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Entrada de la Cueva de los Morceguillos, en Valdecabras |
La
Cueva de los Morceguillos está situada en la sierra de Valdecabras, en un eslabón del Sistema
Ibérico formado de manera predominante por materiales del cretácico, sobre los
que aparecen rocas carbonatadas del cretácico superior que ofrecen
espectaculares paisajes de dolomías turonienses que forman escarpes y relieves
de gran belleza. El modelado cárstico de toda la zona favorece la formación de
numerosas cavidades, con preferencia de desarrollo vertical, en un ambiente
donde predominan los audaces cañones, depresiones cerradas, lapiaces y relieves
ruiniformes. La
cueva se localiza al norte del pueblo, en un paraje enclavado en un
espectacular lapiaz, con la entrada situada en una diaclasa ensanchada que se
puede seguir aproximadamente durante unos 70 metros en horizontal. Como ocurre
con las otras cuevas de este grupo, constituye un importante refugio de cría
para el murciélago grande de herradura y las otras modalidades que hemos
citado. Al lugar se llega siguiendo un sendero que pasa por Las Corralizas, donde
se pueden apreciar variadas formas kársticas hasta alcanzar el refugio donde
moran los murciélagos.
Es en
ese paisaje, ciertamente llamativo, en el que se sitúa la cueva, cuya entrada
se configura a partir de una diaclasa
ensanchada que se puede seguir durante algo más de
La Cueva de los Morciguillos (Tórtola) es también de origen kárstico. Se encuentra situada en el valle que forma el arroyo de la Vega o de la Hoz, cerca del casco urbano de Tórtola, en el sector descendente hacia el sur de la Serranía de Cuenca, donde al unirse diversos arroyos en el río del mismo nombre, éste excava una hoz que se prolonga hasta el vecino pueblo de Valdeganga. Campos de cultivo salpicados por algunos frutales constituyen el paisaje circundante, en el que surgen cerros de una altura considerable como La Muela y roquedos calizos con vegetación rupícola asociada y presencia de sabina negra (Juniperus phoenicea). La vegetación riparia está presente en el cercano arroyo de la Hoz.
La cueva posee una entrada de grandes dimensiones y un desarrollo
en profundidad inicialmente en horizontal (unos
El LIC, cuyo nombre deriva del término local para los murciélagos,
incluye la cueva, de origen kárstico, y una superficie de unas tres ha, formada
por calizas y conglomerados, así como una zona periférica de protección de
cerca de 50 ha. La entrada a la cueva se encuentra casi oculta por la presencia
de matorrales nitrófilos, como zarzales y rosales silvestres, que se
desarrollan aquí debido a la acumulación de excrementos de los murciélagos, la
“murcielaguina”, usada como abono orgánico de alta riqueza. Aparecen también en
el entorno de la entrada a la cueva, la nueza o nabo del diablo (Brionia
dioica) y formaciones vegetales propias de paredones rezumantes. A pesar de la
variabilidad del número de individuos de unos años a otros, la Cueva de los
Morciguillos constituye el refugio más importante a nivel europeo para la
población del murciélago ratonero pardo (Myotis emarginatus) durante la
época de cría. Otras especies presentes también en la misma época, son el
murciélago mediterráneo de herradura (Rhinolophus euryale), el de cueva
(Miniopterus schreibersii) y el mediano de herradura (Rhinolophus
mehelyi). Pero la especie con un mayor número de individuos es el
murciélago grande de herradura (Rhinolophus ferrumequinum), residente
con una alta población en la época de cría.
Entrada a la Cueva de la Judía [Foto Magia Serrana]
La Cueva de la
Judía se encuentra en la sierra del Monje, en el término de Valera de
Abajo, cerca del límite con el de Hontecillas, en un ramal montuoso que se desprende del segmento
principal del sistema Ibérico, en un espacio formado por materiales
carbonatados orientados mediante una sucesión de pliegues anticlinales y
sinclinales formados sobre tierras del mesozoico y el terciario, que dan lugar
a un amplio páramo sobre un sustrato calizo que bordea la hoz del río Gritos
con cubierta de matorral muy denso de romero, encinas
y coscojas, apareciendo también ejemplares de sabina negra (Juniperus
phoenicea).
La cueva ocupa una superficie de casi cuatro has. y es
una de las simas mejor conocidas de la provincia de Cuenca, ya que ha sido
objeto de exploración desde hace más de un siglo. Al exterior, la entrada, de
reducidas dimensiones, se localiza al fondo de una dolina en
cuyo fondo aparece la entrada a una cavidad de origen kárstico y a continuación, una vez salvado el acceso, aparece una
amplia galería de veinte metros de largo por diez de ancho, que viene a ser la
primera de otras salas posteriores que se desarrollan en horizontal y en las
que abunda la presencia de estalagmitas, hasta llegar al final del recorrido,
donde se encuentra un sifón que permanece con agua casi todo el año. En la
cueva encuentran su lugar apropiado para vivir varias especias de quirópteros,
sobre todo en las épocas de cría, en que aparecen aquí poblaciones de
murciélago ratonero grande, el mediano de herradura y el de cueva, a los que se
unen otras poblaciones de murciélagos de paso por la zona y que pertenecen a
especies protegidas de considerable rareza. Precisamente
la rareza, singularidad y abundancia de estos quirópteros fue uno de los
factores que propiciaron la protección de este paraje.
Este
espacio es importante, además de por sus valores
geomorfológicos, por ser un refugio durante todo el año para varias especies
vulnerables de murciélagos. Aunque el número de individuos varía de unos años a
otros, dos de las especies, el murciélago ratonero mediano (Myotis blythii)
y, sobre todo, el ratonero grande (Myotis myotis), se encuentran en
mucho mayor número durante el periodo de cría. Otra especie, el murciélago
mediano de herradura (Rhinolophus mehelyi), es residente con una
población algo menor en el invierno durante la hibernación. Aparece también el
murciélago de cueva (Miniopterus schreibersii), en un número muy
reducido, utilizando la cueva como refugio de invernada.
