticos platos fuertes, Plácido, de Berlanga, aunque con la frustración para el público de
que el director, cuya presencia se había anunciado, no pudo desplazarse a
Cuenca para hacer la presentación de la película. Curiosamente, el periódico
conquense, que había publicado un caluroso comentario crítico (firmado por
A.L.C., Antonio L. Collado) sobre la película de Hossein, no dice ya ni una
sola palabra más sobre la conclusión de las Jornadas, ni siquiera en torno a la
importantísima película de Berlanga. Cosas periodísticas.
El asentamiento firme de las Jornadas llegó en la tercera
convocatoria, la de 1963, fijada para los días 20 al 24 de agosto y con un
planteamiento diferente a las dos citas anteriores, al ofrecer simultáneamente
dos ciclos diferenciados, uno dedicado al cine clásico y otro la contemporáneo.
En el programa elaborado para la ocasión, los organizadores consideran que “hemos aunado perfectamente las dos
finalidades que desde el principio habíamos establecido, la formativa y la
informativa. Todas ellas son películas que hay que conocer y para ello no basta
con verlas, hay que estudiarlas, que profundizar a través de una discusión o de
un coloquio, en su sentido más íntimo, en su intencionalidad”.
En este caso, el equipo organizador aparece claramente definido, continuando la Cátedra de Cultura y Arte como la organizadora, bajo el patrocinio del Ayuntamiento y la gestión directa de Antonio Lozano López, Julián Castellanos Hernández, Jesús Rodríguez Orozco, Vicente Alejandro Guillamón, José María Martínez Ruiz, Luis Calvo Cortijo, Julián Calvo González, Jesús Martínez Fernández, Germán Monedero Bermejo y Juan de la Cruz Castro. En el repertorio de obras clásicas hay títulos indiscutibles: Hombres de Arán (Robert J. Flaherty), El gabinete del Dr. Calígari (Robert Wienne), Tiempos modernos y Armas al hombro (Charles Chaplin), Tormenta sobre Mexico (Serge M. Eisenstein) y otros dos no tan claramente definidas, pese a su evidente importancia dentro del cine, pero en épocas más recientes, como Cantando bajo la lluvia (Gene Kelly y Stanley Donen) y María Candelaria (Emilio Fernández).
Donde no hay la menor
duda es en la importancia de los títulos seleccionados para el muestrario del
cine contemporáneo, selección que pone de relieve un auténtico atrevimiento por
parte de los programadores: La isla
desnuda (Kaneto Shindo), El año
pasado en Mariembad (Alain Resnais), Como
en un espejo (Ingmar Bergman), El
eclipse (Michelangelo Antonioni) y El
proceso (Orson Welles).
La programación se estructuró en dos sesiones, una a las 7,30 de la tarde, dedicada al cine clásico y otra a las 10,45 de la noche, para las películas modernas, precedidas de un cortometraje: El pez rojo, Playa insólita, La sangre, Chimichimito y El niño de los lentes verdes, respectivamente. Por cierto que las sesiones se ofrecieron “en el local del nuevo Cine Avenida, en la avenida de la República Argentina”
Como presentadores y directores de los coloquios acudieron a Cuenca varios nombres prestigiosos de la crítica especializada, eso sí, conviene señalar, todos ellos vinculados claramente a una orientación conservadora de inspiración cristiana: el padre José María Javierre, Mario T. Chao, José María Pérez Lozano, Fernando Moreno y Manuel Villegas López. Inspiración ideológica que se manifiesta en comentarios como el que cierra el texto que acompaña en el programa a El eclipse donde, tras aludir a la problemática que plantea el film, se concluye que “No basta tampoco con quedarnos impasibles ante tales problemas, pensando eso no ocurre a mi alrededor, en mi mundo. Un espectador cristiano y consciente de su cristianismo debe tomar conciencia de tales problemas y no solo evitar que surjan a su alrededor, sino buscarles soluciones y aplicarlas en la medida que le sea posible”, con lo que se da por sentado que todos los espectadores asistentes a las Jornadas comparten ese sentimiento de visión cristiana de la existencia.
No hubo Jornadas en el año 1964. Al reanudarse la IV edición, al año siguiente, en el repertorio de miembros de la Comisión Organizadora se aprecian tres bajas, las de Vicente Guillamón, Luis Calvo y Julián Calvo lo que nos hace presumir algún tipo de desavenencia interna en el grupo promotor. Sin embargo, la selección de títulos es impecable, señal evidente de que se mantenía el mismo rigor ya demostrado en las ocasiones anteriores. El programa volvió a ser estructurado con el mismo esquema de cortometraje y largometraje, con presentaciones a cargo de José María Pérez Lozano, Mario T. Chao, Antonio Giménez Rico, Vicente Alejandro Guillamón, Ángel Llorente Rodríguez y Fernando Moreno Viñuelas, lo que nos permite interpretar el mantenimiento de la línea ideológico-religiosa que había estado en vigor desde los orígenes. En cuanto a la organización práctica de la actividad, hay que señalar que se desarrolló mediante una única sesión, a la hora un tanto insólita de las 10,45 de la noche, en el Cine Avenida, suprimiéndose así la cita vespertina.
Casi por sorpresa, sin que hubiera en el periódico ningún anuncio o comentario previo, en agosto de 1966 llegaron las V Jornadas de Orientación Cinematográfica, pero adelantando la fecha a primeros de mes, cortando así la hasta entonces tradicional vinculación con los últimos días de agosto y primeros de septiembre. A esas alturas, comienzan a evidenciarse algunos problemas, tanto internos (cambios en el equipo de gestión), como externos (el dinero, siempre), con algunos comentarios críticos sobre el desinterés del público a la hora de los coloquios y algunas discrepancias sobre la calidad de las películas ofrecidas.
Tampoco hubo edición en 1968, paréntesis “impuesto por circunstancias de orden estrictamente económico”, se explica en la
introducción del programa de la siguiente edición, la VII, en el que,
curiosamente (y es muy significativo) ha desaparecido cualquier mención a los
patrocinadores oficiales que habían estado presentes desde el comienzo. En este
año, las sesiones se trasladaron al cine Alegría, algo quizá también muy
significativo, teniendo en cuenta el malestar de la jerarquía eclesiástica con
el contenido de algunos de los filmes programados anteriormente. Aunque los
organizadores pensaban presentar “un
programa que consideramos pleno de atractivos, por encima, quizá de nuestras
posibilidades reales” lo cierto es que la propuesta era claramente inferior
a la de años anteriores.
Volvieron las Jornadas
en 1970 para celebrar su VIII Edición, y en ella desaparece cualquier mención a
aquella misteriosa Cátedra de Cultura y Arte que figuraba como entidad
organizadora en los primeros años para dejar ya la responsabilidad absoluta y
exclusiva a quien realmente había sido durante todo este tiempo el alma y el
corazón de la actividad, Jesús Rodríguez Orozco, que figura en este caso como
editor del programa, aunque en la Comisión organizadora le siguen acompañando,
hasta el final, Antonio Lozano, Germán Monedero, José María Martínez y Jesús
Martínez. Con Polanski, Bellocchio, Olea, Schloendorf, Clouzot y Torre Nillson,
las Jornadas de Orientación Cinematográfica de Cuenca echaron el cierre,
después de haber cubierto en sus ocho ediciones un papel de considerable
importancia para la apertura de la ciudad a un cine de interés y calidad.
Referencias:
José
Luis Muñoz, Cuenca en las pantallas. Diccionario de Cine. Cuenca, 2021;
Cineclub Chaplin, pp. 121-122
