Raúl Chávarri Porpetta (Bilbao, 1929 / Madrid, 1984), se vinculó muy joven a Madrid y en la capital de España desarrolló una variada actividad como escritor, crítico de arte, coleccionista, etc. Estudió Derecho, Ciencias Económicas y Periodismo, en Madrid. Fue profesor en diversas ciudades de Hispanoamérica. En 1953 ingresó en el Instituto de Cultura Hispánica (luego Instituto de Cooperación Iberoamericana), llegando a jefe del gabinete técnico de la dirección de Cooperación Cultural. Viajó por toda América, pronunciando numerosas conferencias. Ensayista y crítico cinematográfico, publica sus primeros libros a partir de 1954 y más de medio millar de reseñas de arte, notas críticas, catálogos de exposiciones, etc. además de más de 30 monografías sobre diversos aspectos de la estética contemporánea de las artes plásticas.
Relacionado
con varios artistas residentes en Cuenca, él mismo se sintió aficionado por las
características de la ciudad hasta el punto de que tomó la decisión, poco
afortunada, de legar su colección de arte al Ayuntamiento de Cuenca, amparado
en la etérea promesa de que con ella se formaría un brillante museo de arte
contemporáneo. En principio, el Ayuntamiento la conservó durante varios años en
la Casa Zabala, quedando luego almacenada en el Centro Cultural Aguirre. Una
parte de la colección sirvió para la inauguración de la nueva sala El Almudí,
el 20 de septiembre de 1986. Lo mismo sucedió cuando el 9 de junio de 1999 se
llevó a cabo una ficticia inauguración del Centro Cultural Aguirre, ocasión
para la que una vez más se recurrió a medio centenar de obras de la Colección
Chávarri para justificar la existencia de la sala de exposiciones. Bajo el
título Personas y paisajes en la
colección de Raúl Chávarri pudo verse, por primera y ya última vez, una
cuidada selección del legado que su propietario había hecho a la ciudad y que,
a continuación, volvió a quedar sepultado en el vergonzoso olvido almacenado en
que sigue existiendo, sin que nunca más haya sido expuesta en público.
En
la nota necrológica publicada a su muerte (tenía 54 años), el diario El País
le calificaba como “un intelectual inquieto y autocrítico” y recogía la
opinión del propio Chávarri sobre su literatura, que pretendía fuera
“reflexiva, en la que juega una parte importante la influencia de Marcel
Proust, que es para mí un maestro de la libertad, de la existencia y del
detalle narrativo”.
