EL LIBERAL (1909

 


El Liberal, núm. 1, 29-12-1909

Periódico fundado en diciembre de 1909, por Leopoldo Garrido Romero y que, como su título proclama con total evidencia, asume la ideología liberal como soporte político y que hay que valorar como iniciativa directa y personal de quien habría de ser también su director, el abogado Leopoldo Garrido Romero.  En contra de lo acostumbrado, no figura un subtítulo explicativo sobre su orientación ideológica o propósitos, pero sí un dato importante: “Se publica los miércoles y sábados”, lo que quiere decir que era un bisemanario, aunque a lo largo de su vida fue alternando periodicidad, pues hubo etapas en que fue semanario y en otras, incluso, diario.

Como dirección social figura la calle Caballeros, 13, que corresponde exactamente al domicilio familiar de los Garrido, pero se diferencia de la administración, localizada en la calle Quince de Julio, 26, 2º; el precio de un número ordinario es de 10 céntimos y la suscripción mensual, 0,75 pts. y en la provincia 2,50 al trimestre.

En la primera página del primer número se incluyen varios textos en que el periódico quiere declarar sus intenciones. Hay en primer lugar, en la entrada de la página, una serie de “Advertencias” ciertamente curiosas. Por ejemplo “El Liberal no establece la venta en la calle de ejemplares sueltos. El que desee adquirir alguno, puede solicitarlo en la Administración y le será servido en el acto”. O “El Liberal no admite localidades de favor para los espectáculos públicos, agradeciendo, sin embargo, a las empresas, su obsequio”, lo cual parece que encierra alguna contradicción. Y también es curiosa esta otra: “El Liberal ruega a todas las autoridades que le faciliten la misión de informar al público, para que la exactitud sea la norma de todas las informaciones”.

Tras esas advertencias, se incluye pequeña nota de saludo al conjunto de la prensa local, “deseando que las circunstancias nos permitan en el porvenir aunar los esfuerzos de todos en provecho de Cuenca”.

A continuación hay otro artículo programático bajo el título “Declaraciones” en el que se proclama, sin ambages, que el periódico nace para coadyuvar “a la propaganda y a la defensa de las ideas sustentadas por la escuela liberal, en contraposición a las que forman el programa defendido por los partidarios de la escuela conservadora” lo que abre el camino a un largo exordio sobre las ventajas de las ideas liberales y el liberalismo en general. Y aún queda un cuarto apartado de intenciones, en este caso bajo el título “Nuestro lema”, que se orienta hacia el aspecto local, porque “tenemos un amor sin límites por la libertad, pero al mismo tiempo nos preciamos de lealísimos hijos de la hospitalaria ciudad de Cuenca, cuyo progreso y adelantamiento anhelamos con vehemencia” por lo que “nuestro lema no es ni puede ser otro que batallar sin descanso por el ideal de la libertad y que ésta se afiance y arraigue en Cuenca y su provincia, sin olvidar por un momento que este país necesita, por parte de los Poderes Públicos, una protección grande y decidida para romper el odioso yugo del vergonzoso atraso que atraviesa, en lo que atañe al desenvolvimiento de sus intereses materiales”.

Y tras esta colección de artículos programáticos, el periódico ocupa el resto de la primera página en abordare uno de los muchos asuntos de carácter municipal que ocuparán su atención en adelante: las dietas que se reparten a diestro y siniestro como forma encubierta de abonar beneficios monetarios a los integrantes de la corporación.

Los talleres se encontraban en la calle del Agua y en él, recuerda Salvador Zanón, trabajaban entre otros El Chepa, El Rebote, Navalón, Nicanor, Pablito El Tortas y el competente maquinista Antonio Plaza “Placilla”, de antigua estirpe de impresores pero al que no le gustaba el oficio. Junto a Leopoldo Garrido se encontraba su hijo Enrique como redactor jefe, que “salvo las noticias de agencia que tomaba al teléfono y a la máquina de escribir directamente, los anuncios, el folletón y por supuesto el editorial, que redactaba don Leopoldo, a veces cubría él solo las cuatro págínas ordinarias del periódico a las voces del regente de la imprenta: ¡Enrique, que falta original!”.