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Entre el roquedo y el cañizar, la laguna de El Tobar ofrece una hermosa imagen [Foto José Luis Muñoz] |
La laguna de El Tobar fue
declarada refugio de caza por decisión del Consejo de Gobierno de Castilla‑
Originalmente se habló siempre
de dos lagunas, la Grande y la Pequeña, pero como resultado de un proceso
natural ambas han llegado a unirse para dar lugar en la práctica a una sola. Se
trata de una laguna de montaña, de tipo cárstico, distribuida en dos cubetas en
apariencia independientes, pero comunicadas entre sí; la grande tiene 12 metros
de profundidad y es de tipo holomíctico mientras que la denominada “del
cerebro” alcanza 19 metros y es de tipo meromíctico, con aguas profundas de
gran salinidad, tres veces superior a la del mar, sin que se haya podido llegar
a establecer la causa de este fenómeno, pues en superficie el agua es dulce.
El agua
de la laguna ofrece la peculiaridad de que en la superficie es dulce, pero a
unos veinte metros de profundidad resulta salada. El
complejo lagunar ocupa un amplio espacio enmarcado por potentes escarpes
rocosos en la vertiente norte. En este humedal invernan anátidas, en especial
el ánade real, habiéndose incluso localizado casos de nidificación del
zampullín chico y la aparición en invernada de especies muy raras en el centro
de la península, como es el caso del colimbo grande. También se encuentran
ejemplares de nutria. Muy llamativa es la presencia del nenúfar blanco, siendo
este uno de los pocos lugares de España en que puede contemplarse esta
formación vegetal, con frecuencia acompañada aquí de diferentes especies de
espigas de agua (myriophyllum y potamogeton). El espacio lagunar está
rodeado de carrizos, juncos y mimbreras, que forman un tupido manto vegetal en
torno a la superficie.
Los amigos de admirar paisajes,
sin necesidad de que éstos sean espectaculares, pueden seguir el consejo de un
conocedor de la zona, Joaquín Esteban Cava: “Verdaderamente es digno de contemplar el paisaje que se ofrece a los
ojos de los visitantes cuando se mira la vega en la que se encuentran
enclavadas las lagunas, especialmente si se hace desde el cerro de Marigarnica,
que cierra la vega por su lado oeste, y al que se puede acceder por la pista
que comunica ambas bocas del túnel que se construyó en los años sesenta para
traer las aguas del pantano de
Desde
Cabeza del Cepero se puede contemplar justo debajo la importante superficie
lagunar, de aguas de color azul celeste, en medio de un paisaje poblado de
encinas y pinos en las laderas de los montes que la circundan, de carrizos,
eneas y masiegas en sus laderas y de mimbre en las zonas fértiles de la vega” [Joaquín
Esteban Cava, El
Día de Cuenca,
05-09-2002, p. 25].
Bordeando
la laguna por una estrecha senda en la que hay varias fuentes naturales, se
llega al Prado Saz; en el paraje, las arcillas rojas del suelo abundan en
jacintos de Compostela, una variedad de cuarzo que cristaliza de manera muy
singular, en bipirámide hexagonal, por lo que es considerada como una piedra
semipreciosa. Desde este lugar, continuando camino, se alcanzan las torcas de
Lagunaseca.
Referencias: Miguel Álvarez Cobelas y Carmen Rojo García Morato: “La laguna de El Tobar; una joya de la Serranía”. Masegosa, Mansiegona, núm. 15; pp. 40—57.
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