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En la aparente sequedad de la llanura manchega, los humedales son un canto a la belleza y a la vida natural [Foto José Luis Muñoz] |
Bajo la denominación de Mancha Húmeda se
designa un grupo de lagunas y encharcamientos naturales que se dispersan por
las provincias de Ciudad Real, sur de Toledo y Cuenca, y oeste de Albacete,
junto a los cauces de los ríos Guadiana, Gigüela, Záncara, Riánsares y
Córcoles, ocupando una superficie próxima a las
Se trata de un complejo de humedales asociados al tramo alto del río Guadiana y 13 de sus afluentes y más de 15 arroyos íntimamente ligados a los acuíferos 23 y 24 del Campo de Montiel que han originado una cultura y un desarrollo socioeconómico alrededor del ecosistema acuático. La especial situación geográfica de los humedales manchegos, hace que sean utilizados, en su conjunto, como lugar de reposo por gran número de aves migratorias en sus desplazamientos. Estos humedales actúan como un único sistema acuático en el que la avifauna no se ciñe durante su estancia a un único humedal, sino que forman un conjunto intercomunicado por estas especies. Varios monumentos naturales de La Mancha conquense están incluidos en este complejo, como ocurre con la Laguna de La Celadilla en El Pedernoso o, en Las Pedroñeras, lagunas como Navablanca y El Taray, entre otras, esta última compartida con Las Mesas.
Las lagunas de Mota del Cuervo
El más importante y vistoso de este grupo de lagunas se encuentra situado al sur del término de Mota del Cuervo y está formado por las lagunas de Manjavacas, Sánchez Gómez y la Dehesilla, en la provincia de Cuenca y la de Alcahozo en el término de Pedro Muñoz (Ciudad Real), destacando muy especialmente el valor ecológico de la primera de ellas. Todas se encuentran a la margen derecha del río Záncara, en una planicie de pronunciada horizontalidad, en la que se detectan problemas de desagüe lo que provoca el encharcamiento generalizado del paraje y la formación de lagunas de origen endorreico (no hay salida fácil para los arroyos de escaso caudal y las surgencias de los acuíferos subterráneos, que quedan atrapados en la cubeta). El conjunto de lagunas de Mota del Cuervo está formado por una serie de cubetas de escasa profundidad, en la que se almacena agua estacional, sujeta por tanto a las variaciones de los aportes que recibe. Por ello es normal que durante la estación lluviosa se encuentren al borde de su capacidad mientras que en los periodos secos se invierte el proceso, perdiendo la práctica totalidad de su agua, hasta dejar ver el fondo blanquecino que forman las sales resultantes de la evaporación.
La laguna de Manjavacas es el lugar preferido para el descanso y nidificación de las aves en su periódico traslado de Europa a África [Foto Santiago Torralba] |
La principal laguna de este
complejo, la de Manjavacas, tiene una superficie de 230 has. y tanto en sus
riberas como en el interior se encuentra vegetación formada por carrizal,
juncal, castañuelas y diversos tipos de plantas sumergidas. El abastecimiento
natural se produce a través de
Desde
el punto de vista geomorfológico, las lagunas de Sánchez Gómez y
Paralelamente actúa la vegetación de
la zona, abundantísima y variada durante la estación húmeda y de carácter
halófilo en la seca, es decir, adaptada a un terreno abundante en cloruros y
sulfatos. De esta manera, la vegetación que rodea las lagunas viene a ser
también de un extraordinario valor ecológico que se une al de la fauna. De
hecho, se cita por su importancia científica un endemismo vegetal que se
localiza exclusivamente en esta zona, el microcnuem
coralloides, una pequeña planta de la familia de las salicormáceas, que
aparece en diminutas hendiduras de terreno entre otras plantas de su especie.
Estos
humedales sustentan formaciones de pastizales salinos continentales, estepas
salinas de limonietalia (con diversas
especies endémicas de limonium) y matorrales halófilos mediterráneos. Entre las
especies de flores, destaca en la laguna de La Dehesilla la presencia del lepidium cardamines, una fanerógama
incluida en el catálogo regional de especies amenazadas en peligro de
extinción; también destaca por su singularidad la comunidad acuática del
carófito lamprothamnium populosum y
la comunidad pionera anual de cressa
cretica, además de otras especies igualmente consideradas de interés
científico.
La
laguna de Manjavacas es un
importantísimo humedal manchego vinculado a la fauna. Es punto de nidificación
de unas 57 especies de aves acuáticas migratorias, entre las que destacan el
flamenco, pato cuchara, pato colorado, chorlitejo patinegro, cerceta común,
ánade real, ánade rabudo, ánade friso, cerceta corretona, tarro blanco,
avefría, archibebe común, avoceta, cigüeñuela,
gaviota reidora, fumarel cariblanco, focha, zampullín cuellinegro, cernícalo
primilla, aguilucho lagunero, alcaraván y pagaza piconegro, con una población
total de más de 9.000 aves; se han localizado también ejemplares de algunas
especies de cierta rareza en España, como cerceta pardilla, havelda,
vuelvepiedras, gaviota enana y correlimos de distintas familias, lo que
demuestra que la laguna está situada en un lugar estratégico en el paso de las
migraciones aéreas entre el norte de Europa y África.
Las especies que nidifican lo hacen
en invierno, de manera que la eclosión de los huevos suele producirse a
principios de la primavera, momento en que también aparecen las algas y
multitud de microorganismos, insectos y larvas que cubren la superficie y sirven
de alimento a los polluelos que, a su vez, encuentran la presencia de un fuerte
depredador, el aguilucho lagunero, insaciable en su afán devorador.
El pato más abundante, con presencia
continuada durante todo el invierno, es el pato cuchara (anas clypesta), llamado paleto por su ancho pico negro, pero
también es notable el número de cercetas (anascrecca),
más pequeño y del ánade real (anas
platyrhynchos), que se ven con cierta facilidad en las orillas de la laguna
y sembrados próximos. En el centro de las aguas puede verse el pato colorado (neta rufina) y son también especies
habituales el ánade friso (anas strepa), la
focha común (fulica atra), el porrón
común (ayhya ferina) que por aquí se
conoce con el nombre de culón, la gallineta o polla de agua, y otras especies.
Como el sistema natural de alimentación exige que unos se coman a otros,
también aparece por el lagunar el aguilucho lagunero, depredador de estas
especies avícolas.
Los
mamíferos con mayor presencia en la zona son el erizo común, musaraña, conejo,
liebre ibérica, rata de agua, topillo común, rata negra, ratón común, ratón
moruno, ratón de campo, comadreja y zorro, destacando la presencia del tejón.
En cuanto a reptiles y anfibios, son menos abundantes, habiéndose localizado
ejemplares de salamanquesa, eslizón tridáctilo, lagartija colirroja, lagartija
colilarga, lagartija ibérica, culebrilla ciega, culebra de collar, culebra
viperina, gallipato, sapo de espuelas, sapo común, sapo corredor, lagarto
ocelado y culebra bastarda.
La
laguna de Manjavacas era de propiedad particular hasta que el Consejo de
Gobierno de la Comunidad Autónoma acordó su adquisición el 25‑09‑1989. Poco
después,
el 3 de octubre, fue declarada refugio de caza con el fin de proteger
adecuadamente los animales que en ella tienen su hábitat. Esta acción
protectora necesita la intervención humana para preparar una isleta en el
centro de la laguna con el fin de facilitar la nidificación.
La laguna de El Taray
Muy cerca de allí entre Las Mesas, El Pedernoso y Las Pedroñeras, se encuentra la Laguna de Taray Chico ocupada por un agua cristalina que proviene del arroyo del Taray. Conviene no confundir con otra laguna del mismo nombre, situada en el municipio de Quero (Toledo), dentro de la misma cuenca hidrográfica.
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La laguna del Taray Chico es de pequeñas dimensiones pero muy atractiva para los animales que en ella encuentran acomodo [Foto Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación] |
Situada a 678 metros de altitud, ocupa una superficie aproximada de 20 hectáreas y tiene una profundidad media de 1.5 metros. El humedal queda situado en una pequeña depresión rellena con materiales del Cuaternario. Pese a su pequeña superficie, alberga fauna de gran riqueza. Su lámina de agua así como la vegetación que se encuentra en sus inmediaciones han convertido esta laguna en un hábitat perfecto para especies tan sensibles como la malvasía cabeciblanca, el aguilucho lagunero, la focha común o el zampullín cuellinegro. Con respecto a su vegetación, la más común son especies como la ova, los carrizales y los juncales que rodean el humedal. La Laguna del Taray Chico recibe sus aguas de las precipitaciones, los acuíferos subterráneos, así como desde la acequia del Taray. Gracias a todos estos aportes, el humedal cuenta con unos niveles hídricos semipermanentes que se mantienen más o menos estables a lo largo de todo el año debido también a que el cauce superficial del río Taray drena las aguas de este humedal.
Cuentan las crónicas antiguas que en otros tiempos dio cobijo a
algunas comunidades de galápagos, especie totalmente desaparecida. La primera
noticia que se tiene de ella es en el documento de amojonamiento de 1546 donde
se la denomina Charco del Taray Blanco, mientras que en 1732 aparece mencionada
como Labajo del Taray Blanco. En 1909 el gobernador civil de Cuenca ordenó la
limpieza y desagüe de la laguna, por considerarla un foco de enfermedades
infecciosas. Una acción que fue generalizada a mediados del siglo XX, casi
siempre con la oposición popular y ese debió ser el caso de la laguna del Taray
Chico, porque a pesar de la orden del Gobernador Civil en 1945 aparece en las
páginas de sucesos de los diarios, la noticia del ahogamiento de un joven de 23
años en esta laguna.
Hoy recuperada de ese historial desecado del pasado, posee agua
durante todo el año y una importante comunidad de avifaunia, reconocida
como Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) y Zona de Especial Protección
para las Aves (ZEPA), del programa de conservación Humedales de La Mancha,
además de Reserva de la Biosfera.
La Celadilla, prácticamente desaparecida
Un caso peculiar se refiere a la
laguna de La Celadilla, situada en el término de El Pedernoso, con acceso por
la carretera en dirección a Las Mesas, durante muchos años el principal
elemento de recreo, convivencia y turismo del término. Con una superficie
aproximada de
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La laguna de la Celadilla ha desaparecido por completo. Donde estaba la lámina de agua ahora solo hay un enorme secarral [Foto José Luis Muñoz] |
Esa situación que producía enormes
aglomeraciones de gentes en sus orillas, cambió de forma drástica cuando llegó
el inesperado descenso del nivel de las aguas, consecuencia directa del abuso
ejercido por los agricultores de
Con la llegada del año 2012 se
anunció la puesta en marcha de la segunda fase del programa, centrado en la
recuperación paisajística del entorno, mediante varias acciones encaminadas a
devolver al lugar el atractivo que tuvo antaño, con importante dotación de
vegetación autóctona que, de paso, podría favorecer la recuperación de la
fauna, en esos momentos prácticamente inexistente.
Todo este programa resultó
completamente inútil: el agua nunca se pudo recuperar, la laguna es ahora un
secarral, el camping está totalmente arruinado y las gentes dejaron de ir al
paraje.
Medidas de protección para el complejo
Desde la más remota antigüedad, este conjunto de lagunas, charcones, vegas y tierras de difícil uso agrícola, eran lugar de anidada para las aves migratorias que en este humedal encontraban alimento y reposo en sus largos viajes intercontinentales mientras que los habitantes de las poblaciones cercanas aprovechaban económicamente los productos que podían extraer de las lagunas, como anea, carrizo, sales, arcillas, lodos y pesca. La ceguera medioambiental que ha dominado en este país durante siglos hizo que este valioso humedal, de enorme riqueza ecológico, llegara a estar al límite de su desaparición.
En el último tercio del siglo XIX, mediante
la Ley de Aguas de 1879, se abrió la posibilidad de realizar actuaciones de
desecación por motivos de interés social encaminados, sobre todo, a la
obtención de terrenos para usos agrícolas, disposiciones que abrieron las
puertas al progresivo deterioro de este conjunto natural en un proceso que
parecía imparable y que con el tiempo derivó en una situación verdaderamente
calamitosa.
Al amparo de esa política surgieron normas
como la dictada en 1918 sobre desecación de lagunas, marismas y terrenos
pantanosos; o la declaración en 1951 de La Mancha como zona de alto interés
nacional de colonización, con lo que se permitió la perforación de una red de
pozos para explotar el gran acuífero subterráneo manchego; aunque el corolario
de estas actuaciones lo aportó la ley de 1956 sobre saneamiento y colonización
de los terrenos pantanosos que se extendían a los márgenes de los ríos
Guadiana, Gigüela, Záncara y afluentes de los mismos en las provincias de
Ciudad Real, Toledo y Cuenca. Al amparo de esta norma se desecaron lagunas, se
destruyeron presas y antiguos molinos harineros, produciéndose un daño irreversible
en un importante patrimonio tanto de arquitectura popular como de ecosistemas
naturales. Durante aquella década, buena parte de los humedales manchegos se
convirtieron en problema de salubridad para sus municipios, que no sabían cómo
combatir los perjuicios de estos cenagales en las cercanías de sus casos
urbanos. Estas actuaciones destructoras coinciden con la aparición de una
corriente contraria que empieza a valorar la importancia del humedal a la vez
que denuncia los hechos que lo estaban poniendo en peligro.
Con la intención de poner fin a semejante
situación, o al menos intentar remediar estas pérdidas, el 17 de febrero de
1981 el director general de la UNESCO ratificó en París la decisión de declarar
como reserva de la biosfera a los humedales manchegos, pero la simple
declaración formal no suele tener eficacia inmediata en el entorno al que se
desea aplicar, de manera que en el tramo final del siglo XX se calculaba que
casi el ochenta por ciento de las zonas reconocidas habían desaparecido o
estaban en trance de hacerlo. Probablemente fue esa voz de alarma, y la
advertencia de la UNESCO de que se podría llegar a la retirada de la
declaración, cuando se inició una rectificación oficial (y, lo que es más
difícil, particular) que está consiguiendo corregir los hechos anteriores hasta
lograr que todo este conjunto presente un estado de preservación y
consolidación aceptable, en trance incluso de llegar a convertirse en un
auténtico paraíso para la avifauna que aporta a estos lugares belleza, colorido
y proporciona calidad humana a su existencia.
En febrero de 2001 se
alcanzó un acuerdo entre la consejería de Agricultura y la comisión de
afectados por el uso de las lagunas para la puesta en marcha de un Plan de
Recursos Naturales que debería concluir con la declaración de Reserva Natural
del complejo lagunar, lo que sucedió mediante el decreto 185/2001 de 2 de
octubre, al aprobarse por la Junta de Comunidades el plan de ordenación de los
recursos naturales. Previamente, la laguna de Manjavacas había sido incluida en
el convenio sobre humedales de importancia internacional como hábitat para las
aves acuáticas (convenio de Ramsar) por acuerdo del Consejo de Ministros de
21-02-1992. También fue declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO,
incluida en la Lista de Humedales de importancia internacional RAMSAR y en la
Red Natura 2000. El Boletín Oficial del Estado publicó el
28 de noviembre de 2014 la ampliación de la Reserva de la Biosfera de La Mancha
Húmeda, en Castilla-La Mancha por parte de la Organización de las Naciones
Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). De las
Referencias: Miguel Ángel Poblete y Enrique Serrano Cañadas, Guía de los Espacios naturales de Castilla-La Mancha, Toledo, 1991; Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, pp. 459-471 / José Luis Muñoz, “Desastre ecológico en La Celadilla”. La Tribuna de Cuenca, 29-09-2022, p. 24


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