SIERRA DE ALTOMIRA

 


La Sierra de Altomira cruza en diagonal la Alcarria, partiéndola en dos segmentos que alteran la suave melancolía de estos campos [Foto José Luis Muñoz]

Espolón montañoso que cruza la Alcarria, aproximadamente entre Huelves y Buendía, con alturas medias no muy elevadas pero que, por estar muy por encima de los niveles propios del manto alcarreño ofrecen oportunidades paisajísticas espectaculares, como ocurre en el pico de Altomira (1183 metros) o Atalaya (1172). El sistema orográfico cubre parcialmente las provincias de Guadalajara y Cuenca, abriéndose entre ellas como una cuña, adoptando una disposición similar a la de los meridianos terrestres, con origen al SO de Durón y término al S de Puebla de Almenara. El conjunto está formado por pliegues alargados salpicados de un amplio conglomerado cretácico de arenas, guijos, areniscas y pudingas que destacan en la estructura de los páramos terciarios del alto Tajo. Predominan las calizas dolomíticas y las margosas en un estilo jurásico, de pliegues apretados. Al norte de Garcinarro, la alineación es continua y al sur, se diversifica en varios ramales, con escasos cabalgamientos y abundantes pliegues encofrados, estando constituido cada ramal por uno o dos largos anticlinales. La vegeteción natural es muy pobre, con matorrales de plantas xerófitas en laderas y barrancos, mientras que en las cumbres de las sierras aparecen el pino carrasco y en las laderas, el encinar.

El sistema está integrado por varias formaciones montañosas, como son, en el caso de Cuenca, las sierras de Enmedio, Buendía y Garcinarro, además de la propiamente de Altomira, que da nombre a todo el conjunto y que se caracteriza por poseer el punto culminante, a 1.180,32 metros de altitud, donde hay situado un vértice geodésico, todo ello en la región alcarreña. En esta zona, se producen varios cortes transversales en forma de profundas gargantas tajadas por los ríos que cruzan las mencionadas sierras, destacando especialmente, en la provincia de Cuenca, el Tajo y el Guadiela, disposición natural que facilita el que se hayan podido construir importantes embalses y saltos de agua, con finalidad hidroeléctrica. El sistema continúa hacia el sur y el oeste, con las sierras de Vellisca, Paredes, Rozalén y Saelices, donde se une con las de Huelves y Uclés y se prolonga, ya como un apéndice, hasta llegar a la sierra de los Molinos, en Mota del Cuervo, donde en la práctica desaparece. Separando estas formaciones montañosas discurren los ríos, generalmente de escaso caudal, aunque algunos de ellos son capaces de formar hoces y gargantas de cierta consideración, sobre todo en las inmediaciones de Tajo y Guadiela.

El sistema montañoso que en realidad es Altomira se orienta de norte a sur, quedando en el primer segmento la zona más áspera y abrupta, en la que se encuentran las mayores altitudes como los picos de San Sebastián (1125 metros) y Atalaya (1173) además del ya mencionado Altomira. Esa disposición natural es atacada por las aguas del Tajo y el Guadiela, que forman hermosos parajes y atrevidas hoces. Luego, hacia el sur, a medida que disminuyen las altitudes de sus puntos más destacados (Cruz, con 1057 metros o la sierra de Almenara) se crea la red hidrográfica del Guadiana, cuya trayectoria discurre por la zona más meridional de la sierra. La divisoria entre ambas cuencas se encuentra en el estrecho de Paredes, formado por el rio Riánsares, que duda entre orientarse hacia el Tajo o hacia el Guadiana, haciéndolo finalmente hacia este último.

La sierra de Altomira ha sido, tradicionalmente, un espacio encerrado en sí mismo, con difíciles accesos, propios sólo para buscadores de lugares recónditos. Sin embargo, a finales de 1999 el nombre y el lugar fueron sorpresivamente descubiertos para el mundo a causa de que uno de los trazados del entonces presunto Tren de Alta Velocidad de Madrid a Valencia (por Cuenca) debería atravesar la sierra. Un grupo de ecologista dio la voz de alarma y así se hizo conocida la existencia de la sierra que ya varias décadas antes había sido descubierta por quienes proyectaron el sistema de embalses Entrepeñas-Buendía, que se apoya precisamente en esta formación rocosa y su hábil disposición natural para encauzar y retener las aguas del Tajo y el Guadiela, como efectivamente ocurre. La construcción de estos embalses, su utilización masiva como centros turísticos (con el desarrollo inevitable de feroces urbanizaciones), la instalación de la inmediata central nuclear de Zorita de los Canes y la proliferación de las redes eléctricas de alta tensión que cruzan toda la comarca no suscitaron en sus respectivos momentos ninguna polémica. El AVE sí levantó el interés, por otra parte razonable, aunque tardío, porque ya para entonces se habían producidos serios deterioros medioambientales.

En efecto, la sierra de Altomira es un hermoso paraje natural, en el que se puede delimitar un espacio de 11.970 hectáreas merecedoras de la declaración de Lugar de Interés Comunitario y Zona de Especial protección para las Aves. Varias de las especies que se encuentran en peligro de extinción –águila perdicera, alimoche, nutria- tienen aquí reductos de supervivencia. Junto a ellas hay abundantes ejemplares de especies vinculadas a las zonas más abruptas, como el búho real, el buitre leonado o el halcón peregrino, que encuentran en Altomira espacios para el refugio y la alimentación, ya que es zona generosa en caza menor, que sirve de sustento a estas rapaces. Hay también especies vinculadas al ecosistema forestal (azor, búho, mochuelo, gavilán, garduña, comadreja) y finalmente son notables las que tienen su hábitat en las riberas de ríos y embalses (anátidas, garzas, fochas, etc.)

La vegetación la forman grandes bosques de pinares (el pino carrasco, pinus halepensis), romerales termófilos, aulagas, tomillares, encinares (quercus rotundifolia) en las inmediaciones de Saceda Trasierra y Vellisca, mezclados con quejigares e incluso hay bosquetes de robles (quercus faginea), las proximidades de la hoz de Jabalera, en el paraje de la Peña Blanca (entre Illana y Vellisca) y en la zona situada entre Paredes y Saceda Trasierra.

Esta zona, verdaderamente arisca y complicada, auténtico valladar natural para separar y dificultar las comunicaciones entre ambas riberas del Tajo, ha representado tradicionalmente una gran dificultad en el desarrollo de las relaciones humanas y comerciales. En estos parajes se sitúa una ermita dedicada a Nuestra Señora de Altomira, de construcción moderna que continúa la tradición anterior que ubica en este encumbrado lugar una atalaya de vigilancia, un convento de carmelitas y una ermita antigua, todo ello en un sitio de difícil acceso, al que se puede llegar desde la carretera CM 2024 que desde Vellisca cruza la sierra para alcanzar la CM 200 en dirección a Guadalajara.

Referencias: Manuel Gesteiro Araujo, “La Sierra de Altomira”. Guía de los Espacios naturales de Castilla-La Mancha, Toledo, 1991; Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, pp. 241-260.