A partir de determinado momento, ya
avanzado el siglo XX, comenzó a desarrollarse en algunos de nuestros pueblos (a
semejanza de lo que estaba sucediendo en otros lugares de España) la
preocupación y el interés por conservar ejemplares de lo que, de una manera
genérica, podemos denominar elementos tradicionales de la cultura popular, en
su triple acepción de doméstica, laboral y costumbrista. El concepto es de una
enorme amplitud, de manera que se puede decir que en él cabe casi todo aquella
que podemos considerar muebles y objetos, sin llegar a la categoría de obras de
arte.
Naturalmente lo que surge es una idea que
consigue arraigar profundamente en el alma de los pueblos, como colectivo
social, a partir del impulso que proporcionan algunas personas especialmente
preocupadas por una realidad tangible: las nuevas formas de vida derivadas de
la sociedad moderna están conduciendo a la rapidísima desaparición de todo lo
anterior que, por inservible, es arrojado literalmente a la basura y, por
consiguiente, a la pérdida. La reacción se orienta en sentido contrario: salvar
ejemplares, conservarlos, exponerlos, para poder ser conocidos por las
siguientes generaciones, que ya no los utilizarán, pero podrán verlos y
conocerlos físicamente.
Nos encontramos ante una realidad evidente,
no solo ya señalada modernización de técnicas y costumbres, sino también de una
serie de sociedades humanas de pequeño tamaño, de población envejecida y en
proceso de progresivo despoblamiento en cuyo seno surge la necesidad de
conservar lo que tienen o han tenido hasta esos momentos; a ello se añade la
aparición en el seno administrativo de programas de desarrollo que, a través de
varias líneas de promoción y apoyo, proporcionan un soporte económico y organizativo
para poner en marcha programas encaminados a la conservación del patrimonio
etnográfico. Uniendo ambas líneas surge la definitiva: coleccionar lo que se
pueda reunir, exponerlo públicamente y proporcionar al pueblo un espejo
colectivo en el que mirar su propia historia y, a la vez, quizá, ofrecer un
recurso que puede tener algún interés turístico.
De esa manera, bien por iniciativa de algún
o algunos particulares o por impulso de asociaciones o la misma entidad
municipal, se promueve entre el vecindario la recogida de objetos que el común
ya considera inservible; mucho de ese material se encuentra en correctas
condiciones pero otro es preciso restaurar, arreglar y, desde luego, limpiar,
para poder quedar expuesto. La parte problemática de ese proceso es que quienes
recogen se sienten obligados a aceptarlo todo y a mostrarlo también todo, lo
que da lugar a que muchas de las colecciones resultantes son una abrumadora
repetición de los mismos objetos cuando la aplicación de un criterio expositivo
profesional y objetivo debería reducirlos a solo unos pocos elementos
representativos.
Esta tendencia, que podemos llamar natural
o espontánea en el seno de las sociedades populares encontró el apoyo de
dotaciones económicas surgidas al amparo de multitud de programadas de
desarrollo rural, promocionados y financiados por entes locales como
Ayuntamientos, Diputaciones y Comunidades Autónomas; la existencia de dinero
disponible para financiar la instalación de estos museos fue decisiva para
contribuir a formarlos.
De manera paralela, en algunos de estos
lugares, los más importantes y mejor dotados, evidentemente, surgió otro
movimiento encaminado a exponer en público bien los hallazgos de origen
arqueológico que se estaban produciendo en su ámbito municipal o bien los
bienes artísticos, por lo común de carácter religioso, almacenados en las
iglesias. Con todo ello se ha ido configurando un panorama de cierta amplitud y
evidente importancia-
El punto débil de todo este planteamiento
es que los proyectos que pudieron concretarse carecían de la necesaria
estabilidad funcional, administrativa o económica para garantizar su
permanencia, tanto por estar ubicados en lugares provisionales como por carecer
de un soporte humano cualificado y capacitado para desarrollar una actividad
formativa y cultural continuada, más allá de la mera operación de abrir o
cerrar las puertas. Un solo detalle, muy simple pero efectivo, ayuda a
comprender la realidad de la situación: muy pocos de estos museos tiene horario
fijo de apertura y cierre; en la mayor parte de los casos, el visitante
interesado tiene que acudir al Ayuntamiento (que, por otro lado, no siempre
está disponible en los pueblos pequeños) pidiendo información y, si tiene suerte,
aparecerá un funcionario municipal con la llave para acompañarle a la
instalación.
Por ello, una propuesta tan interesante y
bien estructura como el Museo Etnográfico de Iniesta desapareció de la noche a
la mañana, porque estaba ubicado en un local de propiedad parroquial y en
cierto momento el sacerdote de turno decidió que lo necesitaba para otros
fines, sin que el Ayuntamiento mostrara interés alguno por mantenerlo en otra
dependencia. O uno de los primeros que surgió, el de Cañaveruelas, debido a la
iniciativa personal del párroco Fernando León Cordente, desapareció el día que
el sacerdote fue trasladado a Huete. Ejemplos que, con otros muchos, ofrecen un
panorama ciertamente poco estimulante.
La consecuencia práctica de esta
inestabilidad es que, en los momentos en que se escribe este libro, no hay
posibilidad alguna de ofrecer un listado de los Museos existentes en la
provincia, y menos aún de sus horarios hábiles. En cualquier momento, alguno de
ellos puede desaparecer o sencillamente cerrar, del mismo que puede abrir algún
otro nuevo que aquí no se cita.
El siguiente listado se organiza siguiendo el
orden alfabético de los pueblos.
MUSEO ETNOLÓGICO
Aliaguilla
MUSEO DE LAS COSAS DEL
PUEBLO
Belmonte. Montado por una iniciativa particular, de Ángel García Mora, sin
contar con ayudas públicas. Se inauguró el 15-11-1986.
Interior del Museo del Carro, en Buendía [Foto José Luis Muñoz]
MUSEO
DEL CARRO
Buendía.
MUSEO DE LA CULTURA POPULAR
Cañete
MUSEO
DEL HUMOR Y DEL COMIC
Casasimarro.
Fue inaugurado el 30 de enero de 2015, en presencia del comunicador José María
Íñigo, en funciones de padrino o patrocinador de la idea y para quien es un
museo “absolutamente vivo que quien lo vea una vez tendrá que venir más veces
porque cada día tendrá más obra para ver” explicando, además, que cada 15 días
será, casi casi un museo diferente porque habrá nuevas obras, vamos a tener
conferencias prácticamente todos los meses: el humor en la música, en el cine,
en la televisión, muchos interpretes van a pasar por aquí”.
Se
trata de una instalación especializada en los géneros que proclaman su título y
situada en el edificio conocido como El Convento. Mingote, Forges y Chumy Chúmez, son algunos de los autores
de los cuales se pueden encontrar permanentemente obras en este Museo del Humor, además de las fotografías de Pepe
Castro, y los dibujos a gran escala realizados por el artista de Rubielos,
David Martínez, entre los que se incluyen personajes como Zipi y Zape, Mortadelo
y Filemón, y otros.
MUSEO PARROQUIAL
Gascueña.
MUSEO
DEL VÍTOR
Horcajo
de Santiago
MUSEO
ETNOGRÁFICO
Huete.
Situado en el edificio de La Merced, recoge una amplia colección de objetos de
la tradición popular. Tras una primera instalación, fue remodelado y abierto de
nuevo el 21-03-2015 con las realizada
en sus dependencias gracias al Plan de Mejora de las Infraestructuras
Turísticas que ha permitido solucionar algunos problemas de humedades y mejorar
la accesibilidad. Durante la inauguración se presentó la colección de muñecas
históricas –alrededor de 100 ejemplares- que ha sido instalada en vitrinas con
forma de ‘casas’.
MUSEO
LA LOMA DEL OLVIDO
Landete.
Centro artístico dedicado a la obra del pintor Raúl Torrent, artista alicantino
residente en Landete, localidad a la que llegó tras una larga estancia
profesional en el Sahara. En el pueblo adquirió unos hangares construidos
durante la guerra civil que fueron utilizados como talleres de reparación de
los aviones que aterrizaban en la cercana pista allí existente y en cuyo
subsuelo aún persisten algunos refugios antiaéreos de aquella época. El
edificio tiene tres salas, formando una U en torno a un patio central; en las
salas se exponen las pinturas de Torrent, correspondientes a distintas etapas
creativas a las que se unen muestras temporales de otros artistas. El pintor
falleció en 2001 y han sido sus hijos los responsables de la instalación.
MUSEO
DEL LABRADOR
Las Pedroñeras. Instalado por iniciativa de un grupo de vecinos.
MUSEO RURAL
Pozorrubio, inaugurado en 1973 en una sala parroquial y preparado por los
vecinos del pueblo siguiendo la iniciativa del párroco.
MUSEO
DEL GANCHERO
Puente
de Vadillos (Cañizares)
LAS ALCOBAS DE SALÍN
Salinas del Manzano
MUSEO
DE ARTES DECORATIVAS NAVIDEÑAS
San
Clemente.
Espacio
expositivo en el que se pueden contemplar variados ejemplos de la cultura
popular navideña. Instalado en el edificio de la
antigua cárcel de San Clemente fue inaugurado el 29 de octubre de 2014. Las
piezas centrales son tres belenes a gran escala; el primero, de tipo
napolitano, el segundo es un belén provincial elaborado expresamente para este
lugar y el tercero es de estructura tradicional en el que se incluyen algunas
escenas originales no frecuentes en otros casos, como la matanza de los
inocentes. En las salas del museo se pueden ver dioramas, recortables,
reproducciones de piezas de Salzillo, ejemplares de otras regiones, etc. un
belén tradicional en el que el nacimiento de Jesús se representa en una
recreación del tiempo y el espacio en el que vivió; y lo que se ha bautizado
como ‘Belén Provincial’ en el que en una recreación de la Plaza mayor de San
Clemente, se dan cita personajes ataviados con los trajes tradicionales de
nuestra provincia, jugando, trabajando o disfrutando de la música según los
usos tradicionales de Cuenca. El conjunto se completa con una colección de
dioramas realizados por miembros de la Asociación de Belenistas de Cuenca y por
una colección de figuras y nacimientos que recogen trabajos de los mejores
artesanos del Belén, tanto nacionales como internacionales.
MUSEO
ETNOGRÁFICO
San
Clemente. Conocido inicialmente como Museo
de la Labranza, fue instalado en la Torre Vieja, edificio municipal
restaurado en 1998 y dotado de una serie de elementos propios de la cultura
popular, aportados por los vecinos de la villa. Útiles de labranza, aperos,
utensilios domésticos, etc., forman el entramado básico del lugar, que se
completa con una exposición de productos de la tierra y folletos turísticos. El
edificio se encuentra estructurado en tres plantas: una destinada a utensilios
domésticos que eran necesarios en el pasado y distribuidos en distintos
espacios que permiten la contemplación de las distintas faenas: elaboración del
pan y de dulces, de queso, embutidos de matanza, el hogar, etc. En otra planta
se encuentran situadas las pesas y medidas antiguas: romanas, balanzas,
básculas, celemines, fanegas, etc. sobre todo de especial aplicación en el
ámbito agropecuario. La tercera ofrece una detallada exposición de aperos
agrícolas e instrumentos necesarios para utilizar en el pastoreo y el trabajo
de animales de carga. Por encima se encuentra la planta mirador habilitada en
las almenas desde donde se pueden contemplar amplias panorámicas del paisaje
urbano inmediato.
MUSEO DE MANTOS DE LA VIRGEN DE RUS
San Clemente. Formado en el
año 2015 e instalado en el edificio que fue sede de la Inquisición, en la calle
Rafael López de Haro. Reúne una amplia colección de elementos vinculados a la
Virgen de Rus, como mantos de gala, coronas, ropa litúrgica y una colección de
fotografías con las que se hace un recorrido visual por las distintas
cuadrillas que a lo largo de los años han intervenido en los traslados de la
imagen entre su ermita y la iglesia. En el mismo edificio existe una sala de
exposiciones temporales.
MUSEO DEL CARPINTERO
Valera de Abajo. Inaugurado en 1944 y
preparado por iniciativa vecinal dirigida por el párroco del pueblo.
MUSEO DEL MIMBRE
Villaconejos de Trabaque.
MUSEO DE LAS MIGRACIONES
Villar
de Cantos (Vara de Rey).
Esta pequeña aldea vinculada
al término de Vara de Rey inició en el año 2004 el camino para dar forma a un
Museo de las Migraciones, al aire libre, siendo el primer paso la instalación
de un Monumento a las migraciones, como homenaje a todos los que se ven
obligados a abandonar su lugar natal por motivos laborales. El museo pretende
aunar los conceptos de vida y emigración en un espacio abierto.