VILLAR DE LA ENCINA

 


Pueblo situado en las primeras estribaciones de la Mancha, al que se llega a través de la N-420, con desvío en km. 360 por la CUV 8344. Las coordenadas cartográficas que le corresponden son las de 39,6369 N y -2,5220 O, a una altitud de 842 metros y a una distancia de 78 kms. de la capital provincial, en el partido judicial de Tarancón.

Inicialmente formó parte del señorío de Haro, establecido por Alfonso VIII tras la conquista de Cuenca, pero pronto pasó a integrarse en la Orden de Santiago, en el partido de Ocaña, de la provincia de Toledo. En el siglo XIX se produjo su definitiva adscripción a la provincia de Cuenca, al ser suprimido el señorío temporal de la Orden de Santiago. Villa del partido de Belmonte durante el siglo XIX y primera mitad del XX. En la supresión de éste fue incorporada al de San Clemente, pero en la actualidad corresponde al de Tarancón.

En su fundación, en la Edad Media, el pueblo se llamó Villar de Haro, como todos los del señorío implantado en esta comarca, pero no hay ningún dato que explique en qué momento se produjo el cambio al título actual. Tiene escudo oficial.

Historia

Algunos relatos locales quieren vincular los orígenes del pueblo a un posible asentamiento humano en la Edad del Bronce (1500 aC) hipótesis que encuentra firmeza en el hallazgo de abundantes restos cerámicos, de naturaleza indefinida, encontrados en la parte más alta del pueblo. De hecho, el título de Villar refleja la existencia de numerosos restos antiguos. Más concretos parecen otros hallazgos correspondientes al periodo visigodo, con restos de edificaciones y una interesante necrópolis que dio a la luz unos ajuares actualmente depositados en el Museo de Cuenca. A partir de aquí y durante la etapa musulmana, las noticias son escasas, y no vuelven a encontrarse hasta que, tras la conquista de Cuenca en 1177, se pone en marcha la repoblación de la zona inmediata al Záncara y más en concreto, con la cesión realizada por Alfonso VIII al alférez mayor del reino, Diego López de Haro, para que formase un señorío en el que se integró el pueblo de Villar y que tuvo muy corta duración, pues a mediados del siglo XIII el territorio es asumido por la Orden de Santiago y el centro operativo y económico pasa a Villaescusa.

Con el triunfo de los Reyes Católicos (y sus aliados, los caballeros santiaguistas) sobre el marqués de Villena, comienza un periodo de prosperidad para estos pueblos, incluido Villar de la Encina, que se beneficia también de los favores económicos facilitados por la corona, lo que se refleja en el aumento de población, que se sitúa en torno a 500 personas a finales del siglo XVI. Esta situación de bonanza económica tuvo una consecuencia curiosa, al aumentar de manera drástica la roturación de nuevas tierras necesarias para la expansión de la agricultura, actuación que llevó consigo la progresiva eliminación de los abundantes bosques de encinas que eran característicos del término y que en la práctica han desaparecido casi por completo.


Abundan las referencias a fray Serafín Madrid

De forma paralela, el pueblo emprendió el proceso de villazgo que se desarrolló entre 1674 y 1677 y que culminó con la total independencia de Villaescusa de Haro y la obtención de la categoría de villa.

Personaje destacado en la historria de Villas de la Encina fue Fray Serafín Madrid, hermano de la Orden Hospitalaria fundada por San Juan de Dios (1925-1972)

Geografía

Tiene el término municipal una superficie de 48,87 kms2 de naturaleza ondulada, en la que destacan como elevaciones más notables el cerro del Santo y la loma Galindos. Las pequeñas corrientes fluviales que lo cruzan son los arroyos de las Huertas y Fuente Jimen, tributarios del río Záncara y el barranco de la Laguna, que vierte precisamente en una pequeña laguna. La economía local se dirige básicamente a la agricultura, destacando en especial el cultivo de la cebada, que ocupa en torno al 85% de la superficie cultivada, con una producción cercana a las 7.000 toneladas al año.


Río Záncara

El girasol se introdujo en el término hacia los años 60 del siglo XX, considerado en principio como un complemento de otros cultivos; en la actualidad, se obtiene una producción que ronda las 1.500 toneladas anuales. En fechas recientes también se ha incrementado el cultivo del ajo, como consecuencia de la ampliación de terrenos que se viene impulsando desde el primer centro productor, Las Pedroñeras.

Otro sector tradicionalmente muy potente, el de la ganadería, parece haber quedado estancado en número de cabezas de ovino, en torno a las 1.500 repartidas entre varios rebaños.

En el término se encuentra la antigua aldea de Puebla de San Blas o La Puebla, despoblada en la primera parte del siglo XX.

Población         

Los datos demográficos de los últimos dos siglos tienen su punto más destacado a mediados del XX, en que se superaron los 500 habitantes, cifra que va en progresivo descenso hasta ahora, en que se ha alcanzado el nivel más bajo, como demuestran los siguientes números:                                                     

1843               597

1857               550

1877               552

1887               522

1900               574    

1940               734

            1950              782    

            1960              701

            1970              463    

            1981              349

            1991              268    

            2001              219

            2020              154

Sociedad y Cultura

La parroquia está dedicada a La Asunción de la Virgen, dentro del arciprestazgo de Belmonte. En 1655 tenía una ermita dedicada a San Andrés, que aún se citaba en 1711.

Cofradías antiguas fueron las del Rosario, Dulce Nombre, San Roque, Sangre de Cristo y Ánimas.

Las fiestas se celebran los días de San Blas (3 de febrero), San Isidro (15 de mayo) y San Roque (16 de agosto) pero también veneran a la Virgen del Remedio

En la actualidad (2021) se está construyendo una nueva ermita, dedicada a San Blas, que lleva anexa una edificación cuyo destino es ser centro de interpretación turísticas de la comarca del Záncara

Núcleo

El pueblo se encuentra situado a una altitud de 842 metros, en las coordenadas -2,5220 O y 39,6369 N.

La disposición urbanística del lugar se ha realizado utilizando la ladera de un cerro, por lo que prácticamente todas las sendas interiores se encuentran en cuesta, más o menos pronunciada, con la iglesia en lo más alto como punto de referencia, y el Ayuntamiento y la Plaza Mayor a media altura y en ubicaciones separadas. Quedan escasísimos ejemplos de la arquitectura tradicional, de la que apenas si se puede encontrar algún pequeño edificio envuelto por construcciones modernas. Así ocurre, por ejemplo, con la Casa del Curato, adaptada para vivienda particular, en la que se ha mantenido el amplio portalón de madera y una pequeña pero bonita reja.


Plaza Mayor, con la acacia centenaria

En la Plaza Mayor, donde se repite esa convivencia entre construcciones modernas con algún elemento antiguo hay un hermoso ejemplar centenario de acacia, con una oportuna identificación a su lado: “Esta acacia, procedente de Rada de Haro, fue plantada en el invierno del año 1920 por Santiago Vieco, “El hermano Santiaguillo”, vecino de esta plaza. En recuerdo de su primer centenario. Febrero 2020”.

Hay varias referencias a fray Serafín Madrid, miembro de la Orden Hospitalaria y famoso hace años porque puso en marcha el Teléfono de la Esperanza. La primera calle que se encuentra en el pueblo, en forma de subida hacia el Ayuntamiento y la iglesia, lleva su nombre y en seguida se encuentra su casa natal, identificada con una gran placa en la fachada. En la iglesia hay también un mosaico de grandes proporciones que igualmente rinde homenaje a su memoria.

Un pequeño jardín, muy agradable, es el conocido como Parque del Ave porque su cuidador tradicional, Juan Manuel Nuño, era conocido con el sobrenombre de El Ave. Al lado del parque se encuentran varias dotaciones sociales modernas, como la Plaza de Toros, el Frontón y unas pistas deportivas al aire libre. Por cierto: el recinto taurino cuenta con un alto grado de aceptación popular porque fue construido con la colaboración activa de todo el vecindario, que durante tres años participó en las obras de forma desinteresada, trabajando los fines de semana.

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción


La original espadaña de la iglesia

El actual título de la parroquia es de moderna implantación, para sustituir al tradicional, Nuestra Señora de los Remedios. La primitiva iglesia, sin duda de pequeña estructura y estilo románico, fue ampliada cuando el aumento de población lo hizo necesario, pero utilizando la misma pequeña parcela disponible, lo que explica la incómoda situación topográfica de la actual. Las obras concluyeron en 1622, con la colocación de la espadaña.

El edificio se sitúa en la parte más alta del pueblo, con acceso por la calle del Petril, estrecha y empinada. Fábrica de mampostería con sillares en las esquinas y fuerte dotación de contrafuertes exteriores a ambos lados. El acceso se realiza mediante un atrio exterior situado en una incómoda posición lateral y enrejado, lo que dificulta la visión de las portadas, que son dos, una la principal, situada el fondo y otra moderna, más cercana.

La portada principal se encuentra tapida y a pesar de su parcial deterioro ofrece una imagen limpia y elegante, propia del Renacimiento tardío. Consta de dos cuerpos, el primero formado por un acto de medio punto enmarcado entre dos pilastras adosadas con dos rodelas laterales y como remate un entablamento sobre el que figura un frontón trapezoidal con una hornacina superior flanqueada por pilastras que enmarcan una escultura en piedra de la Virgen de los Remedios. A lo lados, hay decoración de volutas que alteran el espíritu renacentista de la obra para insinuar la llegada del barroco.

A unos metros y más cerca de la cancela de entrada se encuentra la segunda puerta, ahora accesible, de trazo muy sencillo y sin ningún detalle arquitectónico destacado. Al fondo del atrio hay un vistoso mosaico dedicado a fray Serafín Madrid.

La espadaña es ciertamente original, con características únicas, ya que se forma con tres huecos de medio punto alineados en sillería labrada para albergar otras tantas campanas y sobre ellas otro hueco pequeño que acoge una carraca que solo se toca en Semana Santa. La parte superior de esta estructura se remata con un frontón triangular con pináculos triangulares y esféricos de inspiración herreriana.        El interior se organiza con una sola nave dividida en tres tramos cubiertos con bóveda semiesférica sobre pechinas y dos capillas laterales, siguiendo las normas del Renacimiento. El ábside poligonal se cubre con lunetos. La capilla de la derecha tiene cúpula de media naranja sobre pechinas y la de la izquierda es de un cuarto de naranja.

Ayuntamiento

Construido en los años inmediatos al final de la guerra civil, siguiendo una cierta inspiración neoclásica. Consta de dos cuerpos o plantas, con entrada principal porticada sobre la que hay un balcón y sobre él un frontón triangular con decoración lateral de bolas y enjutas y en el centro un reloj.

La entrada se forma con un pequeño atrio ajardinado en el que se ha colocado una simbólica encina; una sencilla balaustrada blanca con remates esféricos de tipo herreriano completa la austera decoración de este recinto que, en sencillez de trazado, resulta sumamente agradable, a lo que contribuye la llamativa pintura exterior: sobre un fondo blanqueado, los cercos de puertas y ventanas y el zócalo son de un brillante tono amarillo-anaranjado.

Bibliografía

Catálogo monumental de la diócesis de Cuenca. Varios autores. Cuenca, 1987; Diputación Provincial, I, pp. 379-380

Pascual Madoz, Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Madrid, 1845-1850, XVI, p. 248.