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El pico de la Atalaya, en la Sierra de Altomira, excepcional punto de observación para toda la comarca circundante [Foto Guillermo de León, Turalia] |
Espolón montañoso que cruza la Alcarria, aproximadamente entre Huelves y Buendía, con alturas medias no muy elevadas pero que, por estar muy por encima de los niveles propios del manto alcarreño ofrecen oportunidades paisajísticas espectaculares, como ocurre en el pico de Altomira (1183 metros) o en el Atalaya (1172). El sistema orográfico cubre parcialmente las provincias de Guadalajara y Cuenca, abriéndose entre ellas como una cuña, adoptando una disposición similar a la de los meridianos terrestres, con origen al SO de Durón y término al S de Puebla de Almenara. El conjunto está formado por pliegues alargados salpicados de un amplio conglomerado cretácico de arenas, guijos, areniscas y pudingas que destacan en la estructura de los páramos terciarios del alto Tajo. Predominan las calizas dolomíticas y las margosas en un estilo jurásico, de pliegues apretados. Al norte de Garcinarro, la alineación es continua y al sur, se diversifica en varios ramales, con escasos cabalgamientos y abundantes pliegues encofrados, estando constituido cada ramal por uno o dos largos anticlinales. La vegeteción natural es muy pobre, con matorrales de plantas xerófitas en laderas y barrancos, mientras que en las cumbres de las sierras aparecen el pino carrasco y en las laderas, el encinar.
El sistema está integrado por
varias formaciones montañosas, como son, en el caso de Cuenca, las sierras de
Enmedio, Buendía y Garcinarro, además de la propiamente de Altomira, que da
nombre a todo el conjunto y que se caracteriza por poseer el punto culminante,
a 1.180,32 metros de altitud, donde hay situado un vértice geodésico, todo ello
en la región alcarreña. En esta zona, se producen varios cortes transversales
en forma de profundas gargantas tajadas por los ríos que cruzan las mencionadas
sierras, destacando especialmente, en la provincia de Cuenca, el Tajo y el
Guadiela, disposición natural que facilita el que se hayan podido construir
importantes embalses y saltos de agua, con finalidad hidroeléctrica. El sistema
continúa hacia el sur y el oeste, con las sierras de Vellisca, Paredes, Rozalén
y Saelices, donde se une con las de Huelves y Uclés y se prolonga, ya como un
apéndice, hasta llegar a la sierra de los Molinos, en Mota del Cuervo, donde en
la práctica desaparece. Separando estas formaciones montañosas discurren los
ríos, generalmente de escaso caudal, aunque algunos de ellos son capaces de
formar hoces y gargantas de cierta consideración, sobre todo en las
inmediaciones de Tajo y Guadiela.
El sistema montañoso que en
realidad es Altomira se orienta de norte a sur, quedando en el primer segmento
la zona más áspera y abrupta, en la que se encuentran las mayores altitudes
como los picos de San Sebastián (
La sierra de Altomira ha sido,
tradicionalmente, un espacio encerrado en sí mismo, con difíciles accesos,
propios sólo para buscadores de lugares recónditos. Sin embargo, a finales de
1999 el nombre y el lugar fueron sorpresivamente descubiertos para el mundo a
causa de que uno de los trazados del entonces presunto Tren de Alta Velocidad
de Madrid a Valencia (por Cuenca) debería atravesar la sierra. Un grupo de
ecologista dio la voz de alarma y así se hizo conocida la existencia de la
sierra que ya varias décadas antes había sido descubierta por quienes
proyectaron el sistema de embalses Entrepeñas-Buendía, que se apoya
precisamente en esta formación rocosa y su hábil disposición natural para
encauzar y retener las aguas del Tajo y el Guadiela, como efectivamente ocurre.
La construcción de estos embalses, su utilización masiva como centros
turísticos (con el desarrollo inevitable de feroces urbanizaciones), la
instalación de la inmediata central nuclear de Zorita de los Canes y la
proliferación de las redes eléctricas de alta tensión que cruzan toda la
comarca no suscitaron en sus respectivos momentos ninguna polémica. El AVE sí
levantó el interés, por otra parte razonable, aunque tardío, porque ya para
entonces se habían producidos serios deterioros medioambientales.
En efecto, la sierra de Altomira es
un hermoso paraje natural, en el que se puede delimitar un espacio de
La vegetación la forman grandes
bosques de pinares (el pino carrasco, pinus
halepensis), romerales termófilos, aulagas, tomillares, encinares (quercus rotundifolia) en las
inmediaciones de Saceda Trasierra y Vellisca, mezclados con quejigares e
incluso hay bosquetes de robles (quercus
faginea), las proximidades de la hoz de Jabalera, en el paraje de
Esta zona, verdaderamente arisca y complicada, auténtico valladar natural para separar y dificultar las comunicaciones entre ambas riberas del Tajo, ha representado tradicionalmente una gran dificultad en el desarrollo de las relaciones humanas y comerciales. En estos parajes se sitúa una ermita dedicada a Nuestra Señora de Altomira, de construcción moderna que continúa la tradición anterior que ubica en este encumbrado lugar una atalaya de vigilancia, un convento de carmelitas y una ermita antigua, todo ello en un sitio de difícil acceso, al que se puede llegar a través de la carretera CM 2024 que desde Vellisca cruza la sierra para alcanzar la CM 200 en dirección a Guadalajara.
Referencias: Manuel Gesteiro Araujo, “La Sierra de Altomira”. Guía de los Espacios naturales de Castilla-La Mancha, Toledo, 1991; Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, pp. 241-260.
