LAGUNAS DE BALLESTEROS

 


El conjunto de las lagunas forma un agradable espacio de belleza y sosiego en el interior de unas parcelas dedicadas a los cultivos agrícolas [Foto José Luis Muñoz]

En las proximidades de la ciudad de Cuenca, en la falda de la Sierra de Palancares, se han ido formado a lo largo de los siglos varios complejos lagunares surgidos de dolinas de origen espontáneo, hasta dar lugar a un itinerario de pequeñas lagunas, de profundidad y superficie variables y en su mayoría salinas, debido a la presencia de yesos en el terreno donde se encuentran, distribuidas por los términos de Arcas y Villar de Olalla. De hecho, el acceso al paraje se realiza a partir del camino que une ambas poblaciones, sirviendo como punto de referencia la antigua aldea de Ballesteros, que se encuentra a mitad de dicho camino. En sus proximidades y en terrenos cultivados se encuentra el que inicialmente fue denominado Complejo lagunar de Arcas, oficialmente protegido por Decreto 27/2002, de 12 de febrero, de la Junta de Comunidades, que lo declaró reserva natural. Sin embargo, esa denominación oficial fue cambiada posteriormente, dándose validez al título que siempre ha ostentado en el habla popular de la zona, Lagunas de Ballesteros y así, por Decreto 243/2010, de 21/12/2010, se modificó el título anterior para pasar a denominarse Reserva Natural del Complejo Lagunar de Ballesteros (DOCM de 23 de diciembre de 2010).

Se trata de un sistema kárstico formado por más de 30 dolinas, la mayor parte de ellas con agua estacional o permanente, duras y sulfatadas que se reparten sobre el fondo plano del valle que diseña el río San Martín, originadas por la karstificación y posterior hundimiento de las margas yesosas del paleonceno (periodo terciario). Las dolinas se encuentran sobre margas y arcillas versicolores de tonos claros, entre los que se intercalan yesos blancos, con delgados lentejones de calizas dolomíticas del paleoceno (terciario). Sus características naturales le sitúan en el ámbito de protección fijada por las directivas europeas y las específicas del territorio español. El humedal funciona mediante la circulación de las aguas subterráneas contando con los procesos de disolución kárstica asociados; se trata de un acuífero local, de carácter superficial e independiente del acuífero profundo instalado en las calizas jurásico-cretácicas de la Serranía de Cuenca. El valor esencial de este complejo deriva de su estructura geomorfológica que favorece la circulación de aguas subterráneas junto con la gran diversidad biológica, en el que se valora la presencia de varias especies de microorganismos muy singulares. La singularidad del sistema (como ocurre con el cercano complejo del Río Moscas) se encuentra en que estas formaciones kársticas se desarrollan sobre yesos, algo que es totalmente excepcional no solo en España sino en el conjunto de Europa.

Casi todas las lagunas tienen forma circular, con profundidades que oscilan entre 15 metros y 0,5 y superficies comprendidas entre los 141 y los 3.382 m2. La mayoría contiene agua permanente o temporal ya que se distribuyen por una acusada depresión que permanece inundada por aguas someras durante gran parte del año favoreciendo el desarrollo de una interesante vegetación palustre. El interés de este complejo se basa de manera fundamental en consideraciones geomorfológicas, limnológicas y botánicas, siendo especialmente destacado este último factor, por la presencia de vegetación que tiene ya carácter exclusivo en el conjunto de Europa. La circulación de aguas subterráneas que las comunica entre sí y con el río San Martín, la gran biodiversidad que albergan, incluyendo varias nuevas especies de microorganismos, convierten este complejo en una zona de enorme importancia natural desde el punto de vista científico.

El interés moderno por la ecología y la naturaleza en general ha servido para poner en valor el lagunar de Ballesteros. En lo antiguo, a lo más que se pudo llegar fue a la escueta mención de Larrañaga en su conocida guía –“hay unas lagunas en que criaban ánades y se cocía mucho esparto”- que viene a ser una actualización de lo que dijo Madoz en el siglo XIX: “Las enfermedades más comunes son las tercianas producidas por unas lagunas que hay al E. en las que se cuece mucho cáñamo”. Al mismo cronista decimonónico debemos la noticia de que había un molino harinero, movido por las aguas del pequeño arroyo próximo.

El proceso de carstificación sigue siendo muy dinámico en esta zona, sujeta por ello a cambios constantes. El último documentado tuvo lugar en 1978 y se originó por un hundimiento repentino del terreno, dando origen a una nueva torca en el centro de una parcela cultivada; actualmente tiene unos 10 metros de profundidad, ya alberga una pequeña masa de agua en el fondo y ha sido rápidamente colonizada por vegetación acuática, organismos planctónicos, insectos, etc. Posteriormente se ha formado otra dolina, en 1999.

En las formaciones vegetales destaca la vegetación acuática compuesta por formaciones de praderas subacuáticas de caráceas cubriendo los fondos de las lagunas, en cuyos márgenes crecen turberas calcáreas de masiega, praderas juncales halófilas mediterráneas y prados de hierbas altas y juncos, organizándose un conjunto del mayor interés. En general, la vegetación acuática está bien conservada, siendo características unas algas llamadas carófitas u ovas que forman praderas subacuáticas que cubren los fondos de las lagunas ofreciendo un panorama de gran diversidad. En las riberas, la presencia vegetal es escasa debido a la presión de los cultivos agrícolas circundantes pero son de interés los ya citados masegares (cladium mariscos), especie de hojas afiladas en forma de altas cañas y plumeros en la parte superior, junto a abundantes juncales.

Por lo que se refiere a la fauna, destaca la presencia permanente del aguilucho lagunero y del bigotudo, que además tienen en este hábitat su lugar de nidificación, a los que se une el milano real, junto con la invernada de cigüeñuela y sisón, presencia migratoria de la grulla, del aguilucho cenizo en época reproductora y esporádicas concentraciones estivales de milano negro, del que, en momentos concretos del año, pueden llegar a verse hasta 200 ejemplares reunidos antes de emprender la emigración. Hay otras especies, ligadas a los cultivos agrícolas, como la calandria y cogujuda montesina entre las nidificantes, y otras como la terrera común, la bisbita campestre y la curraca rabilarga. Entre los mamíferos se encuentran el topillo de cabrera utilizando como hábitat los juncales y varias especies de murciélagos protegidos que se alimentan en el humedal.

Las lagunas de carácter temporal tienen un importante interés añadido ya que durante los periodos de inundación se desarrolla en ellas una valiosa fauna de invertebrados adaptados a ese régimen de aguas. Algunos diaptómidos endémicos y una interesante fauna de anostráceos –auténticas reliquias del periodo preglaciar- han podido ser estudiados en estas lagunas. Los sedimentos, al producirse la desecación, quedan repletos de huevos y otras formas de resistencia que permiten a estos organismos completar su ciclo vital. Difíciles de ver son el galápago leproso y la ranita de San Antonio; el primero suele salir a la ribera de las lagunas a tomar el sol pero en cuanto detecta la presencia humana se sumerge de inmediato en el agua.

Los biólogos destacan igualmente la existencia de invertebrados singulares, como los neurópteros, verdaderamente raros o la presencia de un lepidóptero amenazado, la maculinea arion, una mariposa fácil de distinguir por su color azulado y manchas negras en el ala anterior. En resumen, el complejo de las Lagunas de Ballesteros es una zona extraordinariamente atractiva de importancia internacional, desde el punto de vista científico.

El espacio ocupado por el lagunar es de propiedad privada y se dedica por completo a cultivos agrícolas, destacando el girasol con pequeñas superficies de tomillares y también la presencia de ganado ovino, aunque con poca densidad. Hay varios cotos de caza menor, con actividad limitada.

Para llegar al paraje desde la ciudad de Cuenca es preciso tomar la carretera N-420 y al llegar a Villar de Olalla, antes de entrar en el pueblo, a la izquierda surge el camino que conduce a la aldea de Ballesteros donde se puede aparcar para llegar caminando hasta las lagunas.