LA TRIBUNA DE CUENCA

 

Con este título viene publicándose en Cuenca un periódico que ha experimentado diversas alternativas a lo largo de los años, hasta el punto de que en buena medida se puede considerar que han sido medios diferentes, aunque entre todos ellos se produzca una continuidad, como veremos a través de sus diversas etapas.


La Tribuna, núm. 1, 24-10-1997

Primera etapa

El 24 de octubre de 1997 apareció una nueva cabecera informativa, La Tribuna de Cuenca, similar a las ya existentes en Albacete y Ciudad Real. Subtitulado "Diario Independiente", como suelen hacer casi todos los periódicos, a pesar de que es muy dudoso que lo sean de verdad, aparece editado por una empresa indefinida: Ediciones Periodísticas de Cuenca S.L. (Epecu), cuyo presidente es el conocido abogado del Estado Arturo Pastor, que aparece aquí encabezando una operación en la que se engloba el Partido Popular, la organización empresarial agraria Asaja y Caja Castilla-La Mancha, si bien todos ellos ocultando su presencia en la empresa, según es también inveterada costumbre.

La redacción, que es lo que aquí interesa más, quedó formada por cinco inexpertas y desconocidas criaturas, todas ellas mujeres: María Ángeles Sánchez Vicente como directora; Alicia García Alhambra, redactora jefe; e Inmaculada Salas Díez, María Ángeles López Valle y Noelia Campos Sánchez todas ellas sin ninguna experiencia ni conocimiento de Cuenca, lo que se tradujo, desde el comienzo, en incontables confusiones por lo que debieron asumir como primer y delicado trabajo, aprender a conocer lo antes posible el enrevesado mundo informativo conquense y, lo que es más interesante, la realidad de la ciudad. Meses después se incorporó a la redacción José Luis Muñoz Sánchez mientras que Nicolás Serrano se hizo cargo de la dirección.

El periódico, de formato superior a lo habitual, aparece claramente dividido en dos bloques: el central, elaborado para las ediciones conjuntas de Ciudad Real y Cuenca (región, nacional, internacional, sucesos, deportes) y el envolvente, con información propia.

El primer número, claramente engordado con artículos de políticos de todos los pelajes, ofrecía ya dos puntos a la consideración crítica. En primer lugar, el increíble titular con que se abría la primera página: "Los ancianos de Cuenca tienen problemas adicionales de atención" (que, complementado con los inocuos temas de los números siguientes, definía ya la total blancura del medio); en segundo lugar, un hecho sorprendente: en ninguna de las 48 páginas aparece la menor alusión, noticia, información o artículo sobre Cultura. Eso, en la ciudad que, por encima de todo, quiere ocupar un lugar de honor en el ámbito de la cultura, el ocio y el turismo.

A comienzos de 1998 abandonaron la redacción Ángeles López y Noelia Campos, entrando Laura del Castillo y Carlos Mañas.

El 5 de mayo de 1999 Nicolás Serrano pasó a ocupar la figura de “editor” apareciendo en la cabecera, como nueva directora, el nombre de Marisa García, totalmente desconocida en los ámbitos locales de la profesión. De la cabecera desaparece el nombre de Nicolás Serrano en diciembre 2000. A partir del 27 de ese mes aparece como editora Alicia García Alhambra.

Segunda etapa

El 31 de octubre de 2002 se anuncia que la empresa Promecam ha comprado el 53,27% de La Tribuna de Albacete, única cabecera que no formaba parte del grupo que, de esa manera, completa su estructura regional. El comunicado va acompañado de la inevitable noticia sobre el propósito de acometer “un proceso de mejora de todos y cada uno de ellos para abordar un proyecto de prensa regional que estaban demandando los ciudadanos de Castilla-La Mancha”.

La Tribuna modificó su estructura empresarial y la presentación tipográfica, con un notable paso adelante, a partir del 4 de diciembre de 2002. Antonio Miguel Méndez Pozo se presentaba en el comentario editorial como editor, encabezando un nuevo grupo empresarial, Promecam (Promotora de Medios de Castilla y León), con cabeceras similares en las cinco capitales castellano-manchegas, Talavera y Puertollano. La nueva empresa tiene su sede en Burgos y edita periódicos en cuatro comunidades autónomas, entre ellas Castilla-La Mancha, con cabecera en todas las capitales.

En el aspecto redaccional, se mantenía a Alicia García Alhambra como directora. No hay ninguna referencia al lugar de impresión pero se supone que los talleres se encuentran ubicados en Burgos. Sin embargo, a pesar de la similitud en las denominaciones, cada periódico tenía su propia personalidad e independencia, sin que entre ellos hubiera algún tipo de relación informativa.

La empresa Promecal fue fundada en Burgos por el empresario de la construcción Antonio Miguel Méndez Pozo, que promovió la aparición de cabeceras provinciales en el territorio de Castilla y León, de donde pasó a implantar una acción similar, empezando por La Tribuna de Albacete y seis años después La Tribuna de Ciudad Real, en ambos casos contando con apoyo en varios empresarios locales, a lo que añadió como tercera cabecera La Tribuna de Cuenca. Sin embargo, a pesar de la similitud en las denominaciones, cada periódico tenía su propia personalidad e independencia, sin que entre ellos hubiera algún tipo de relación informativa.

Esta nueva situación empresarial dio consistencia al grupo regional, incluyendo una mayor solidez económica y un aumento en la plantilla, con la natural repercusión en la calidad informativa. Desde el comienzo, y a pesar de abanderar la idea de “independencia”, el periódico estuvo claramente alineado con el Partido Popular, pero siempre fue por detrás de su potente competidor, El Día de Cuenca, cuya estructura era claramente muy superior lo que se reflejaba diariamente en una mayor influencia social e informativa. Situación que finalmente llevó a la empresa editora de La Tribuna a presentar en mayo de 2009 un expediente de regulación de empleo que llevó al cierre total de la edición de Cuenca, con lo que la provincia volvió a quedarse sin ningún periódico diario.

El 23 de julio de 2009 apareció por última vez la cabecera de La Tribuna de Cuenca, confirmándose así la realidad del ERE presentado por la empresa a comienzos del mes de mayo, en que anunció por esa vía indirecta (en realidad, nunca hubo un comunicado efectivo de cierre y cancelación de la cabecera) la desaparición de las ediciones de Cuenca y Guadalajara, ambas de nula rentabilidad económica y, por lo que se refiere a la conquense, de escasísima influencia social y política. Debemos considerar, por lo que a este caso se refiere, el efectivo fracaso de una política empresarial que durante los últimos años había encontrado en el sector de la Prensa un fácil caldo de cultivo en el que hacer negocios fáciles, con escaso riesgo, puesto que esta cabecera, como otras muchas en todo el país, no respondía a una específica consideración del periodismo como empresa, sino a un procedimiento inversor para distraer capitales procedentes o generados en otros sectores (la construcción, de manera predominante) y con ellos dar forma a un mecanismo de influencia y presión sobre los medios políticos, en especial los locales y regionales.

Con el cierre, 25 trabajadores perdieron sus puestos de trabajo y esa fue, sin duda, la parte más cruel y negativa de la operación. El periódico fue despedido, curiosamente, con un artículo del director de El Día de Cuenca donde, que yo sepa, jamás en doce años se había mencionado el nombre de La Tribuna de Cuenca, ni mucho menos había mantenido ningún tipo de relación o coexistencia, fuese pacífica o conflictiva, con quien ejercía la competencia. En esta ocasión, Santiago Mateo Sahuquillo cumplía el trámite de lamentar el cierre del otro periódico, respetando la decisión empresarial que lo motivaba.