
El consejero Julián Sánchez Pingarrón presenta en 2008 el proyecto de la autovía que debería enlazar las ciudades de Albacete y Cuenca.
En noviembre de 2005, y en el ámbito de la habitual rueda de promesas etéreas que los políticos suelen desgranar en su tendencia a estar de campaña electoral permanente, el presidente de la Junta de Comunidades, José María Barreda y la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, anunciaron la inmediata ejecución de una conexión por autovía entre Cuenca y Albacete, mediante el trazado de una obra diferente a la carretera entonces denominada N-320. En una actitud condescendiente hacia ambas capitales, el anuncio incluía la noticia de que las obras empezarían simultáneamente por los dos extremos de la nueva autovía.
Las cosas parecían ir realmente en serio y
por ello dos años después, en octubre de 2007, la entonces denominada
consejería de Ordenación del Territorio dio a conocer un primer estudio
informativo sobre el trazado propuesto de la que ya se denominaba oficialmente
Autovía del Júcar a falta de que se le adjudicase una numeración, que
probablemente sería CM-44 o CM-46.
Con una longitud total de 128 kilómetros, el trazado seguiría prácticamente el mismo que la carretera N-320 (actualmente CM-220), con salida desde Cuenca en dirección a Arcas, término de Fuentes, Olmeda del Rey, Monteagudo de las Salinas, Solera de Gabaldón, Almodóvar del Pinar, Campillo de Altobuey, Motilla del Palancar, El Peral, Villanueva de la Jara y Quintanar del Rey, donde se produce la entrada ene la provincia de Albacete.
Tras un primer proyecto que tenía previsto construir una nueva autovía que iría de forma paralela a la carretera, finalmente este proyecto, licitado durante la legislatura del 2011 al 2015, fue cancelado, y en su lugar, el 9 de noviembre del año 2016 se tomó la decisión de duplicar la carretera autonómica CM-220 para ahorrar costes en la construcción.