El Espacio Torner fue inaugurado el 7 de diciembre de 2005, en un acto deliberadamente sencillo, sin discursos ni protocolos especiales, aunque estuvieron presentes la ministra de Cultura, Carmen Calvo y la consejera de Cultura, Blanca Calvo, junto con las primeras autoridades conquenses y un amplio espectro, muy representativo, de la vida cultural de la ciudad. Concebido y diseñado por el propio creador que le da apellido, el centro recogía 40 de sus esculturas y pinturas, que interactuaban estéticamente con el continente: un edificio gótico del siglo XVI, el antiguo convento de San Pablo.
Espacio Torner es el
título que el artista Gustavo Torner (Cuenca, 1925) dio al ámbito museístico en
el que proyectaba exponer de manera constante una parte significativa de su
obra, procedente en gran parte del Museo Reina Sofía de Madrid, al que
previamente había donado un importante legado de 561 obras de arte. Aunque
Gustavo Torner acariciaba este proyecto desde hacía tiempo, el impulso final lo
dio Miguel Ángel Cortés, por entonces secretario de Estado de Cultura y amigo
personal suyo. El Espacio Torner empezó a tomar forma,
al menos intelectual, en el año 1999, cuando el artista Gustavo Torner concibió
la posibilidad de ubicar en su ciudad natal gran parte de su obra, depositada
en el Centro de Arte Reina Sofía y, por tanto, propiedad del Estado.
Sobre
la forma en que entiende el montaje y presentación del Espacio, Gustavo Torner
ha dicho que él tiene más un interés artístico que museístico porque cree “que
en la labor de los artistas es muy importante el aspecto intuitivo y el
proyecto de este Espacio ha ido surgiendo poco a poco, entre otras cosas por
sus condiciones tan peculiares”, por lo que es imprescindible, siempre y más en
este caso, “una complementariedad entre el continente y el contenido. No se
trata sólo del proceso de ver la obra de un artista, sino que la gente se
encuentre en un espacio diferente y que comprenda que el arte es algo muy
especial, propio de una humanidad que no solo hace cosas terribles, sino
también maravillosas”.
El
proyecto de intervención en el edificio original fue elaborado por los
arquitectos José Ignacio García Pedrosa y Ángela García de Paredes que, de
acuerdo con las indicaciones y sugerencias de Gustavo Torner prepararon una
intervención superpuesta a la arquitectura de la iglesia, de manera que no
hubiera interferencias con la estructura gótica original, que se respeta en su
integridad y a la que se añade una estructura espacial de paneles que mantiene
la escala del templo, valorando el espacio mediante la iluminación. Como en su
momento explicaron los técnicos, la iglesia de San Pablo es un espacio de
marcado carácter unitario, de gran nobleza de proporciones, con presencia de
materiales y paños exentos de decoraciones añadidas, excepto en la capilla del
Rosario, lo que da lugar a una atmósfera de cierta austeridad y desnudez, a lo
que contribuye la ausencia de atributos rituales. La iglesia original, edificada en 1531, posee un estilo
gótico tardío que otorga incluso a la actual estancia una atmósfera solemne y
suntuosa.
El 2 de diciembre de 2003 las obras fueron adjudicadas a la UTE formada por Barroso Nava y Cª, Construcciones Juan Manuel Alvarez Rosas S.A. en la cantidad de 1.073.281,24 €, comenzando las obras a principios del año 2004.
En
el desarrollo de la intervención se realizaron trabajos de sustitución del
suelo de terrazo, reparación y mantenimiento de cubiertas, sustitución de
carpintería y vidrieras, reparación de la puerta principal e instalación de una
nueva puerta cortavientos, además de proceder a la limpieza de las bóvedas de
cantería que acusaban manchas de humedades antiguas, además de la incorporación
cuestiones que son imprescindibles en cualquier dotación moderna de un espacio
público, tales como calefacción por suelo radiante, protección contra
incendios, nueva instalación de electricidad, etc. Una vez preparado el
edificio como contenedor del Espacio Torner se habilitó una dotación de
paramentos exentos a los muros, a modo de zócalo perimetral en el que situar
las obras, además de crear algunos elementos exentos para albergar determinadas
esculturas que requieren un ambiente específico.
Según
Torner, ha concebido el montaje con el propósito de dar forma a un espacio
“unitario y espiritual, donde descubrir qué es el arte”, aprovechando para ello
la arquitectura de la restaurada iglesia de San Pablo, que proporciona la
atmósfera propicia para que el recogimiento y la contemplación favorezcan el
entendimiento de la obra artística.
La Fundación, que preside el propio artista que le da nombre, está integrada por José María Yuste, hasta poco tiempo antes gerente de la Fundación Juan March; José Lledó Fernández, que había sido ministro con la UCD y embajador en Washington, además de primer presidente del patronato del Centro de Arte Reina Sofía; Jordi Teixidor, pintor de la misma generación abstracta que Torner; Francisco Calvo Serraller, escritor y crítico de arte, Francisco Javier Pulido, exalcalde de Cuenca y Arturo Sagastibelza, investigador autor de una tesis doctoral sobre el propio Torner.
Apenas
siete meses después de su apertura, Gustavo Torner lanzaba una primera
advertencia de peligro. Casi coincidiendo con la celebración, días antes, del
40 aniversario de la apertura del Museo de Arte Abstracto y las declaraciones
enfrentadas, también unos cuantos días anteriores, sobre
A
medida que iba avanzando el año 2006 se produjeron algunas señales de alarma
sobre el futuro que podría esperar al Espacio Torner. En unos casos en forma de
rumores encaminados a indicar problemas económicos en el sostenimiento del
centro, en otros en forma de olvidos clamorosos, como el de la consejera de
Cultura, Blanca Calvo, al hacer un diseño teórico de lo que podría ser una
ciudad entregada al arte, citando varios lugares bien conocidos y dejándose en
el bolso la mención del Espacio Torner.
Finalmente fue el propio artista el que puso el dedo en la llaga de una forma muy directa. En un acto celebrado en Toledo el 26 de octubre (era jurado en el I Certamen de Escultura al Aire Libre en el pueblo de Bargas), Gustavo Torner reconoció que el Espacio tenía, ciertamente, problemas, a causa de que en Cuenca “nadie ha participado ni con media peseta” si bien no cerró la puerta a la esperanza pues tenía previsto reunirse la semana siguiente con el alcalde de Cuenca, Martínez Cenzano, de quien esperaba alguna noticia alentadora. Y, en efecto, la reunión se celebró el 9 de noviembre y en ella artista y alcalde acordaron formalizar un convenio que garantizaría la aportación inmediata de unos 60.000 euros procedentes del Consorcio del Real Patronato como mecanismo de ayuda para el sostenimiento del museo. Pero fue solo un parche, por lo que finalmente el Espacio tuvo que ser cerrado, en principio por un plazo de cuatro años que Torner se dio con la esperanza de que se produjera una solución definitiva.
Al llegar el mes de febrero de 2012 se cumplieron los cuatro que Gustavo Torner se había dado de plazo para mantener cerrado el museo pero las esperadas optimistas noticias no llegaron, a pesar del anuncio ofrecido por el alcalde Juan Ávila, tras visitar a la presidenta Cospedal, de que la Junta asumía el compromiso de ayudar al Espacio Torner, de la misma manera que el Ayuntamiento también tenía la intención de abonar el dinero debido pero todo ello sin fijar fechas concretas para materializarse.
Finalmente, el 16 marzo de 2016 reabrió sus puertas el Espacio Torner gracias a la financiación del propio artista, sin contar con ningún tipo de apoyo oficial, salvo el proporcionado por el Ayuntamiento al mantener activos los sistemas de electricidad y alarma, pero sin que se produjera la tantas veces anunciada inversión de la Junta de Comunidades. Finalmente la reapertura se pudo llevar a efecto gracias a la recuperación de la subvención concedida por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.
Los primeros pasos para acordar una solución definitiva se dieron a partir de 2017, con la aceptación por el Ayuntamiento de Cuenca de una importante donación de obra valorada 1,6 millones de euros, por parte de Gustavo Torner, a cambio de que el órgano municipal se encargue de la gestión del Espacio, entrando a formar parte de la Fundación que lo gestiona. Por su parte, el ministerio de Cultura acordó fijar una aportación anual de 55.000 euros a los que se añaden otros 50.000 por el Consorcio de la Ciudad de Cuenca.
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