CARRETERA N-III MADRID-VALENCIA POR LAS CABRILLAS

 


La N-III en el kilómetros 246, cruzando la provincia de Cuenca [Foto José Luis Muñoz]

Enlazar Madrid con Valencia y concretamente con el puerto levantino fue sido siempre un objetivo básico de las comunicaciones entre el centro y la periferia mediterránea, problema en cuya solución de manera permanente han estado en juego dos conceptos: seguir la línea recta dentro de lo posible o buscar el trazado más cómodo para la obra, aunque sea más largo. Inicialmente, la solución del dilema fue elegir la opción más fácil, esto es, un camino que, tras cruzar la Mancha se orientó hacia el sur en busca del puerto de Almansa para desde él acceder a la costa levantina, obviando las enormes dificultades técnicas que representaba la presencia sobre el terreno de los cauces de los ríos Júcar y Cabriel y la pequeña pero poderosa Sierra de las Cabrillas. De esta forma se consagró un disparate (que luego tuvo su paralelismo en el ferrocarril) al producirse un desvío de más de cien kilómetros para llegar desde Madrid a Albacete.

La corrección de este error se pudo afrontar a comienzos del siglo XIX, con el inicio del trazado de la que habría de terminar llamándose carretera nacional III, conocida también en sus inicios como carretera de Las Cabrillas.

Las obras efectivas comenzaron el 20 de junio de 1825 bajo la dirección del coronel Juan Sociats, del Real Cuerpo de Ingenieros, al frente de una brigada de cien presidiarios que se aumentó más tarde hasta 250, alojados en el castillo de Buñol (desde entonces conocido como Presidio de las Cabrillas), a los que se añadieron también algunos jornaleros de los pueblos cercanos.

El proyecto había preparado una carretera con un ancho de 12 varas, siendo el firme o calzada de 8 varas, con tres capas de empedrado ripiado elaborado con el mayor esmero. El trazado diseñado sigue en línea generales el que ya tenía el Camino Real hasta llegar precisamente a Las Cabrillas, donde la ruta primitiva daba un gran rodeo a la izquierda para pasar por La Tejería obviando así el puerto mientras que el moderno se introducía directamente en la sierra mediante un audaz y práctico sistema de zig-zag que habría de ser una de las señas de identidad de la nueva carretera, en este tramo ciertamente espectacular.

Las obras se interrumpieron en 1836 y 1840 a causa de las guerras carlistas y terminaron finalmente en 1852, momento en que pudo entrar en servicio de manera efectiva y total para que los viajeros pudieran descubrir que ese era el camino más corto entre Madrid y Valencia atravesando gran parte de la provincia de Cuenca.