CUEVAS REFUGIOS DE MURCIÉLAGOS

 


Entrada de la Cueva de los Morceguillos, en Valdecabras

La provincia de Cuenca presenta tres importantes refugios naturales para los murciélagos (quirópteros). Son la Cueva de los Morciguillos, en un paraje próximo a Tórtola; la Cueva de la Judía, en el término de Valera de Abajo y la Cueva de los Morceguillos, en Valdecabras. La importancia de estos tres enclaves radica tanto en las comunidades que albergan como en su capacidad para garantizar la reproducción y cría de estas especies, lo que concede a estos refugios un alto valor a nivel europeo. En conjunto constituyen los tres refugios más importantes para la cría de murciélagos cavernícolas de la provincia, destacando además por su valor geomorfológico, lo que justifica que las tres cuevas fueran declaradas Microreserva natural por Decretos 25/2006 (Valera de Abajo) y 26/2006 (Tórtola) de 07-03-2006 y 30/2006, de 14-03-2006 (Valdecabras), de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

La Cueva de los Morceguillos está situada en la sierra de Valdecabras, en un eslabón del Sistema Ibérico formado de manera predominante por materiales del cretácico, sobre los que aparecen rocas carbonatadas del cretácico superior que ofrecen espectaculares paisajes de dolomías turonienses que forman escarpes y relieves de gran belleza. El modelado cárstico de toda la zona favorece la formación de numerosas cavidades, con preferencia de desarrollo vertical, en un ambiente donde predominan los audaces cañones, depresiones cerradas, lapiaces y relieves ruiniformes. La cueva se localiza al norte del pueblo, en un paraje enclavado en un espectacular lapiaz, con la entrada situada en una diaclasa ensanchada que se puede seguir aproximadamente durante unos 70 metros en horizontal. Como ocurre con las otras cuevas de este grupo, constituye un importante refugio de cría para el murciélago grande de herradura y las otras modalidades que hemos citado. Al lugar se llega siguiendo un sendero que pasa por Las Corralizas, donde se pueden apreciar variadas formas kársticas hasta alcanzar el refugio donde moran los murciélagos.

Es en ese paisaje, ciertamente llamativo, en el que se sitúa la cueva, cuya entrada se configura a  partir de una diaclasa ensanchada que se puede seguir durante algo más de 70 metros en horizontal. En la cavidad hay abundantes sedimentos detríticos que al final se acumulan con tal fuerza que impiden la continuidad del avance. El interés geomorfológico de esta cueva la convierte en un buen ejemplo representativo, al que se une la importancia derivada de su uso como albergue por importantes comunidades de quirópteros, en especial del murciélago grande de herradura (rhinolophus ferrumequinum) que lo utiliza como refugio de cría, además de usarlo como refugio permanente en invierno, cosa que también hacen el murciélago de oreja partida (myotis emarginata) y el murciélago de cueva (minipterus schreibersii). Otras especies de murciélagos también muestran su preferencia por este lugar como habitat ocasional. En total, la cueva ocupa una superficie de 6,02 hectáreas.

La Cueva de los Morciguillos (Tórtola) es también de origen kárstico. Se encuentra situada en el valle que forma el arroyo de la Vega o de la Hoz, cerca del casco urbano de Tórtola, en el sector descendente hacia el sur de la Serranía de Cuenca, donde al unirse diversos arroyos en el río del mismo nombre, éste excava una hoz que se prolonga hasta el vecino pueblo de Valdeganga. Campos de cultivo salpicados por algunos frutales constituyen el paisaje circundante, en el que surgen cerros de una altura considerable como La Muela y roquedos calizos con vegetación rupícola asociada y presencia de sabina negra (Juniperus phoenicea). La vegetación riparia está presente en el cercano arroyo de la Hoz.

La cueva posee una entrada de grandes dimensiones y un desarrollo en profundidad inicialmente en horizontal (unos 60 metros) al que sigue otro en vertical (12 metros). En primer lugar aparece una sala de grandes dimensiones, y a pocos metros de la entrada un pozo de unos tres metros que da paso a una galería desarrollada en forma de diaclasa hasta derivar en un sifón.

El LIC, cuyo nombre deriva del término local para los murciélagos, incluye la cueva, de origen kárstico, y una superficie de unas tres ha, formada por calizas y conglomerados, así como una zona periférica de protección de cerca de 50 ha. La entrada a la cueva se encuentra casi oculta por la presencia de matorrales nitrófilos, como zarzales y rosales silvestres, que se desarrollan aquí debido a la acumulación de excrementos de los murciélagos, la “murcielaguina”, usada como abono orgánico de alta riqueza. Aparecen también en el entorno de la entrada a la cueva, la nueza o nabo del diablo (Brionia dioica) y formaciones vegetales propias de paredones rezumantes. A pesar de la variabilidad del número de individuos de unos años a otros, la Cueva de los Morciguillos constituye el refugio más importante a nivel europeo para la población del murciélago ratonero pardo (Myotis emarginatus) durante la época de cría. Otras especies presentes también en la misma época, son el murciélago mediterráneo de herradura (Rhinolophus euryale), el de cueva (Miniopterus schreibersii) y el mediano de herradura (Rhinolophus mehelyi). Pero la especie con un mayor número de individuos es el murciélago grande de herradura (Rhinolophus ferrumequinum), residente con una alta población en la época de cría.


Entrada a la Cueva de la Judía [Foto Magia Serrana]

La Cueva de la Judía se encuentra en la sierra del Monje, en el término de Valera de Abajo, cerca del límite con el de Hontecillas, en un ramal montuoso que se desprende del segmento principal del sistema Ibérico, en un espacio formado por materiales carbonatados orientados mediante una sucesión de pliegues anticlinales y sinclinales formados sobre tierras del mesozoico y el terciario, que dan lugar a un amplio páramo sobre un sustrato calizo que bordea la hoz del río Gritos con cubierta de matorral muy denso de romero, encinas y coscojas, apareciendo también ejemplares de sabina negra (Juniperus phoenicea).

La cueva ocupa una superficie de casi cuatro has. y es una de las simas mejor conocidas de la provincia de Cuenca, ya que ha sido objeto de exploración desde hace más de un siglo. Al exterior, la entrada, de reducidas dimensiones, se localiza al fondo de una dolina en cuyo fondo aparece la entrada a una cavidad de origen kárstico y a continuación, una vez salvado el acceso, aparece una amplia galería de veinte metros de largo por diez de ancho, que viene a ser la primera de otras salas posteriores que se desarrollan en horizontal y en las que abunda la presencia de estalagmitas, hasta llegar al final del recorrido, donde se encuentra un sifón que permanece con agua casi todo el año. En la cueva encuentran su lugar apropiado para vivir varias especias de quirópteros, sobre todo en las épocas de cría, en que aparecen aquí poblaciones de murciélago ratonero grande, el mediano de herradura y el de cueva, a los que se unen otras poblaciones de murciélagos de paso por la zona y que pertenecen a especies protegidas de considerable rareza. Precisamente la rareza, singularidad y abundancia de estos quirópteros fue uno de los factores que propiciaron la protección de este paraje.

Este espacio es importante, además de por sus valores geomorfológicos, por ser un refugio durante todo el año para varias especies vulnerables de murciélagos. Aunque el número de individuos varía de unos años a otros, dos de las especies, el murciélago ratonero mediano (Myotis blythii) y, sobre todo, el ratonero grande (Myotis myotis), se encuentran en mucho mayor número durante el periodo de cría. Otra especie, el murciélago mediano de herradura (Rhinolophus mehelyi), es residente con una población algo menor en el invierno durante la hibernación. Aparece también el murciélago de cueva (Miniopterus schreibersii), en un número muy reducido, utilizando la cueva como refugio de invernada.