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Plaza de la Iglesia, en Minglanilla, con el templo y el Ayuntamiento uno frente al otro
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Texto y fotos: José Luis Muñoz
Villa que alcanzó este título en el año
1505 al eximirse de la tutela de Iniesta, de la que había sido aldea desde la
repoblación cristiana en el siglo XIII. Se encuentra en la Manchuela, al borde
de la N-III y la A-3, donde es el último lugar antes de llegar a la provincia
de Valencia.
En el siglo XVI estaba claro cuál era el
nombre de esta villa: La
Minglanilla, puesto que así aparece reiteradamente escrito en
la Relación
dada el 19 de diciembre de 1575 donde, además, se ofrece la explicación de este
apelativo: "porque junto de una fuente que en ella había y hay, había un
minglano", esto es, una modalidad de granado. En su espléndida -y poco
estudiada- obra, Quadrado y Lafuente nos completan esta versión con otra, más
vistosa, sin duda, y querida por quienes gustan de fantásticas historias:
"La tradición popular fantasea una leyenda novelesca de una linda joven,
llamada Minga y por mote La
Galanilla, a la cual galanteaban varios opulentos magnates, y
entre ellos un hijo del marqués de Villena. Recordamos haber leído una novela
amorosa sobre el asunto, en la cual había cuanto pide el género romántico en
esos casos: carta remitida por atrevidillo paje, serenata a media noche con
laúd, cuchilladas, rapto, arrepentimientos, fuga, muertes prematuras y
remordimientos por el triste recuerdo de Minga la Galanilla, en cuyo
tardío obsequio toma el pueblo el nombre de La Minglanilla"
(Castilla la Nueva.
Barcelona, 1886, tomo II, pág. 393, nota). Para completar la
información tradicional, se asegura que el nombre del pueblo le fue dado por su
fundador, Juan López de la Minglanilla, que con tres de sus hijos comenzó a
vivir en el lugar levantando cuatro casas que dieron forma al núcleo inicial, a
comienzos del siglo XVI.