PALANCARES Y TIERRA MUERTA

 


La Torca del Lobo es la de mayores dimensiones del conjunto y también la más espectacular.

En la carretera N-420, a 10 kilómetros de la ciudad de Cuenca, al llegar frente al pueblo de Mohorte sale el camino forestal que conduce al campamento de La Hispanidad y a las torcas de los Palancares. Antes de llegar a estos parajes, a 6 kms. del pueblo se encuentra la Fuente del Rollo, a una altitud de 1200 metros, preparada para acoger a un pequeño número de aficionados al aire libre; hay fuente de agua potable, hornillo y mesas y puede usarse todo el año. Estamos en el monte denominado Palancares de Torre Pineda, en el que se ubica el monumento natural Palancares y Tierra Muerta, declarado por Decreto 2/2001, de 16-01-2001, de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, que comprende una superficie de 18.072 hectáreas que corresponden a los términos de Cuenca (monte de los Palancares, dehesa de Cotillas, El Sabinar, las Torcas), La Cierva (con la dehesa de la Parra) y Palomera (dehesa de las Umbrías y hoz de San Miguel).

El camino se orienta en fuerte subida, pasa junto al campamento de La Hispanidad para seguir adelante hacia distintos espacios naturales de interés, siendo el más importante y llamativo de ellos el formado por el mejor conjunto de torcas existentes en Castilla-La Mancha, en un ámbito natural poblado de un extenso y bien conservado pinar en el que también se inscriben valiosos sabinares.

Geológicamente, la zona se asienta sobre la muela de Palancares, formada en el cretácico superior y la paramera de Tierra Muerta, del jurásico. Ambas son de naturaleza dolomítica y calcárea, restos de una antigua superficie de erosión producida a finales del terciario y quedan separadas por un surco intramontañoso excavado por el arroyo de la Rambla Verde, que vierte en el río Guadazaón, actuando sobre materiales blandos del cretácico inferior y el albense. El paisaje se caracteriza por la existencia de alargadas mesas de terreno rocoso, aisladas entre sí por profundos tajos abiertos en sus bordes por la fuerza inalterable y constante de los ríos. Su formación corresponde al periodo turonense. En su mayor parte, estas mesas están formadas por rocas calcáreas que morfológicamente han actuado de manera autónoma; en su interior aparecen complejos fenómenos cársticos que adquieren evoluciones diferenciadas por lo que cada una de las mesas aludidas tiene características específicas.

En los dos sectores, tanto en Palancares como en Tierra Muerta, se aprecian excelentes formas kársticas (torcas, valles fósiles, hoces, simas, sumideros, lapiaces, calizas tableadas en forma de librerías, etc.). Toda la superficie actúa como un inmenso colector del agua de lluvia, que en su práctica totalidad se filtra hacia los acuíferos para aflorar al exterior en lugares muy alejados, por lo que en este lugar no existen apenas manantiales.

 Al sureste de la zona aparece una agrupación de torcas enclavadas en un paraje cuya evolución cárstica ha sido muy compleja, ligada a su vez al conjunto de poljés de otro sector próximo, el de Los Oteros-Cañada del Hoyo, donde se forman torcas de agua. El elemento más característico de este paraje lo forman un conjunto de torcas, cuya definición técnica parece bastante convincente:

“Una torca, dentro del conjunto de las depresiones cerradas, en la práctica puede considerarse como un caso extremo de dolina. Por su aspecto externo es lo suficientemente característica como para tipificarla en un subgrupo dentro de las dolinas: forma poligonal o circular, paredes abruptas, fondos en embudos rellenos de bloques; estos serían los aspectos más comunes que definen el término torca, y así es como se emplea popularmente en la toponimia local de la Serranía de Cuenca”.

Por lo que se refiere a las torcas propiamente dichas, se trata de un conjunto de no menos de 22 torcas y dolinas producidas por el repentino colapso de estratos calizo-dolomíticos del cretácico superior. Cada una de ellas ofrece datos variables en cuanto a superficie, diámetro y profundidad, alcanzando las mayores una anchura superior al centenar de metros, dimensión similar a la que puede ofrecer la profundidad.

Las torcas son un conjunto de hondonadas del terreno, en forma aproximadamente circular y de tamaño variable. Las hay muy pequeñas y las hay enormes, en algunas se puede bajar con suma facilidad hasta el fondo y en otras resulta muy arriesgado o al menos difícil, todas tienen abundante vegetación pero en algunas las paredes verticales ofrecen la total desnudez de la estructura caliza. En resumen, siendo todas ellas resultado de un fenómeno geológico común, ofrecen en la práctica un amplio repertorio de variedades que contribuye a su mayor encanto. En cuanto a su forma, las hay de todas clases, desde las de paredes en vertical escarpe a las que tienen el fondo en embudo prácticamente inaccesible y otras con fondo aplanado y laderas en pendiente de cómodo descenso.

Las torcas son conocidas hace apenas cien años aunque, naturalmente, existen desde docenas de siglos atrás. Su "descubrimiento" forma parte del despertar de la curiosidad científica por los aparentes misterios de la naturaleza y por ello empezaron a popularizarse y estudiarse a partir del siglo XX.

Ya queda dicho que cada torca es distinta, en relación a las demás, sin olvidar que este es un proceso geológico vivo, por lo que algunas de ellas están todavía en formación y desarrollo. Y para acentuar esa singularidad, cada una tiene su nombre propio, que corresponde a un bautizo anónimo, efectuado colectivamente por la voz popular, nadie sabe dónde ni por qué, aunque es obvio que en su momento existió un motivo que justifica el nombre. La mayor es la Torca Larga, precisamente la única que tiene forma alargada, puesto que las demás son prácticamente circulares, aunque una de Las Mellizas también tiene contorno poliédrico. La máxima profundidad se alcanza en la Torca de las Colmenas, cuyo fondo esta próximo a los cien metros. En cambio, las más accesibles son la Torca Llanilla y El Torquete, que se encuentran a poco más de 16 metros de profundidad. La de mayor superficie es también la Larga y la más llamativa y espectacular la del Lobo, impresionante por sus paredes casi verticales, desnudas de vegetación. Está la bonita Torca del Agua y, envuelta en mágicas leyendas, la Torca de la Novia. En algunas de ellas fluyen algunos manantiales o fuentes de agua cristalina. En casi todas hay abundante vegetación de matorrales.


En todas las torcas hay abundante vegetación, como ocurre en esta, la del Agua.

Las formaciones vegetales dominantes en el paraje son el pino laricio (pinus nigra), la sabina albar (juniperus thurifaria) y masas mixtas de ambas especies, junto con algunos ejemplares de encinas, en solanas rocosas y de pino rodeno (pinus pinaster) localizado en suelos ácidos. Este tipo de suelos aparece en el surco que separa la muela de Palancares de la paramera de Tierra Muerta, debido al afloramiento de materiales silíceos, lo que constituye una importante singularidad edáfica que también encuentra reflejo en la vegetación que tapiza parte del fondo y ladera meridional, en fuerte contraste con la vegetación dominante ya citada. Cortázar destaca Tierra Muerta como una "extensa meseta jurásica comprendida entre Buenache de la Sierra, Beamud, Valdemoro y La Cierva, con una altitud media de 1.300 metros, hallándose cubierta de frondosísimos pinos, entre los cuales, contra lo que pudiera suponerse del nombre del sitio, anidan multitud de pájaros e insectos y viven variados reptiles". Tierra Muerta no significa que este subsuelo esté incapacitado para ofrecer algún tipo de cultivo, asunto fácilmente perceptible con sólo dirigir la mirada alrededor. En realidad, se trata de un concepto histórico -repetido en otros muchos lugares de España- que alude a operaciones de control de la tierra, por motivos económicos, de dominio, militares, etc. El terreno que no podía ser cultivado o cuyo uso estaba limitado a los agricultores de la zona, era una tierra muerta.

En ese ambiente, el sabinar de Tierra Muerta tiene una consideración especial tanto por el volumen de la masa arbórea conservada como por su edad y tamaño. Es también muy interesante la vegetación de matorral, ya que tanto las hoces como las laderas de las torcas presentan una vistosa y abundante flora rupícola; en los fondos umbríos de algunas de las torcas aparecen interesantes comunidades de espinares y avellanares. Hay un cambronal muy extenso, con muchísimos cambrones

Sobre lapiaces se encuentra la armeria trachyphylia, endémica en la Serranía de Cuenca. Los escarpes de las torcas poseen una interesante flora rupícola y son utilizados por algunas especies de aves rupícolas (águila perdicera y real, halcón, chova piquirroja, cuervo) para la nidificación. Entre pinares y sabinares tiene presencia una avifauna característica: piquituerto, verderón serrano, chotacabras gris, trepador azul, reyezuelo listado, herrerillo capuchino, carbonero garrapinos, zorzal charlo, azor, etc. son aves que se pueden encontrar con cierta facilidad en estos parajes

Forma también parte del área de distribución del topillo de Cabrera y es hábitat natural para varias especies de quirópteros cavernícolas (murciélagos) y tiene también importancia desde el punto de vista entomológico, por la presencia de especies como los lepidópteros graelisia isabelae, plebicula niscens, erebia epistygne y el ortóptero steropelurus ortegai.


El espectacular Pino Candelabro, uno de los árboles singulares de este paraje

Entre Palancares y Tierra Muerta se encuentran localizados y documentados varios de los árboles monumentales de la provincia de Cuenca, así calificados por la singularidad de su porte o por la importancia de sus dimensiones, figurando entre ellos el Pino Abuelo, el Pino Candelabro, el Pino del Tío Rojo, la Sabina de la Majada del Churro, la Sabina Retratá, El Sabinorro y otros.

El Pino del Tío Rojo se encuentra a 1361 metros de altitud, en el paraje Hoya del Rebaño. Tiene una altura de 30 metros, un perímetro de 4.10 metros y más de doscientos años de antigüedad, porque ya existía a comienzos del siglo XIX. Tiene marcas de haber sido resinado con frecuencia.

En Tierra Muerta hay un valiosísimo sabinar, quizá el más amplio y bien conservado de toda la Serranía de Cuenca. La sabina presenta hojas pequeñas y en escamas, una disposición natural apropiada para evitar la evaporación del agua. Se presenta agrupada en pequeños rodales (sabinares) distribuidos en las laderas montañosas o en páramos elevados, conviviendo y alternando con el pino y la encina. Se pueden singularizar El Sabinorro, de gran textura y La Sabina Gorda que tiene un perímetro de 4,10 metros y se le calcula una edad aproximada de 500 años. Presenta un tronco extraordinariamente retorcido, adaptado así, de forma natural, para ganar fuerza y resistir de manera adecuada los embates del viento.




En una localización próxima, aunque ya dentro del término de La Cierva, se encuentra el yacimiento paleontológico de Las Hoyas. Otros parajes cercanos, vinculados a Palancares y Tierra Muerta, son la Hoz del Buey, la Hoz Chiquita, la Hoz de San Miguel (con la ermita rupestre de San Miguel de Hortalén) y, en definitiva, el amplísimo territorio de la Serranía de Cuenca.