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Los Cómicos del Carro, actuando en un pueblo (Foto Arturo Luján) |
Notable y excelente experiencia teatral promovida por Cristian Casares, que pretendía movilizar el arte escénico a nivel popular, mediante las propuestas presentadas desde un vehículo singular, El Carro, con el que se lanzó a la aventura de recorrer los pueblos de la provincia de Cuenca y otras próximas del centro de España.
En 1979 y gracias a una subvención concedida por el ministerio de Cultura a Cristian Casares, el recién nacido grupo Tornajo formado por varios estudiantes de la Escuela de Magisterio, pasa a constituir Cómicos del Carro, que entra en acción con El enamorado de la muerte, un montaje teatral sobre la vida de Jorge Manrique. El peculiar y emblemático conjunto emprende en seguida una ruta teatral por la provincia de Cuenca, apoyada en el patrocinio de la Diputación.
Tornajo había actuado
unos meses antes, en marzo, durante la V (y última) Semana de Teatro
Independiente de Cuenca, en la que ofreció un montaje titulado “^Pic-Nic”, a
partir de la obra del dramaturgo Fernando Arrabal. El grupo estaba formado en
esos momentos por Amelia Colmenero, Juan Carlos Torrecilla, Domingo Alfaro,
Ángel Ibáñez, Pilar Martínez y Félix Higueras bajo la dirección de Cristian
Casares, que había regresado a Cuenca tras participar como actos en diversas
actuaciones teatrales en diferentes puntos del país. Fue entonces cuando el
director presentó a los actores su propuesta de transformar un grupo
convencional en otro de carácter absolutamente diferente, mediante una
propuesta muy original: recuperar un antiguo remolque que había sido
especialmente adaptado para que en él se pudieran llevar a cabo
representaciones teatrales. Había sido construido de manera muy elegante y
atractiva mediante un bello diseño preparado por Víctor María Cortezo y que
Casares ya había utilizado de manera esporádica desde 1975, recorriendo varias
localidades castellanas y andaluzas desde que en Sigüenza hiciera la primera
actuación. Tras esta primera serie, llegaba ahora el momento de dar forma
definitiva a la idea, que el grupo aceptó con entusiasmo. El joven artista
Víctor de la Vega, “Vitejo”, dio un nuevo toque decorativo al carro y lo puso
en condiciones de poder emprender la gira que se planeaba para poder emprender
una nueva y apasionante aventura teatral.
Como refuerzo para sus
planes, Cristian Casares recibió el apoyo del director teatral Ánge Facio que
colaboró activamente en el montaje de la primera obra elegida, “El enamorado de
la muerte”, sobre la figura del poeta Jorge Manrique, del que ese mismo año se
cumplía el V Centenario de su muerte, cuyos versos sirvieron de soporte a la
dramatización preparada. En el nuevo grupo se produjo una renovación parcial de
miembros, quedando integrado, junto con Casares, por Mari Luz Lorca, María Jesús
Roldán, Pilar Martínez, Juan Carlos Torrecilla, Juan Carlos Ladrón de Guevara,
Héctor Acebrón, Jesús Contreras y Francisco Javier Alarcón, como músicos y
actores. De la dirección artística se hizo cargo Miguel Durán; la luminotécnica
la preparó Félix Higueras y como colaboradores en diversas funciones se
encontraban Amalia Colmena, Jesús Cañamares, Rosa Mora y Amancio Contreras.
El carro original se
encontraba en Málaga y desde allí fue preciso traerlo hasta Cuenca, con destino
a Villar de Olalla, donde se había asentado el grupo. Por su falta de uso
durante los últimos años, el vehículo estaba ligeramente deteriorado y sucio,
por lo que fue preciso darle un repaso total. El joven artista Víctor de la
Vega, “Vitejo”, dio un nuevo toque decorativo al carro y lo puso en condiciones
de poder emprender la gira que se planeaba para poder emprender una nueva y
apasionante aventura teatral.
El peculiar y
emblemático conjunto emprende en seguida una ruta teatral por la provincia de
Cuenca, apoyada en el patrocinio de la Diputación, que aceptó financiar los
gastos del transporte. La primera función tuvo lugar en Villar de Olalla, el 24
de agosto de 1979, comenzando en ese punto una gira que los llevó a una
veintena de localidades de la provincia, para recalar finalmente en la ciudad
de Cuenca los días 20 y 21 de septiembre, con actuaciones en el Poblado Obispo
Laplana y en el Pabellón Polideportivo Municipal de El Sargal.
En 1980 el grupo continúa su labor, ahora con “Cuentos de Calila e Dimna”, una creación colectiva sobre estos relatos de la cultura oriental, traducidos al castellano en la Edad Media, que igualmente recorre numerosos pueblos conquenses en una gira organizada por la Diputación, además de 30 representaciones en Madrid, otra gira por la provincia de Ciudad Real y la aparición final en el festival de Almagro. A continuación, el grupo emprende el montaje de Jueves lardero, sobre textos de Fernando Arrabal, con la que se organiza una gira de invierno organizada por la delegación de Cultura de Cuenca..
El año 1981 contempla una nueva escisión a causa de desavenencias entre Cristian Casares y algunos de los miembros del grupo. que en este caso supone la fragmentación de Cómicos para que una parte de él organice el nacimiento de Taller de Teatro Santa Ana.Este es un tema que los fundadores de la idea nunca han querido contar en detalle, pero la consecuencia fue la salida de Casares y la continuidad del Carro ya sin su principal promotor. Hubo algunos inesperados incidentes, cuando un buen día el vehículo desapareció, pero el grupo siguió adelante y dio forma a un nuevo montaje, los “Pasos” de Lope de Rueda, preparado en el local entonces usado, el antiguo Instituto Palafox.
Referencias: Carmen Doñoro, “Cómicos de la vieja y nueva farsa”. Cuenca, 1982; Olcades, núm. 8, pp. 49-56 / José Luis Muñoz, “Hubo una vez un carro de cómicos”. La Tribuna, 20-01-2022 / “La posible resurrección del Triángulo Manriqueño”. La Tribuna de Cuenca, 11-01-2024, p. 24.
(Página en construcción. Texto definitivo próximamente)
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