ALARCÓN

 


Calle del Doctor Tortosa

Histórica villa conquense, una de las de más rancio abolengo y mayor belleza natural, símbolo vivo de la historia de esta tierra. Sólo hay una vía para acceder a este lugar: un desvío desde la antigua carretera N‑III (Madrid‑Valencia), entre Honrubia y Motilla y en las inmediaciones del pantano que lleva también el nombre de Alarcón. Como la carretera más transitada es la actual autovía A-3, desde ella hay que tomar la salida 165 y desde aquí por la N-III en dirección Valencia se llega al kilómetro 187 donde, por una pequeña carretera provincial, la CUV 8033, de solo tres kilómetros de recorrido, se llega directamente a la villa, cuyo recinto urbano y monumental fue felizmente restaurado en la segunda parte del siglo XX y es hoy un lugar encantador y apacible. Se encuentra situado en el partido judicial de Motilla del Palancar y posee escudo municipal.  Villa declarada conjunto de interés histórico artístico por Real Decreto 2140 de 03‑07‑1981 (BOE 21‑09‑1981) es, ciertamente, un enclave magnífico y monumental en su comprensión urbanística total, con una de las disposiciones topográficas más espectaculares, a la vez que atractivas, de toda la provincia de Cuenca. Se encuentra en las coordenadas 39,5467 N y -2,0862 O, a 840 metros de altitud. En el término figuran el poblado de Cerro de las Tejeras, actualmente despoblado. La distancia desde Alarcón a la capital de la provincia es de 60 kilómetros.

La pretensión de que Alarcón es un nombre derivado del godo Alarico no pasa de ser una invención fantasiosa. Más razonable es que provenga del árabe al-arkon, atalaya, puesto que algo tiene de ella. Hay otro Alarcón en América, un distrito administrativo en la república de México, cuya capital, Taxco de Alarcón, hizo una ceremonia de hermanamiento no oficial con la ciudad de Cuenca. Otro Alarcón es el nombre de un distrito del departamento de Gualeguaychú, en Argentina, en la provincia de Entrerríos. 


El escudo de la villa, según un sello de 1234, está formado por un castillo de dos torreones almenados surmontados, el de la diestra de un creciente contornado y el de la siniestra de una estrella. A mediados del siglo XIX estaba vigente una representación heráldica formada así: de oro, un castillo de gules almenado, mazonado de sable. La villa está enclavada en el partido judicial de Motilla del Palancar, y se rige por un Ayuntamiento formado por cinco concejales.


Historia 

El hallazgo en las inmediaciones de la actual población de restos antiguos, como es el caso de monedas ibéricas y lápidas romanas da fuerza a la creencia de que aquí hubo población estable desde tiempos muy primitivos. En el año 1889 difundió el Boletín de la Real Academia de la Historia un artículo divulgativo de José Serrano Morales, dando cuenta de haber hallado unas lápidas romanas con inscripciones en una galería del castillo. Por ello, aunque con escasos fundamentos documentales, algunos historiadores han querido vincular el pasado de Alarcón con tiempos muy remotos, como Florián de Ocampo, que quiso ver en este lugar la antigua Ilercao, una ciudad mencionada en el siglo IV aC. o González Dávila, quien fue autor de la vinculación, más etimológica que cierta, con el visigodo Alarico. 

A pesar de estas elucubraciones, lo razonable es que el lugar surgiera en tiempos árabes, quizá como una atalaya defensiva, puesto que algo tiene de ella y a esa etapa corresponde el establecimiento de su poderoso castillo que, si no muy grande en dimensiones, sí contó desde el inicio con una excepcional ubicación, en lo alto de un arriscado promontorio, desde el que se podía controlar los accesos hacia la Mancha y Andalucía, por un lado, y hacia el interior de Castilla y la Serranía de Cuenca, por otro. De esa manera, su conquista en 1184 por Alfonso VIII abrió a Castilla las puertas del sur peninsular. 

A ese tramo final del siglo XII pertenece el reforzamiento del recinto amurallado (que ya existía en tiempos musulmanes) al darle su actual configuración, rodeando prácticamente todo el lugar, con una serie de puertas abiertas al exterior y con varias torres adelantadas. La importancia estratégica de este farallón rocoso rodeado por las aguas del Júcar fue ya bien conocida por los musulmanes, que aquí ubicaron un complejo sistema defensivo, con el alcázar como núcleo central y un recinto amurallado organizado a través de tres líneas sucesivas, vinculado a la cura situada en Toledo. 

En este tiempo debió desempeñar un papel de cierta importancia, puesto que son repetidas las citas que hacen de Alarcón los cronistas árabes, como cuando mencionan la estancia de Abul Aswad, el Ciego, que aquí vino a morir en 785 huyendo de la furia de Abderrahman I, contra quien se había levantado en rebeldía; o la presencia del aventurero Omar ibn Hafsun, que un siglo después era el responsable de su guarnición (887) extremo esto que algunos autores dudan llegara a ser cierto. 

Conseguida por Alfonso VIII la conquista de Cuenca (1177), quedaba abierto para Castilla el camino del sur, rompiendo así el bloqueo del avance cristiano, detenido en el Tajo desde los tiempos de su abuelo, Alfonso VI. En este propósito no perdió tiempo alguno el joven monarca castellano y así, la conquista de Alarcón fue inmediata (1184), tras un asedio justificado por las características naturales del lugar y que rompió audazmente el caballero Fernán Martín de Ceballos (dice la historia legendaria que él sólo, apoyándose en dos puñales, trepó por la torre del homenaje y tras matar a los centinelas moros, echó una escala para que pudiese subir el resto del ejército cristiano) quien, orgulloso de su hazaña, cambió su apellido por el de Alarcón, dando inicio a una larga dinastía que señoreó estos contornos durante los siglos sucesivos. 

En seguida, la fortaleza se convirtió en elemento básico, tanto de la repoblación civil de los desérticos campos manchegos, como de la compleja aventura militar que habría de llevar a Alfonso VIII al desastre de Alarcos (1195), primero, y a la gloria de Las Navas de Tolosa (1212), después. Para fomentar la recuperación de la actividad y el trabajo, Alfonso VIII le concedió fuero propio, similar al de Cuenca, en 1186, hecho contradictorio con el decidido más tarde por el mismo monarca al ceder el castillo (y el control civil de la villa) a la Orden de Santiago (1194), de lo que se desdijo justamente con ocasión de las Navas de Tolosa en que, para reconocer la valiosa colaboración de los alarconenses, les devolvió la plena autoridad sobre el lugar. 

Ese año (1212), Alfonso VIII estuvo en Alarcón, como base de preparativos para la gran batalla. Ya por entonces debía contar Alarcón con un buen número de iglesias, bien dotadas económicamente, puesto que en 1195 el obispo Juan Yáñez decide conceder a los canónigos de la catedral "la mitad de los diezmos de todas las iglesias que están en Alarcón; todo el diezmo de todas las iglesias que están fundadas fuera de los muros de Alarcón y de las que adelante se fundaren". En cuanto a la importancia intrínseca del territorio, queda reconocida en el hecho de que, al constituirse el nuevo obispado de Cuenca en 1183, el cabildo catedralicio que se forma poco después incluye, entre sus dignidades, el título de arcediano de Alarcón. 

En la década siguiente, la tierra de Alarcón fue arrasada por las tropas de Miramamolin en su regreso hacia Sevilla, aunque sin conseguir apoderarse de la fortaleza. la Orden de Santiago fundó aquí un hospital de redención de cautivos por iniciativa del maestre Gonzalo Rodríguez (1201), integrado posteriormente en el de Cuenca y que recibió algunas donaciones reales: el control del alcázar, la mitad del portazgo de Alconchel, el señorío de la aldea de Gascas, una presa, molino y viña, posesiones rápidamente recuperadas por el Concejo. Convertida en base militar de primer orden, Alarcón se transforma durante una larga época en punto de referencia para toda la zona, como centro de un amplísimo alfoz en el que se integraron multitud de aldeas del sur de Cuenca y parte de Albacete, incluyendo el castillo de Chinchilla, agregado por Fernando III (1241). 

No se conoce con precisión el alcance de este dominio, pero en un documento medieval se citan como lugares dependientes Valverde, San Clemente, Vara de Rey, El Cañavate, Rus, Villanueva de la Jara, Alconchel, Belmonte, Albacete, Honrubia, Santa María del Campo, Tébar, La Alberca y muchos más, entre los que sabemos figuraban también Tarazona de la Mancha, Villagarcía del Llano, Madrigueras, Casas de Fernando Alonso, Pozo Amargo, Casas de Benítez y Casas de Guijarro, y varios de Albacete, incluyendo la actual capital de esa provincia, hasta Chinchilla, lo que nos hace suponer que ese territorio comprendía gran parte de la región manchega, que luego se definiría con más precisión al formarse el marquesado de Villena, cuyo titular trasladó el centro decisorio desde Alarcón a Belmonte. 

Las iglesias parroquiales, cinco en total (Santa María, la Santísima Trinidad, Santo Domingo, San Juan y Santiago) cumplían en ese periodo no una estricta función parroquial, que hubiera sido desmesurada teniendo en cuenta la limitada población de la villa, que nunca fue excesiva, sino el papel adjudicado a las iglesias como elemento de cohesión del territorio, en su doble aspecto religioso y civil, de manera que a cada una de esas parroquias le estaba asignada una amplia porción del dilatado alfoz de Alarcón, situación que fue evolucionando con el paso del tiempo, a medida que los pueblos implicados fueron emancipándose y estableciendo su propia organización. 

Durante ese amplio periodo, el lugar recibió privilegios y cartas reales de Enrique I, Fernando III, Alfonso X, etc. Este último, en 1268, ratificó la concesión del Fuero de Cuenca y en 1290 fue arrasada por Juan Núñez, en uno de los habituales conflictos señoriales de la época. Más tarde, Alarcón formó parte del territorio entregado por Fernando IV a su tío don Juan (conocido en el ámbito de la literatura como Infante don Juan Manuel), en compensación por haber perdido éste la villa de Mula, arrebatada por el rey de Aragón cuando el príncipe literato era Adelantado del Reino de Murcia. Aunque no hay una constancia documental precisa, parece que el infante y su esposa, Constanza, residieron algún tiempo en Alarcón y no faltan quienes aseguran que aquí escribió El Conde Lucanor
Por fin, a finales del siglo XV figura como uno de los más firmes baluartes del poderoso estado formado por los marqueses de Villena, que durante un largo periodo van a señorear todas las tierras manchegas. Al primer marqués, Juan Fernández Pacheco, se debe la actual configuración urbanística de Alarcón.

A partir del siglo XV, con la llegada de los Reyes Católicos, varios de esos lugares van obteniendo su independencia municipal mediante sucesivos privilegios de villazgo, de manera que al elaborarse el Censo de Castilla de 1591 ya solo permanecen siete lugares sujetos a la villa de Alarcón, en esos momentos señorío del duque de Escalona (título que había incorporado el marquesado de Villena), según indican los pueblos de la comarca que contestaron al interrogatorio de Felipe II. Ya se había independizado la mayor parte de sus antiguos pueblos, que utilizaban el territorio del término de forma mancomunada, excepto los de El Cañavate y Villanueva de la Jara "que dicen ser ellos término cerrado y por no pleiteallo por ser los pleitos tan costosos el dia de hoy se dexa de gozar" (Relación de Bachín) y permanecía solo como aldeas de Alarcón los de La Hinojosa, Olmedilla, Tébar, Gascas, El Picazo, Valhermoso y Honrubia.

Terminadas las contiendas civiles castellanas y perdida su importancia estratégica, la vida de Alarcón fue languideciendo entre sus muros, desmoronándose de forma progresiva a lo largo de los siglos, a pesar de las urgentes reparaciones que en ellos se hicieron cuando se pensó que volverían a ser necesarios, esto es, en el siglo XIX. La primera guerra carlista le devolvió guarnición militar, que permaneció aún algunos años después en forma de destacamento, más simbólico que otra cosa, para finalmente entrar en un periodo de abandono y ruina del que, casi milagrosamente podríamos decir, salió a mediados del siglo XX, cuando el castillo fue elegido por el ministerio de Información y Turismo para transformarlo en parador nacional y, al socaire de esta invención, proceder a la muy cuidadosa recuperación del espacio urbano, hasta quedar en la forma verdaderamente asombrosa y bellísima que hoy ofrece al visitante.

 Geografía

El territorio municipal comprende una superficie de 119,96 kms2, de topografía bastante llana, como corresponde a la zona manchega, salvo la extraordinaria hoz que excava el río Júcar precisamente al aproximarse al casco urbano.

El término es prácticamente llano, manteniéndose todo él a una altitud estable entre 800-850 metros, siendo el Cerro Alto, al oeste, con 893 metros, el punto culminante. El Júcar cruza el territorio en dirección NO a S; su primer tramo aparece embalsado, formando el pantano de Alarcón; a continuación entra en un terreno de calizas, que ha ido horadando para formar la impresionante y bellísima hoz que rodea totalmente el núcleo urbano; pasada la villa, el Júcar mantiene un curso sinuoso, pero ya de carácter abierto, entrando en La Mancha y permitiendo que sus aguas sea aprovechas para el riego. Por el término cruzan otros pequeños arroyos, como el Valencoso.



El Júcar, a su paso por Alarcón, forma una impresionante
y bellísima Hoz natural.

A los accidentes estrictamente naturales hay que añadir el pantano de Alarcón que, sin duda, representa un extraordinario y llamativo accidente paisajístico.

Hay que considerar dos enclaves aislados que Alarcón conserva como último recuerdo del enorme territorio del marquesado de Villena del que fue cabeza rectora. Uno de estos enclaves es La Losilla, una estrecha franja de terreno, de 536 has., en la ribera del Júcar, encajada entre los términos de Casas de Benitez y Casasimarro y en el que se encuentra la aldea que se llama también La Losilla; el otro enclave, al sur de la provincia, lindando ya con la de Albacete, es Monte de las Mozas, con una superficie de 816 has., junto a Casasimarro y Quintanar del Rey, incluyendo una casa de labor. Aparte estos lugares, dentro del término hay que citar también, como núcleo habitado, el poblado de Cerro de Tejeras. Otro enclave, la aldea de Casa del Olmo  fue segregada en 1861 para incorporarla a Villagarcía del Llano.

Población

En el censo de 1591 se registran 189 pecheros, 40 hidalgos y 8 clérigos, lo que hace un total de 237 vecinos “de los muros adentro”. En 1787 hay 665 habitantes, de los que 321 son varones y 344 mujeres mientras que el Censo de Godoy registra 329 vecinos. A continuación, los censos oficiales registran un incremento poblacional continuado: 683 (1843), 876 (1857) que se mantiene ligeramente estable, con algunas oscilaciones, en la primera mitad del siglo XX: 802 (1900), 895 (1940), 1258 (1950) para a partir de este momento emprender un rápido decrecimiento: 785 (1960), 422 (1970), 253 (1981), 227 (1991), 182 (2001), 148 (2017).

Como se ve por los datos recogidos en los censos, Alarcón no tuvo nunca excesiva población, aunque referencias indirectas (nada científicas) llegan a aventurar la presencia de unos seis mil habitantes y ello, suele decirse, explica la existencia de las cinco parroquias.

La realidad es bien diferente. La población, cualquiera que fuese la cifra aportada, siempre mediante cálculos muy aleatorios, se refiere a la totalidad de un alfoz inmeso e incluye, por tanto, no solo los habitantes albergados dentro de las murallas y a la sombra protectora del castillo, sino también todos aquellos distribuidos por aldeas y caseríos, a lo largo de muchos kilómetros cuadrados circunstancia que, a la vez, explica la existencia de las cinco iglesias.. Antes de que se inventaran las partidas de nacimiento existieron las de bautismo y ese fue, durante siglos, el único mecanismo de control demográfico. En el caso de Alarcón, cada parroquia no se refería sólo a su propio barrio, sino también a todas las aldeas que le habían sido adscritas y eso explica tanto el número de iglesias como la población que se les atribuye.

Ya Ponz aventura, a mediados del siglo XVIII, que la pérdida demográfica puede ser imparable: “Doscientos años hace tenía Alarcón seiscientos vecinos; y según la capacidad del sitio, y el antiguo cerco de las murallas, podrían caber dos mil; pero al paso que va, creo que los doscientos de ahora han de parar en menos de ciento” [Ponz, III, Carta 8ª, pág. 186], predicción ciertamente ajustada a la realidad. En resumen, los datos demográficos censales son los siguientes:

1857                876

1887                576

1900                802

1910                821

1920                856

1930                817

1940                834

            1950              1294

            1960                785     

            1970                403

            1981                271

            1991                227         

            2001                193

            2011                189

            2021                156


Economía

En el códice de 1728 que cita Torres Mena se mencionan como frutos del campo de Alarcón los granos, vino, azafrán y ganados lanares, yeguares y vacunos. En la actualidad se mantiene el carácter agrícola del término, ligado a los cultivos tradicionales (cereal, vid, girasol), además de la ganadería y la producción de lana; a todo ello se ha incorporado el turismo como importante foco de actividad económica.

El monte público Villa de Rocafort y Cuarto Pinarejo (CUP nº 269) es propiedad del pueblo, con una superficie de 545,4210 has

En el paraje Los Nuevos, que pertenece al término de Alarcón, pero que afecta también a los de Sisante y Casas de Benítez, se puso en marcha un proyecto de restauración ambiental que se presentó en el año 2003 y que se iba a desarrollar en la zona sur de la provincia, en este paraje. El proyecto, denominado "Plan de Rehabilitación Integral del Entorno Fluvial del Río Júcar y Creación de un Complejo Agroambiental”, nacía con un  presupuesto total de 174.401,61 euros. Sin embargo, 17 años después el proyecto sigue siendo un proyecto, pues “la sensación general es que todo quedó a medias; que fue una idea tan ilusionante, esperanzadora y ambiciosa como de fugaz efecto” a falta de una inversión importante y una apuesta decidida por el desarrollo de la iniciativa.

Sociedad y Cultura

Tuvo cinco parroquias; la de Santa María es la única que hoy mantiene el carácter parroquial, pero permanecen en pie otras tres iglesias: San Juan, la Trinidad y Santo Domingo, de manera que solo la quinta de ellas, la de Santiago (adscrita a la Orden de Santiago, de estilo gótico decadente, que ya en 1580 estaba sin cubierta), ha desaparecido por completo. La parroquia pertenece al arciprestazgo de Motilla del Palancar.

En el término se encontraban ermitas dedicadas a San Andrés, San Sebastián y San Marcos, todas ellas mencionadas en el siglo XVII. De la de Nuestra Señora de la Orden se conservan aún algunos restos, adosados al cementerio.

Dice Mateo López que "en el año de 1201 concedió el rey don Alonso el VIII a la Orden de Santiago algunas posesiones para Hospital de Redención en la villa de Alarcón, que subsistió hasta que se incorporó en el de Cuenca en tiempo y de orden de los Reyes Católicos" añadiendo que, según otras noticias -Antonio Suárez de Alarcón, en "Relaciones Genealógicas"- tal fundación pudo tener lugar antes del año 1194.

En la iglesia de San Juan Bautista el pintor Jesús Mateo ha desarrollado una importante intervención mediante un conjunto de pinturas murales aplicadas a la integridad de los muros.

Otra iglesia, la de Santo Domingo, fue restaurada con la intención de transformarla en centro cultural, pero no parece que semejante proyecto se haya desarrollada con el resultado inicialmente esperado.

Las fiestas patronales se celebran el 20 de enero, en honor de San Sebastián y el 14 de septiembre, dedicadas al Santísimo Cristo de la Fe.

El sendero PR 71 recorre la hoz del río Júcar ofreciendo unas impresionantes vistas tanto de la fortaleza como de las hoces y los bosques frondosos que pueblan la zona. Es un recorrido de carácter circular, de unos 7,5 kilómetros de longitud, que puede hacerse en un par de horas.

El casco urbano

La naturaleza y objetivos de este trabajo obligan a resumir y concentrar el poderosísimo caudal de noticias que genera la villa de Alarcón, susceptible, por sí misma, de llenar docenas de páginas y formar un libro en solitario. Nos encontramos no solo ante uno de los lugares de mayor belleza y encanto literario de la provincia de Cuenca, sino también con un poderoso caudal de arte y arquitectura. Intentaremos sintetizar todo ello.

Villa declarada conjunto de interés histórico artístico por Real Decreto 2140 de 03‑07‑1981 (BOE 21‑09‑1981) es, ciertamente, un enclave magnífico y monumental en su comprensión urbanística total, con una de las disposiciones topográficas más espectaculares, a la vez que atractivas, de toda la provincia de Cuenca. Se encuentra en las coordenadas 39,5467 N y -2,0862 O, a 840 metros de altitud, en lo alto de una enorme peña rocosa, casi totalmente rodeada por el río Júcar, que apenas si deja un pequeño espacio, a modo de istmo, por el que poder acceder al recinto. De esta manera, Alarcón era un lugar inaccesible, pero para aumentar este carácter, fue protegida por varias filas de murallas, aún bien visibles, a su vez defendidas por varios torreones adelantados. Para penetrar en el recinto amurallado existían algunas puertas, que mencionaremos más adelante. En el punto culminante de este peñasco, protegiendo todo el entorno, se situó el castillo y, a sus pies, la población humana desarrolló el caserío habitado. El gran peñascal tiene forma aproximadamente almendrada, con el castillo en el punto más oriental, formando un espectacular y atrevido saliente y la plaza mayor en el extremo occidental.



Plaza del Infante don Juan Manuel

Antonio Ponz describe la situación de la villa con mucha propiedad, asentando algunos conceptos que luego los demás viajeros se han encargado de repetir casi al pie de la letra: “La situación que tiene es sobre una roca, casi toda circuida del río Júcar, que forma un profundísimo tajo, mediante el cual queda separada de toda la campiña, de cuyo plano poco o nada se eleva la villa; de suerte que caminando hacia ella por donde yo fui, parece que está fundada en la llanura. Entra el río a cercarla por la parte más inclinada al oriente, y casi por allí mismo tiene su salida sin dejarle más que una estrecha entrada, la cual con la villa forma la figura de una sartén, a que está comparada con mucha propiedad” [Ponz, III, Carta 8ª, pág. 185] y más adelante se lamenta del estado casi ruinoso que ofrecía el lugar, bien alejado del que imagina para sus momentos de brillantez: “De esta villa no se ven sino casas y murallas caídas, que son triste memoria de lo que fue; y es sensible que poblaciones semejantes lleguen a tal estado” [Idem, pág. 191]. La situación hoy, afortunadamente, es muy diferente.

Durante la primera guerra carlista se implantaron los pretiles y saeteras para fusilería en la Torre del Campo, la Puerta de En medio y la del Bodegón. La iglesia de Santo Domingo fue habilitada como hospital de sangre hacia 1850, en previsión de que la segunda guerra carlista se extendiera por estas tierras. El proceso desamortizador trajo consigo la incautación de los bienes de las cinco parroquias y del municipio, lo que de paso arruinó a los renteros que entregaban sus tributos a las iglesias. Como consecuencia de ello, la estructura parroquial se redujo a una sola parroquia, la de Santa María, por Real Orden de 10 de octubre de 1841. San Juan y Santiago cesaron en la actividad religiosa en 1870 y Santo Domingo, después de aquella transformación en hospital, ya no volvió a abrirse al culto. En la Trinidad, el último bautizo se celebró el 22 de marzo de 1882 (noticias del párroco Luis Martínez Lorente).

Para llegar al núcleo que forma la población es preciso atravesar tres líneas amuralladas, a través de otras tantas puertas, todas ellas protegidas por las correspondientes torres alzadas sobre montículos inmediatos. Fuera del recinto, en el campo exterior, aún existen otros elementos defensivos, a los que se une la protección natural ofrecida por el encañonado río Júcar y los fosos que ayudaban a aislar el recinto. Con esa somera descripción es fácil comprender que la fortaleza de Alarcón, situada en el lugar más atrevido del enclave, era un elemento de enorme capacidad disuasoria en la estructura bélica de la Edad Media.

El casco urbano consolidado en la actualidad tiene su origen en la remodelación urbanística llevada a cabo por el marqués de Villena en el siglo XV. Tomando como eje de arranque la fortaleza, nacen tres calles paralelas que enlazan el castillo con la plaza mayor; a su vez, otras calles cortan en perpendicular a las principales, enriqueciendo el bello trazado de la villa que, aunque reconstruida y reformada, es capaz de suscitar la imaginación por su apariencia medieval. Impresión a la que anima, además, la existencia de numerosas casonas palaciegas bien lejos de la pesimista impresión que transmitió Madoz a mediados del siglo XIX: "Las 102 casas que la forman son malas, de un solo piso, pequeñas y lóbregas", afirmación que no tiene nada que ver con la belleza y el encanto del actual Alarcón.

En todo este juego desempeña un papel de gran importancia la Plaza Mayor, que lleva el nombre del Infante don Juan Manuel y que se encuentra situada en el punto más alto del pueblo. Se trata de una auténtica Plaza Mayor, en el amplio sentido de la palabra, con los elementos arquitectónicos imprescindibles: la iglesia, el ayuntamiento, una casa-palacio. Es de forma rectangular; volumétricamente la domina la iglesia de San Juan, pero estéticamente llama la atención la casa consistorial con soportales; ambos edificios forman ángulo, por lo que son perfectamente visibles cuando se desemboca en la plaza, que tuvo antiguamente un pósito, ya derruido. Otro elemento de interés es la Casa Rectoral (o Rectoría, simplemente), situada en la acera frontal al Ayuntamiento y a ellos se unen los demás edificios que, aún siendo de construcción moderna o reformada, se acomodan bastante bien al espíritu de este ámbito en el que no falta una sencilla fuente de moderna factura y un espectacular olmo.

El plano nos ayuda a comprender y visualizar la estructura urbana de Alarcón, por otro lado bastante simple: la recorren solo tres calles, de extremo a extremo. La del Doctor Agustín Tortosa es la central y, por decirlo en forma simple, la más importante, con la fachada principal de la iglesia de Santa María; a su izquierda, esto es, al N, pasa la del Capitán Julio Poveda, bordeando la iglesia de Santo Domingo y dejando entre las dos la fábrica completa de Santa María; a la derecha, o sea, al S de las anteriores, la calle de Álvaro de Lara. Hay una cuarta calle, la que sirve de acceso único a la villa, a través de las puertas de sus murallas y bordeando el castillo, con el nombre de la Trinidad y que pasa precisamente junto a la fachada de esta iglesia. Una quinta calle, de menor recorrido, sale de la Plaza Mayor y se dirige hacia el O, bordeando la Casa de Cultura, con el nombre de calle Posadas. Y finalmente queda otra calle más, pequeña, la de Alarico, apenas una travesía entre las del Doctor Tortosa y el Capitán Poveda.

El paseo por Alarcón es, en verdad, una experiencia estimulante y reparadora, digna de hacerse con preciosismo y detalle.

Patrimonio edificado

Dicho esto, que no pasa de ser una descripción muy general, pasemos a desmenuzar, en detalle, el espectacular contenido arquitectónico-artístico de la villa de Alarcón, iniciándolo por el castillo-parador y el recinto amurallado para pasar por la edificación interior civil y religiosa y terminar con los alrededores vinculados al río y la defensa militar.



El castillo de Alarcón es un excelente ejemplo de adaptación
a necesidades modernas

Castillo-Parador nacional de Turismo

El castillo es de origen claramente árabe; por ello se considera el más antiguo de cuantos edificios existen en España destinados a Parador Nacional de Turismo. Aunque esa estructura inicial musulmana se conserva, la fortaleza fue reconstruida por el marqués de Villena, en el siglo XV. Es de forma irregular, aunque sigue aproximadamente un perímetro triangular, uno de cuyos vértices avanza espectacularmente hacia el borde del farallón, apuntando hacia la entrada a la villa. En él destaca de forma poderosa la torre del homenaje, a cuyos pies de abre un hermoso patio central, con un ala porticada, que sirve de eje a las dos naves principales del edificio, ambas con arcos fajones y cubierta de viguería de madera. Todo el recinto conserva las almenas originales. La fábrica es de mampostería con sillares en las esquinas, arcos y parte de la torre.

Como ya se ha indicado antes, existen suficientes noticias sobre la existencia de un castillo en tiempos de los musulmanes, pero de esa época apenas sobreviven elementos. La construcción del actual es obra cristiana, levantada probablemente por Alfonso VIII pero restaurado con espíritu renacentista (la torre del homenaje, por ejemplo) por el infante don Juan Manuel y reformado nuevamente por el marqués de Villena. Siglos más tarde, completamente abandonado en cuanto a su conservación, la atrevida fortaleza ofrecía un aspecto deprimente, en avanzado estado de ruina, cuando en 1963 el ministerio de Información y Turismo promovió su expropiación (era propiedad de la familia Torrijos), para transformarlo en parador nacional de Turismo.

Previamente, en los años 1956 y 1957 ya se habían realizado obras de consolidación de los muros, las torres y la torre del homenaje, mediante proyecto técnico elaborado por el arquitecto José Manuel González Valcárcel. Con solo once habitaciones, el Parador de Alarcón es el más pequeño de los que forman la red nacional de paradores pero también uno de los más solicitados.

El castillo-parador de Alarcón fue declarado Bien de Interés Cultural con categoría de monumento, por decreto de la Junta de Comunidades de 28-02-1992 (DOCM 04-03-1992).

El recinto amurallado

El recinto amurallado de Alarcón formaba el gran entramado defensivo de la villa, a partir de la fortaleza; todavía son perceptibles restos de las tres líneas que constituían el sistema de protección del conjunto.

La primera y más interior es la mejor conservada; se origina en el propio castillo, del que se desprende en forma de V, cubriendo por completo el pueblo y bordeando los farallones rocosos que dan al Júcar; en este sector se conservan algunos elementos árabes y otros medievales, con la Puerta de la Bodega como vía de comunicación entre el exterior y el interior de la fortaleza. La segunda muralla tiene su origen en el borde inferior del castillo y muere junto a la Puerta del Calabozo (o de Enmedio). De la que fue tercera línea amurallada, la más exterior, permanecen en pie fragmento del lienzo y la Torre y Puerta del Campo, que formaban la línea avanzada; hacia el norte se alza, solitaria, la torre de los Alarconcillos y en la parte posterior o meridional, la torre y puerta de las Moreras o de Chinchilla completa la estructura defensiva, de la que han desaparecido por completo los puentes levadizos que permitían la comunicación entre las diversas líneas sobre el río.



Puerta de la Bodega

En cuanto a su configuración constructiva, se pueden apreciar notables elementos de la muralla árabe inicial, mientras que otros fragmentos con medievales cristianos y otros, sobre todo en la zona exterior, que corresponden a la época renacentista.

En las líneas de murallas se sitúan las puertas indicadas, comenzando a partir de la llegada a la villa:

Puerta del Campo, orientada en dirección a la torre avanzada del mismo nombre, que se encuentra en el exterior del recinto amurallado y es la primera que aparece a la llegada a la villa. La puerta es de arco de medio punto adovelado y sobre ella hay un escudo.

Puerta del Calabozo, situada junto a la torre de idéntico nombre y que sirve de acceso al segundo recinto o de Enmedio. La torre es de planta cuadrada en el sector interior y en forma de ángulo apuntado hacia el exterior, y no muy alta. Fue construida por orden del Infante don Juan Manuel, en el siglo XIV, para reforzar las defensas adelantadas. Tiene diversas ventanas y una puerta de medio punto.

Puerta de la Bodega, situada debajo del castillo y que sirve de comunicación entre el primer y el segundo recinto. Es un arco de medio punto que se prolonga en un fragmento de muralla para unirse al castillo; en la clave se encuentra un escudo antiguo, no identificado. A partir de este punto, la muralla se diversifica en dos para envolver todo el casco de la villa.

Puerta de la Traición, situada también bajo el castillo, semioculta. Esta es una falsa puerta hacia el río y se encuentra entre el primer y segundo recinto, por un pequeño camino lateral orientado hacia el Júcar. Un poco antes de llegar a ella hay otra puerta falsa, de medio punto, que actualmente solo es un mirador, una gran ventanal, hacia el río.

Puerta del Río, de Tebar o del Henchidero, situada al norte del recinto, para comunicar éste con el puente y torre del Cañavate.

Puerta de las Moreras, de Chinchilla o del Picazo, al sur, enlazando con el puente que tiene los mismos nombres. Es la más escondida de las cinco que forman el recinto amurallado. Por esta puerta discurría, antes, una de las vías romanas intermedias, la que iba de Valeria a Pozoamargo. Al otro lado del río debía haber una torre defensiva, puesto que aún se aprecia en la roca la señal correspondiente. Chinchilla, hoy en la provincia de Albacete, era la fortaleza más importante situada al sur de Alarcón, a la que fue incorporada como aldea, en 1241, por Fernando III

Otra puerta, llamada del Cañavate desapareció a comienzos del siglo XX. Se encontraba orientada hacia la torre de Los Alarconcillos. Más tarde, en la década de los ochenta, se perdió un fragmento de la muralla de tapial que originalmente estaba unida a esta puerta.


Torre de Los Alarconcillos

Enfrente del recinto urbano y por tanto fuera de las murallas se encuentran cuatro poderosas torres aisladas: la del Campo, la del Cañavate, la del Calabozo y la de Alarconcillos, siendo esta última de una sorprendente y originalísima configuración.

Torre de los Alarconcillos. De planta cuadrada, con una torre semicircular en cada esquina y una más alta en el centro, se encuentra frente a la villa, dominando los meandros del Júcar. La planta está formada por un círculo central y cuatro secantes, forma realmente original de disponer una torre militar, cuestión a la que se ha querido encontrar alguna significación esotérica, vinculada con los templarios. Se puede acceder a la zona superior por medio de una escalera de caracol. La entrada a la torre se hace por una puerta que tiene un arco de medio punto y, sobre ella, una ventana. A pesar de que resiste, es evidente el deterioro que se está produciendo en ella. Fue levantada por orden del Infante don Juan Manuel, a partir del mes de mayo de 1324.

Torre del Campo. Es la primera que puede verse, aislada, cuando se llega al pueblo por la carretera, situada sobre un cerro, en el centro de su propio recinto defensivo, con una plaza de armas. La planta es pentagonal y a ella se puede entrar por una puerta situada a cierta altura del suelo, por lo que existe una escalera previa para subir hasta allí. En las distintas paredes de la torre hay varias ventanas, siendo las superiores de estilo gótico, labradas en piedra. Era, muy previsiblemente, el primer control para entrar a la fortaleza y por ello contaba con un puente levadizo, del que hoy no queda ninguna señal y que daba directamente a la ya mencionada Puerta del Campo, que se encuentra por debajo de la torre, formando ahora una abertura para que por ella pase la carretera de acceso.

Torre del Calabozo o de Enmedio. Menos adelantada que la anterior, servía para garantizar el paso al segundo recinto (de enmedio). Es de planta octogonal, y no muy alta. Fue construida por orden del Infante don Juan Manuel, en el siglo XIV, para reforzar las defensas adelantadas. Tiene diversas ventanas y una puerta de medio punto, con un escudo inscrito en la clave

Torre del Cañavate.

Situada en la parte adelantada del recinto amurallado, tiene planta cuadrada y está rodeada por su propia muralla defensiva. Se encuentra al N del casco urbano, al otro lado del río Júcar y por su disposición en la intersección de varios caminos prestaba una clara utilidad de control de viajeros y percepción de tributos.

El recinto amurallado de Alarcón fue declarado monumento histórico-artístico por Decreto de 22‑04‑1949.

El recorrido urbano

Alarcón es uno de los lugares que ofrece más agradable recorrido a pie, contando con que sus reducidas dimensiones lo hacen muy asequible durante un tiempo no excesivo, lo que facilita sobre manera el sosegado paseo por sus calles que, como hemos explicado antes, son tres en disposición paralela para comunicar la Plaza Mayor con el Castillo-Parador, con algunas pequeñas ramificaciones.

A lo largo de este recorrido se pueden encontrar, aparte los edificios singulares que se detallan a continuación, un elevado repertorio de casas señoriales, algunas realmente antiguas y restauradas, otras construidas de nueva planta pero con respeto a la estructura general. En ellas se sitúan valiosos ejemplares de portalones, escudos y rejería tradicional que contribuyen a proporcionar una espléndida visión del conjunto de la villa, que se completa con la posibilidad de ver repetidamente el impresionante paisaje que configura el río Júcar en su tarea envolvente del espacio urbano.

Ayuntamiento



Situado en la Plaza Mayor o Plaza del Infante, es un edificio de planta rectangular, que tiene otros elementos adheridos por la parte de atrás. Construido inicialmente en el siglo XVI, tiene dos plantas, llamando especialmente la atención el pórtico de cinco arcos carpaneles que forma la inferior, con apoyo en seis capiteles y cuatro basas originales, con otras dos de nueva construcción; en el segundo piso hay cinco ventanas. Ambos se comunican por una escalera interior, mientras que la cubierta del edificio la forma un tejado a cuatro aguas, rematado con pináculos. En el pórtico, en la parte interior, hay una puerta cegada, con arco de medio punto y enjutas decoradas. Son visibles dos escudos nobiliarios.

Casa parroquial o Rectoral.

Casa-palacio del siglo XVIII, situada en la Plaza del Infante don Juan Manuel, número 7, frente al Ayuntamiento. Es un excelente ejemplo de arquitectura popular, con sus elementos dispuestos de manera ordenada y regular en dos plantas; en la primera llama la atención la portada, barroca popular, con un magnífico dintel de piedra, con pilastras adosadas que sostienen un arquitrabe rematado con pináculos adosados y a cada lado de la puerta, una ventana con rejería, con otras dos más pequeñas en lado izquierdo; en la segunda planta hay otras tres ventanas enrejadas, con un escudo en fachada y, sobre ella, la cubierta a dos aguas. En 1997 fue abandonada por el párroco, ante la situación de deterioro de sus dependencias, lo que derivó en una intervención reparadora impulsada por el Estado, que le ha devuelto seguridad y prestancia.

Iglesia de Santa María

Al llegar a este punto considero obligada la mención, el recuerdo, al gran artífice de la recuperación de la iglesia de Santa María y de gran parte del patrimonio arquitectónico de Alarcón, el cura párroco Luis Martínez Lorente. Todavía unas semanas antes de su muerte tuve ocasión de volver a oír, como tantas otras veces, sus apasionadas palabras sobre la iglesia a la que prácticamente dedicó toda su vida y aún un par de semanas antes de morir volvimos a hablar telefónicamente sobre un encargo que le había hecho, para que preparase un texto que me ofrecí a editarle, dedicado monográficamente a Santa María. La muerte impidió que pudiera cumplir ese compromiso.

Sin exageración alguna, este es uno de los más valiosos elementos del patrimonio edificado de la provincia de Cuenca y aún del conjunto de España. A diferencia de lo que sucede en la mayor parte de las iglesias conquenses, esta se trata de un edificio construido íntegramente nuevo, sin haberse respetado ni un solo fragmento del románico o gótico que existió antes, pues la iglesia original se había levantado a principios del siglo XIII, como las otras iglesias de la villa que, éstas sí, conservan elementos primitivos. Se encuentra ubicada en la calle principal del lugar, que comunica el Ayuntamiento con el castillo y ofrece uno de los primeros ejemplos del Renacimiento en Cuenca.

Posee una de las más impresionantes portadas de toda la región. Orientada al sur, es renacentista plena, de estilo plateresco y es más que posible que en ella se encuentre oculta la mano de Esteban Jamete, que trabajó en Alarcón hacia el año 1555. Chueca apunta el hecho evidente de que recuerda los arcos de triunfo romanos; se trata, en efecto, de un arco de medio punto saliente, poblado por una auténtica orgía de relieves de excepcional detallismo y finura; el arco se apoya en dos columnas a cada lado con fustes estriados, coronadas con capiteles de extraordinaria delicadeza, que soportan un entablamento con tres hornacinas. Dentro del arco, cubierto con una bóveda de cañón formada por casetones, se sitúa la puerta de la iglesia, flanqueada a su vez por otras dos parejas de columnas de orden corintio y dos hornacinas de concha entre cada intercolumnio; sobre la cornisa que las enlaza por la parte superior hay adornos y pequeñas figuras infantiles que reproducen las insignias de la Pasión. Sobre esta estructura hay un segundo cuerpo arquitectónico, con dos columnas estriadas y adornos y remate de frontón triangular, con profusión decorativa a base de flores, vegetales, guirnaldas y medallones, aunque ya no existen las imágenes que debieron ocupar las siete hornacinas. Todo en esta maravillosa obra de arte recuerda el arte helénico o, como dice el Catálogo monumental de la diócesis "es un auténtico retablo renacentista tallado en piedra" y suscitó la expresión de un “verdaderamente magnífica en palabras del prudente Antonio Ponz.

            Hay otra portada en la fachada norte (orientada hacia la plaza de Santo Domingo), menos brillante que su hermana del sur, pero igualmente atractiva. Se forma mediante un arco de medio punto abocinado, con decoración es mucho más austera que la otra portad.

            El volumen del edificio es muy notable, así como su altura, dato a tener en cuenta para valorar la importancia de la villa de Alarcón en el momento de su construcción, con fábrica de sillar en las esquinas, sillarejo en el atrio y mampostería el resto. Hay varias ventanas ojivales visibles en las tres fachadas exentas.

            La iglesia es de planta de salón, de tres naves, con cuatro capillas más la sacristía, que ofrecen la amplitud de espacios que es posible adivinar desde el exterior, al contemplar las poderosas proporciones de la obra. Hay cuatro columnas centrales y otras doce columnas periféricas adosadas a los muros. Las naves tienen bóvedas de crucería, que van a encontrarse en esas columnas como prolongación a las nervaduras (es decir, no tienen capiteles, lo que viene a ser una solución originalísima) formando así una vistosa sucesión como bosque de palmeras, mientras que en el crucero hay bóveda estrellada con medallones. El ábside es poligonal, de cinco lados, con nervaduras en una semicúpula.



El impresionante retablo de la Iglesia de Santa María

En el interior del templo destaca especialmente el colosal retablo mayor, formado por una serie de pequeños retablos, cada uno con su correspondiente hornacina con esculturas y relieves que reproducen escenas de la vida de Cristo y la Virgen María. Se sabe documentalmente que lo inició Esteban Jamete y que a su muerte, en 1565, lo continuaron oficiales de su taller. Fechado en 1572, tiene cuatro cuerpos más el superior o copete, y tres calles verticales en cada uno de ellos, a las que hay que añadir otras dos calles por cada lado, con capillitas rectangulares en la actualidad vacías, aunque según el testimonio de Ponz contenían bajorrelieves con los mismos asuntos ya indicados. En el centro se encuentra el sagrario, en madera de nogal, fechado en 1551, obra de Esteban Jamete, aunque fue remodelado en el siglo XVIII y parcialmente destruido durante la guerra civil. Como sintetiza Pedro Miguel Ibáñez, “tanto la imaginería como el repertorio iconográfico son riquísimos en los relieves de los encasamentos y en la mazoneria, todo ejecutado a un alto nivel”.

En el primer cuerpo de la iglesia se encuentran varias capillas. Destaca en especial la situada en el muro norte, de la familia Peralta, plateresca, con acceso por un gran arco triunfal de medio punto y que contiene un hermoso retablo plateresco. Se encuentra justo frente a la entrada principal de la iglesia, en la nave de la derecha y la cubre una cúpula de media naranja sobre pechinas y la cierra una excelente reja de forja tradicional. También es interesante la sacristía, situada a la izquierda del presbiterio, de planta cuadrada, con bóveda plana y una colección de estucos sobre los reyes de Judá, obra del siglo XVIII.

Al pie hay un coro de madera que se extiende a lo largo de las tres naves; la construcción de este elemento se atribuye a José Martín de Aldehuela, en el siglo XVIII. Conserva un órgano interesante, restaurado, en una planta superior del coro, con subida por una escalera y varias piezas artísticas.

En la parte izquierda se encuentra una pila bautismal plateresca, de 1551, en el interior de un templete barroco popular policromado, posiblemente del siglo XVII o comienzos del XVIII

Fue declarada monumento histórico‑artístico de carácter nacional por Real Decreto de 02‑11‑1988 (DOCM de 15‑11‑88). Por cierto: el documento oficial insiste en llamarla Santa María del Campo, nombre que nunca tuvo ni corresponde a esta iglesia. Como si la decisión del gobierno de la nación no tuviera validez, el Consejo de Gobierno de Castilla-La Mancha volvió a declararla monumento en su reunión del 19 de febrero de 1992, ocasión en la que volvió a reiterar el error de añadirle "del Campo".

 


Iglesia de Santo Domingo, restaurada para servir de
auditorio y centro cultural

Iglesia de Santo Domingo de Silos

De estilo tardo‑románico, conserva de la primitiva obra la portada protogótica, abocinada, con cuatro arquivoltas, jambas de tres columnas y capiteles de tronco de cono invertido y líneas superficiales estriadas, que se unen para formar arcadas y el ábside, semicircular, con ventana aspillera en la parte central, también recuerdo de sus orígenes románicos. La torre es de planta cuadrada y estilo renacimiento, con tres cuerpos, teniendo el superior dos huecos de arco de medio punto en cada cara y una cornisa de separación entre cada cuerpo y bajo el alero. La construcción es de mampostería, con sillares en las esquinas. En el siglo XV se le añadió una capilla y en el XVI se le aumentó la altura original, a la vez que se le adosaba la torre y en el XVIII se le añadieron unos revestimientos interiores sustituyendo la bóveda de cañón por otra de arista, pero de esta aportación sólo se conservan el arranque de los arcos fajones y las paredes originales de la nave, con los arcos formeros.

En el siglo XVI se realizó una gran transformación estructural, cuando en el lado del evangelio se abrió una capilla cuadrada decorada con baquetones y elementos propios del gótico isabelino, con cuatro nervios que arrancan de cada uno de sus ángulos para formar un triángulo en la bóveda y en el lado de la epístola se modificó la sacristía. A ello se añadió la torre, con lo que se rompió definitivamente la proporción implantada por el románico, tarea que se completó con la instalación de un retablo, obra de Diego de Tiedra.

Todo ello volvió a ser modificado durante el barroco; la cubierta de madera fue sustituida por otra de medio cañón, sostenida por arcos fajones sobre pilastras; la sacristía recibió una cúpula sobre tambor y se incorporó en todo el templo abundante yesería propia de la época ocultando así los restos de piedra o madera.

No siempre estuvo dedicada al culto, puesto que fue utilizada como albergue‑cuartel por las tropas del archiduque Carlos durante la guerra de Sucesión y fue hospital de sangre durante las guerras carlistas, sobre todo tras la terrible batalla de Villarrobledo. A comienzos del siglo XX se encontraba ya prácticamente en ruinas, de manera que de la estructura interior apenas se conservaban los arcos fajones y las paredes de la nave, mientras que de las bóvedas sólo se podía apreciar el tercer tramo, de arista. El ministerio de Cultura convocó en 1986 un concurso de proyectos para promover la recuperación del edificio, destinándolo a centro cultural. Fue ganador el trabajo presentado por el arquitecto Joan Roig, que proponía una rehabilitación a partir de principios modernos, incluso con utilización de materiales de reciente implantación ‑hierro, plástico‑, propuesta que motivó una cierta polémica con el sector "arqueológico" de la cultura regional, decidido partidario de la conservación a ultranza de las ruinas existentes. Finalmente las obras se hicieron y la iglesia así recuperada cumple hoy una función social y cultural en Alarcón como auditorio.

Monumento histórico-artístico, declarado por el Consejo de Gobierno de la Junta de Comunidades el 19-02-1992, mediante el Decreto 20/1992 (DOCM nº 17, de 04-03-1992).

 Iglesia de San Juan Bautista

            Situada en la Plaza Mayor, en orientación perpendicular al Ayuntamiento. Fue construida en el siglo XVI y prolongada en el inicio del siguiente, sobre una iglesia anterior, de estilo románico, perceptible en el torreón situado al pie, que fue mantenido como resto de la fábrica anterior. La obra actual es de mampostería, con sillares en las esquinas y en su solidez y austeridad proclama la llegada del barroco como severa reacción a la elegancia formal del renacimiento. En su fachada principal destaca la bellísima portada, herreriana, con dos pilastras dóricas en cada lado para recibir el arco de medio punto en cuyas enjutas se inscriben las imágenes de San Juan y El Salvador en bajo relieve; por encima hay un frontón partido, en cuyo eje se sitúa una hornacina de concha (falta la imagen que debió existir. La torre está adosada a los pies, conserva gárgolas muy destacadas y culmina con un campanario en forma de espadaña lateral; fue incorporada al templo en el siglo XVIII.

            En el interior tiene una sola nave, dividida en cuatro tramos y cubierta con bóveda de cañón que apoya en pilastras laterales; una cornisa decorada con dentículos corre en el arranque de los arcos, a lo largo de toda la nave; los contrafuertes sirven para formar interiormente varias capillas laterales que ocupan los cuatro cuerpos resultantes. El presbiterio se halla en posición elevada a la que se llega por dos escalones y termina en ábside plano, cubriéndose con media bóveda de arista. La iglesia fue restaurada en 1968 y en la actualidad ya no se dedica al culto, careciendo por completo de imágenes u ornamentos en su interior.


Pinturas murales en San Juan: una solución de arte moderno
para un templo antiguo

 La iglesia de San Juan Bautista en Alarcón fue elegida por el entonces joven artista Jesús Mateo para desarrollar un proyecto ciertamente original, retomando la antigua técnica de la pintura al fresco aplicada a los muros y bóvedas de las iglesias. De esa manera, el 29 de agosto de 1995 se presentó en Cuenca el proyecto de elaboración de unas pinturas murales, que habrían de decorar los muros interiores de este templo. Para la financiación de la obra se constituyó una asociación promotora, de carácter privado. Las obras comenzaron inmediatamente, mientras a su amparo se desarrollaron sucesivos actos de promoción, tanto en Alarcón como en Cuenca y otras ciudades. El propio autor del proyecto lo explica de la siguiente manera: “La obsesión por envolver interiormente el cubo, por inundar de formas curvas y de color el recinto, ha generado un complejo concepto donde la naturaleza constituye el germen de todo el desarrollo posterior. Un proyecto donde el mundo animal, el mineral y el vegetal se fusionan conformando la unicidad espacial de todo el programa pictórico”. El 3 de diciembre de 1997 la Unesco concedió su patrocinio oficial al proyecto. En ese momento, el artista ya había introducido sustanciales cambios en la idea inicial, obligado a ello por las circunstanciales reales del trabajo mientras que, simultáneamente, la asociación formada en su entorno lograba sorprendentes y espectaculares adhesiones como las de Fernando Arrabal, Gustavo Bueno, Francisco Nieva, rosa Montero, José Hierro, etc. En el año 2000 se introdujo un cambio formal en la estructura del grupo promotor, para transformarlo en Fundación. El trabajo del artista fue evolucionando en los años siguientes y finalmente quedó terminado en 2005, procediéndose a la inauguración oficial de las pinturas el 11 de junio.

 


Bajo la torre de la iglesia de la Trinidad
pasa el Arco de la Villa

Iglesia de la Santísima Trinidad

Es la primera que se encuentra, en la subida al pueblo. Está cerrada al culto y para visitarla es necesario gestionar la entrada, a través de los guías turísticos que tienen su oficina en la calle Agustín Tortosa.

Se trata de un edificio construido en dos partes, una en el siglo XIII y otra a comienzos del siglo XVI, en mampostería, con sillar en las esquinas. La portada es verdaderamente espléndida, además de llamativa por su espectacularidad. De estilo plateresco, tiene un antecuerpo de planta rectangular y bóveda de crucería, que con pilastras sirve para enmarcar el vano de la puerta, adintelada, con columnas corintias a cada lado y sobre ellas el entablamento coronado por un frontón triangular decorado, con un tímpano de tres nichos que quedan enmarcados por columnas y su entablamento. Todo el conjunto está muy decorado con grutescos propios de la época.

Adosada a la nave antigua de la iglesia se encuentra la torre, de tres cuerpos, el inferior preparado para permitir el paso de las personas (se le llama Arco de la Villa) y también la entrada al templo por una pequeña puerta lateral de arco de medio punto, con un frontón sobre modillones, partido por un círculo rematado con una cruz. En el segundo cuerpo de la torre podemos ver una pequeña ventana con alféizar y en el superior un hueco en cada una de sus caras, formado por arcos de medio punto, para alojar otras tantas campanas. Como remate, hay un pequeño cuerpo que forma balaustrada y sobre él, el tejado a cuatro aguas.

En el interior encontramos una iglesia de planta rectangular, de dos naves; la primera de ellas corresponde al siglo XIII y posiblemente estuvo cubierta en sus orígenes por una bóveda ojival, según se puede adivinar por los arranques de los muros; la otra nave, la del evangelio, es del XV, época a la que también corresponde la bóveda de la primera por lo que es fácil suponer que la ampliación formó parte de una amplia remodelación del templo. Ambas bóvedas son de aristas y se apoyan en arcos formeros y fajones apuntados. Hay un gran arco triunfal para acceder al presbiterio, con decoración de relieves en las dovelas y jambas. Junto a la nave principal hay dos capillas pequeñas y adosada al primer tramo del templo se encuentra otra mucho mayor, la capilla de los Villena, del siglo XVII, cubierta de cúpula, con pilastras dóricas en la embocadura y que tiene un magnífico altar renacentista, en piedra.

Casa de los Castañeda


En la calle de Julio Poveda, número 25, se encuentra este inmueble de llamativa portada de arco de medio punto adovelado sobre columnas adosadas que sujetan un friso muy decorado con escudos y figuras. Sobre la cornisa hay una ventana enmarcada por pilastras y, a sus lados, remates de volutas invertidas y pináculos y coronación de un entablamento también rematado por pináculos. En lo más alto, un medallón reproduce un relieve de figura humana. Es obra de Esteban Jamete, el gran arquitecto del Renacimiento en Cuenca.

Ermita de Santa María de la Orden


Se encuentra dentro del cementerio, nada más cruzar la puerta de entrada, a la derecha; construida a finales del siglo XII, sólo permanecen en pie el ábside románico semicircular, parte del muro de la nave y una puerta tapiada, de arcos apuntados. Originalmente formó parte del hospital de Peregrinos de la Orden de Santiago, fundado en 1190. En el ábside se observan algunos canecillos con antropomorfos, ejemplares únicos junto a los similares existentes en Albalate de las Nogueras y Santa María de Llanes. Aunque no hay datos absolutamente ciertos, se puede deducir que, al producirse el progresivo despoblamiento de la villa, el hospital fue abandonado y con él la iglesia, que entró en proceso de ruina hasta llegar al hundimiento de la techumbre. En su entorno se habilitó el cementerio y de esta forma los restos de la iglesia se le incorporaron, como ocurre con el ábside y la portada sur. A la salida del camposanto es posible acercarse al límite superior de los espectaculares farallones de la hoz del Júcar, bordeando el cerro donde se asienta la villa.

Patrimonio industrial

Presa del embalse

Destacada obra de ingeniería, construida para retener las aguas del río Júcar y formar el embalse o pantano de Alarcón, alcanza 67 metros de altura sobre cimientos, con 317 metros de largo y 9 de anchura. Cuenta con tres aliviaderos, con rampas entre cuatro contrafuertes, con una capacidad de vertido de 1.750 m3 por segundo. Sobre ella cruza la carretera N-III (Madrid-Valencia), pasando el río por debajo, a través de un túnel de 415 metros.

Patrimonio caminero

Puente de Tébar, del Cañavate o del Henchidero

Situado al N de la villa, en él se ha querido encontrar un posible origen romano, si bien su definitiva configuración se produjo cuando el infante don Juan Manuel lo incluyó en el conjunto de fortificaciones de la villa. Fue una de las tres vías de acceso a Alarcón, utilizándose como paso habitual para el ganado de la Mesta. Se trata de un puente de vano único, adovelado, con el tímpano de mampostería irregular y pretil de sillería, que se apoya directamente sobre las rocas de la hoz del Júcar, debajo directamente del castillo. A lo largo del siglo XX se fueron produciendo deterioros en su estructura, en especial en la parte que recibe el empuje del agua, con hundimiento de parte del pretil y el camino. En abril de 1987 comenzaron unas obras de restauración, por parte de Hidroeléctrica Española, que devolvieron al puente su aspecto habitual. Junto a este puente estaba hasta el siglo XIX el molino de las Cinco Piedras.

 


Puente de El Picazo o de Chinchilla

Puente del Picazo o de Chinchilla

Puente de un sólo ojo de medio punto, todo él de sillería, que salva el río Júcar al sur de Alarcón para permitir la entrada al recinto amurallado por la puerta de las Moreras o de Chinchilla. El historiador Miñano le atribuye un origen romano, pero no parece posible tal cosa, al menos en su actual configuración, de clara influencia musulmana, si bien pudiera ser una reconstrucción realizada en los siglos VIII-IX sobre otro anterior del que no ha quedado ninguna traza.

 

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www.aytoalarcon.es

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