ABIA DE LA OBISPALÍA

 



Villa que se encuentra a 33 kms. de la capital. Es uno de los pueblos que integraron La Obispalía, el señorío temporal de los obispos de Cuenca, en la parte inicial de la vega del Záncara. El término abiense lo cruzan varias carreteras. Por el centro, en disposición prácticamente paralela, pasan la A-40 (Cuenca-Ávila por Toledo) y la N-400 (Cuenca-Toledo). Por el N., con origen en los Altos de Cabrejas, el trazado corresponde a la CM-2019 con destino a Huete. Finalmente, en el sector meridional se encuentra la CUV 7037 que desde el pinar de Jábaga llega hasta el pueblo. Hay además otra carretera provincial, la CUV 7032, con origen en Cabrejas, en el punto kilométrico 286 de la A-40 para llegar directamente al pueblo desde donde continúa por Huerta de la Obispalía y Zafra de Záncara para llegar hasta la N-III. El núcleo urbano de Abia de la Obispalía está situado a 1075 m. de altitud, en las coordenadas 40,0191 N y -2,3957 O. Tiene escudo y bandera y forma parte del partido judicial de Cuenca. En el término municipal se encuentra la aldea ya despoblada de CABREJAS, con entrada propia en este Diccionario.

        Según el Diccionario de la Academia, con el término abia llaman en la provincia de Álava al arándano. En la Biblia encontramos la referencia a una Abia, hija de Zacarías y madre de Ezequías, rey de Judá, mientras que la mitología griega nos ofrece otra Abia, nodriza de Hilos, hijo de Hércules, que recibió culto de venerable en la ciudad de Mesenia. Aquí, en este territorio helénico, hubo una ciudad llamada Abia, que fue prometida por Aquiles a Agamenón; también encontramos el nombre de Abia en dos antiguos obispados de las tierras orientales de Antioquía y Constantinopla. En España existe también una Abia de las Torres, en la provincia de Palencia. Pero ninguna de estas citas nos permite encontrar una razón etimológica clara para justificar el nombre de Abia que, en nuestro caso, podría interpretarse como una corrupción de "abadía". En cuanto a la referencia "de la Obispalía" está clara, al formar parte del antiguo señorío de la Iglesia de Cuenca.

        El Ayuntamiento se forma con cinco concejales y se rige por el sistema de concejo abierto. El municipio tiene escudo oficial. En el término se encuentra la aldea de CABREJAS, totalmente despoblada en tiempos modernos y que tiene entrada propia en este Diccionario.

Historia                                                                                      

       La pretensión, alimentada por la tradición local, de que el pueblo se llamó Sarzola en tiempos remotos no pasa de ser una invención. Sí parece correcto pensar que la antigua Obviam, citada en la hitación de Wamba como uno de los límites del obispado de Segóbriga se corresponde con la actual Abia de la Obispalía, dentro de las reservas que suscita ese documento. Como demostración palpable de la antigüedad del lugar se conservan dos extraordinarios recursos: el tesoro, de época prehistórica, y el tesorillo, de tiempos romanos.

        Se han encontrado señales suficientes para datar los primeros asentamientos humanos en la Edad del Bronce, siendo el más notable de todos ellos el tesoro de Abia, encontrado en la Cueva del Moro y formado por empuñaduras de espadas correspondientes al Bronce II, brazaletes de oro del Bronce final y otros elementos como un anillo y una chapita metálica. Se conservan en el British Museum. Otros hallazgos corresponden a la cultura ibérica (fusayolas, fíbulas, fragmentos de cerámica, enterramientos). En el Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural se informó en 1912 del hallazgo de huellas del hombre prehistórico, a través de varias sepulturas verticales y grutas artificiales labradas en areniscas a la entrada del pueblo. Parece que también junto a la iglesia había algunas sepulturas antiguas excavadas en la roca.

        El Tesoro de Abia de la Obispalía se encontró en una Cueva de la Sierra de Cabrejas y se incluye dentro del concepto de Joyería Atlántica. Según Martín Almagro, las primeras referencias a este Tesoro se deben a Manuel Gómez Moreno, quien a su vez recibió la información de Juan Cabré Aguiló, que había recibido unos toscos dibujos de las piezas de un relojero de Cuenca llamado Lorenzo Redondo, en cuyo poder se hallaban las mismas, pero según Gómez Moreno el tesoro posiblemente se había fundido. En realidad había sido vendido por 250 libras al British Museum, (registro de entrada de objetos del British Museum, 8 de Diciembre de 1921, pág. 96 del tomo febrero 1919-julio 1926, núm. 1921/12-8/1 a 14). Se compone de 14 objetos de oro, entre los que destacan dos brazaletes abiertos con acanaladuras longitudinales separadas por bandas en relieve. El tesoro de Abia de la Obispalía volvió a España en diciembre de 2009 para formar parte de la exposición En los confines del Argar. Una cultura de la Edad del Bronce en Alicante, montada en el museo arqueológico de Alicante hasta febrero de 2010.

       Varios hallazgos procedentes de distintos lugares del término dan fe la existencia de población en el periodo romano. Abundan los fragmentos de terra sigilata, pero especialmente valioso es un tesorillo formado por 23 denarios de plata, que se encontró en el paraje Cerro del Santo, en las proximidades de la ermita de San Jerónimo. Las monedas fueron emitidas por Sertorio, con el fin de poder financiar la guerra contra la metrópoli que mantuvo entre los años 80 a 72 a.C. y que, en parte, se desarrolló en el territorio de la actual provincia de Cuenca (Segóbriga). Estas monedas de plata llevan en el anverso una cabeza varonil mirando a la izquierda en cuya nuca figuran unos signos ibéricos, inscrito el conjunto en una gráfila de puntos. Los tipos reflejados en la colección son diferentes en cuanto a peinados y facciones. Los investigadores mantienen teorías distintas sobre la figura representada en los denarios, ya que unos estiman que se trata del propio Sertorio, mientras que otros se inclinan por el Hércules ibérico. En el reverso aparece representado un jinete ibérico con lanza, y en la parte inferior el nombre de la ceca emisora, Bolscan (Huesca), escrito con caracteres autóctonos. El tesorillo debió ocultarse alrededor del año 75 a.C., coincidiendo posiblemente con el ataque que Pompeyo desencadenó contra Sertorio y que afectó a la zona central de la península. Muy probablemente se trataba de los ahorros de un soldado que lo escondió con la intención de recuperarlo al término de las luchas cosa que, como es obvio, no ocurrió. En la actualidad, se conserva en el Museo Provincial de Cuenca.

     En el año 1183, el 24 de diciembre, el rey Alfonso VIII hizo donación al obispo de Cuenca, don Juan Yáñez, "de la aldea de Abia, nombrada antiguamente Sarzola, en los términos de Huete", donación inmediatamente posterior a la de Huerta, con lo que se delimitó el territorio conocido como La Obispalía, señorío temporal del obispo de Cuenca, “con sus tierras cultivadas y sin cultivar, con sus viñas y sus huertos, sus prados, sus pastos y sus aguas, sus presas, sus molinos, sus aceñas y lugares de los mismos, con sus montes, sus bosques y sus dehesas y con todos sus caminos y pertenencias”. Este control quedó ratificado en 1199 con la donación expresa al obispo Julián de Huerta y Abia con todos sus términos.

    Miguel Ángel Monedero asegura que en el libro de Estatutos y Privilegios de la iglesia de Cuenca aparece la mención de este pueblo como incluido en el alfoz de Huete, desde donde se promovió la repoblación del lugar tras el abandono de los musulmanes, pero no hay ninguna explicación plausible acerca de la transformación de ese nombre en otro completamente distinto. Durante el resto de Edad Media estuvo incluida en la jurisdicción de Huete, hasta que obtuvo la secularización, pasando a ser villa de realengo.

      En 1578 el pueblo había iniciado el proceso para pasar a la jurisdicción real, abandonando así su dependencia del obispado; para ello comisionó al vecino Miguel Garcia, quien compareció en la corte con los poderes necesarios. El rey, que disponía de la necesaria autorización del papa Gregorio XII para poder enajenar los bienes de la Iglesia que considerase necesarios para financiar las guerras contra el Islam, confirmó la venta de la villa el 15 de abril de 1582, firmando en El Pardo el documento que se conserva en el archivo municipal. En esos momentos, el tributo que abonaba Abia a su señor, el obispo, era el de 120 huevos y un cabrito, junto con 2.088 maravedíes, que el concejo pagaba cada año en la Pascua de Resurrección. En esa época posiblemente existió un castillo, del que sólo se conserva el nombre vinculado al pequeño cerro que domina la población.

 Geografía

   El término, que tiene una superficie de 63,21 kms2 presenta un relieve muy accidentado, que corresponde a las primeras estribaciones de los Montes de Toledo. El pico de Cabrejas (1.150 metros) y el llamado Mari Torrecilla (1.157) son los elementos más altos del paisaje. En este último hay situado un vértice geodésico. Junto a ellos hay que señalar una gran variedad orográfica, con cerros y montes verdaderamente escarpados, que facilitan el decurso de numerosos arroyos. El terreno es de naturaleza arenosa, lo que favorece la formación de cuevas y grutas, como la de Los Noques, en la que fluye abundante agua o la Cueva del Moro, en las inmediaciones de Cabrejas donde también se encuentra el Pozo del Tesoro.


Manantial de la Fuente del Saz

     A unos 3 kilómetros del pueblo nace el río Záncara, en un vado visible desde la carretera, con dos fuentes principales, una en el paraje de El Puerto, que se orienta hacia la vega y otra en La Sartenilla, en dirección hacia Villarejo Seco, para unirse las dos en las inmediaciones de Huerta de la Obispalía; más al norte, en los Altos de Cabrejas, lo hace el Gigüela, en terrenos del terciario, cerca de la antigua aldea del mismo nombre, para orientarse seguidamente hacia el sudoeste, en dirección a las tierras manchegas. Ambos siguen un curso aproximadamente paralelo, que más tarde cambiará hacia el sur, primero el Záncara y mucho más adelante su hermano fluvial, para terminar uniéndose ambos en la zona manchega dando lugar al nacimiento del Guadiana. Al norte del término tiene su origen el arroyo de Valdecolmenas de Arriba; otros muchos cruzan el territorio, todos de escasísima importancia, salvo el del Santo, que pasa por las inmediaciones de la ermita de San Jerónimo.

    Entre las numerosas fuentes localizadas en el término, de caudal variable según las circunstancias climáticas, hay que mencionar las de El Cubo, El Enebrillo y El Puerco.

     Pequeña, pero interesante, es la laguna de El Pico, situada junto a la ermita de San Jerónimo y una fuente, cuyas aguas vierten en el arroyo del Cuende.

     Madoz asegura que "es abundante la caza de liebres, conejos y perdices, lobos y muchas zorras".  Los mapas de vegetación señalan 12 km2 de encinar y algo más de dos kilómetros cuadrados de pinar, que corresponde a los parajes próximos a Cabrejas; el resto del manto botánico natural está formado por matorrales (tomillos, aliagas y romeros). En el término se cultivan cereales (trigo, avena), girasol, patata y algo de hortalizas

Población (abienses)

        En el censo de 1591 se registran 124 pecheros, 2 hidalgos y 2 clérigos, lo que hace un total de 128 vecinos. El censo de Floridablanca le adjudicada 429 habitantes (222 varones y 207 mujeres), mientras que el de Ensenado registra 60 pecheros, 29 jornaleros, 2 pobres de solemnidad, 8 viudas, una pobra y seis menores bajo tutela, total 106 vecinos.
       La población ha registrado un brutal descenso, de los mayores de la provincia, desde el cénit registrado a mediados del siglo XIX hasta el punto más bajo en 1980, con una ligera recuperación en la última década del siglo XX. Sin embargo, el comienzo del XXI ha vuelto a registrar un nuevo descenso poblacional, hasta situar el número de habitantes en el nivel más bajo de la historia del municipio.

AÑO VECINOS
1787 477
1802 130
1843 346
1857 657
1877 644
1887 562
1900 637
1910 612
1920 678
1930 613
1940 684
1950 635
1960 541
1970 28
1981 92
1991 118
2001 85
2011 76
2018 64
2020 61
    
    

Sociedad y Cultura

       La parroquia está dedicada a la Asunción, en el arciprestazgo de Villares del Saz.

      La patrona es María Auxiliadora (24 de mayo) y el patrón San Antonio (13 de junio), pero celebran también la festividad de San Jerónimo (30 de septiembre), con una romería en mayo, y la Asunción de Nuestra Señora (15 de agosto), además de Santa Catalina (25 de noviembre). Entre sus costumbres antiguas se cita la fiesta de las Letanías de San Jerónimo, que se celebraba el día anterior a la Ascensión, con una romería a la ermita, celebración de actos religiosos y bailes populares.

      La devoción a María Auxiliadora parte de una imagen regalada en 1906 por Carmen Gutiérrez de León. El cuadro despertó pronto las simpatías populares por lo que tres años después el párroco Constantino Sevilla Martínez encargó una talla, destruida durante la guerra civil y sustituida por una nueva en 1942.

      Se celebraba feria el día 25 de noviembre "que es una romería que se tiene a santa Catalina" con abundante intercambio mercantil de animales para el laboreo en el campo y también productos de consumo ordinario y que era acogida con una gran popularidad en toda la comarca. La celebración decayó a mediados del siglo XX.


Urbanismo

El poblamiento original hay que situarlo en el cerro que domina la población, en el que estuvo colocado el inicial castillete o torre de vigilancia y donde también se construyó la primitiva iglesia. Sin embargo, alejadas las circunstancias bélicas, las gentes fueron abandonando ese lugar ciertamente difícil para asentarse en la llanura y dar forma a la actual configuración.

El núcleo urbano de Abia de la Obispalía está situado a 1075 m. de altitud, en las coordenadas 40,01291 N y 2,3957 O. La población se extiende en forma longitudinal, a ambos lados de la carretera, y aunque el núcleo está muy deteriorado, se conserva todavía una hermosa casona, al final del pueblo, en dirección a Huerta y casi frente a la actual iglesia. Originalmente, la población se ubicaba en la ladera meridional del montículo, a los pies de la iglesia antigua, que queda en lo más alto del lugar. Según crónicas orales, una fuerte epidemia de cólera (tan habituales en todas partes hasta el siglo XIX) hizo pensar a los abienses que la orientación del pueblo era la causa de la mortandad, culpando al sol de mediodía de la calcinación de las viviendas. Animados por esta idea, decidieron trasladar el hábitat urbano a la falda del noreste del cerro, quedando detrás el antiguo pueblo y lejos la iglesia parroquial, por lo que en 1656 los responsables del obispado estimaron conveniente trasladar el culto a la ermita de Santa Catalina que es, desde entonces, la parroquia, quedando la antigua iglesia abandonada en lo alto del cerro, junto con el cementerio y los restos de un posible torreón defensivo, del que se pueden apreciar un aljibe y los cimientos de las pilastras. Aunque a ese lugar en el pueblo llaman coloquialmente “El Castillo”, no parece que en ningún momento existiera una fortaleza de tal carácter sino, como queda indicado, apenas un torreón de vigilancia.

Madoz la describe como situada al resguardo del cerro del Castillo "y la forman 100 casas de poca altura, distribuidas en una plaza de 400 pasos de larga y 100 de ancha, y en varias calles irregulares y mal empedradas".

El Ayuntamiento es un edificio de nueva construcción, situado en la Plaza y sin especiales valores arquitectónicos. Frente al edificio municipal se encuentra la Fuente del Saz, de factura moderna y sirve para suministrar el agua que llega desde la Fuente del Saz, de probable origen romano, se encuentra en las afueras del pueblo y desde ella se traslada el agua a la Plaza Mayor mediante una conducción realizada en la primavera de 1990. En la calle principal, que sirve de carretera, y con el número 58, hay una atractiva casa de estilo popular, de dos plantas, cubierta con tejado a dos aguas; la entrada se hace por un soportal adintelado, entre dos columnas; en la fachada principal se pueden admirar varios ejemplares de rejería tradicional. En las afueras del pueblo, con orientación hacia la carretera que viene de Cabrejas, se mantiene una curiosa hilera de cuevas de vino que, si bien muy modificadas (incluso adulteradas), mantienen el habitual atractivo propio de estas antiguas construcciones populares. Cerca del camino de San Jerónimo se mantiene un antiguo calvario colocado de manera ciertamente espectacular sobre una áspera roca.

El local que fue de las escuelas ha sido adaptado para vivienda tutelada, una iniciativa promovida por la Fundación Agapito Fernández e impulsado por Agustín Fernández Muñoz, un destacado industrial que, sin embargo, falleció un año antes de que la instalación pudiera ser inaugurada, el 13 de junio de 2008.

Patrimonio edificado

           Iglesia  de Santa Catalina



Esta antigua ermita, situada en la parte baja de la población, fue habilitada como iglesia parroquial cuando en 1656 el Visitador del obispado sugirió que, pues la iglesia está muy alejada de la villa y para subir a ella hay una cuesta inaccesible y áspera, se abandonase a causa de la distancia y dificultad considerables “para que los enfermos e impedidos puedan acudir a los divinos oficios” y en su lugar sería conveniente trasladar el culto a la ermita de Santa Catalina, que está en la llanura.

 Consejo que se atendió prontamente y así el culto se trasladó a este lugar. Es una construcción de mampostería, con sillares en las esquinas y en la fachada meridional. A ella se entra por una portada de estilo renacimiento, formada por un arco de medio punto sobre impostas con una cornisa corrida por encima; en la parte superior hay una hornacina de concha situada en el eje. Tiene delante un atrio que se apoya en dos columnas de piedra, cubiertas por un tejado a tres aguas. En el muro sur hay una ventana abocinada de triple moldura, visible al exterior pero no dentro de la nave, ya que se encuentra cegada.

            El interior está muy restaurado. Es templo de una sola nave, aunque en 1960 se le añadió la sacristía y el trastero. La estructura del edificio es muy alargada, con tres tramos cubiertos por bóveda de arista y una cúpula de media naranja sobre el altar mayor. Es muy llamativa la pila bautismal, de gallone rehundidos, apoyada en un plinto de planta cuadrada, con banda superior de círculos secantes. Se encuentra situada a los pies del templo.

            Entre la dotación parroquial figura un cáliz de plata dorada, repujada, del siglo XV, con un pie de seis lóbulos, de los que cuatro tienen decoración vegetal, otro con los atributos de la Pasión y el sexto un medallón circular; un ostensorio del siglo XVI y una custodia de plata con sello de P. Sanz

             Iglesia de Nuestra Señora de Asunción



            En lo alto de la colina que continúa llevando el nombre de Cerro del Castillo, se encuentra esta iglesia de origen románico parcialmente en ruinas. Por su traza, aún visible, podemos considerar que debió ser una de las iglesias de este grupo de mayores dimensiones de cuantas existieron en la provincia.

Inicialmente fue un templo de planta rectangular, de una sola nave, con dos puertas de entrada, una al norte y otra al sur, ambas de estilo románico (arcos de medio punto con arquivoltas), lo que permite deducir que la construcción inicial correspondió a este periodo, seguramente en los primeros años del siglo XIII. La fábrica es de mampostería, con sillares en las esquinas, fórmula que se repite en la torre, el único elemento arquitectónico que queda totalmente en pie; fue construida en el siglo XVII, de tres cuerpos y base cuadrada, salvo el cuerpo superior, la torre de campanas, que es octogonal y de sillería, con cuatro huecos, si bien solo uno mantiene todavía su campana; en este cuerpo superior se sitúan cuatro pináculos de bolas en las esquinas. El estado general de este último fragmento de la iglesia es bueno, teniendo en cuenta que fue reparada la cubierta.

Para separar la nave del presbiterio había un gran arco triunfal labrado en sillería y completado con dos ménsulas, una en cada lado, que aún puede percibirse parcialmente. Miguel Ángel Monedero supone que antiguamente, sobre la clave del arco, estuviera colocado un calvario con las tradicionales imágenes de Cristo, la Virgen y San Juan, como era habitual en las iglesias medievales. El viejo y ruinoso edificio ha perdido la techumbre, pero conserva el ábside semicircular y una portada de medio punto. El muro norte se conserva completo, incluso los canecillos, pero solo en parte el muro sur. Nada queda del "retablo de talla y pincel viejo" como también se ha perdido el techo de madera, la sacristía y la tribuna, aunque se conserva la vieja pila bautismal. En agosto de 1993 fue rehabilitado el sonido de la campana de Santa Bárbara, tras una obra de restauración de la escalera de acceso, que había estado cegada por los escombros más de 15 años. En una parcela anexa se encuentra el cementerio que hasta bien entrado el siglo XX prestó servicios a la comunidad.

En el año 2003 el Ayuntamiento promovió un proyecto encaminado a restaurar los restos de la iglesia, contando con una posible subvención del ministerio de Fomento, pero no pasó de ser una idea bieninencionada.

            Desde el lugar, en lo alto del cerro, se puede contemplar un hermoso y amplio paisaje de esta zona de transición de la Alcarria a la Mancha, con los Altos de Cabrejas perfilándose en el horizonte y el valle del recién nacido río Záncara abriéndose camino hacia horizontes de mayor amplitud.

Castillo

Junto a la antigua iglesia de Santa Catalina, en lo alto del cerro que domina la población, perviven aún unos restos pétreos informes que corresponden a lo que fue un pequeño castillo o torre de vigilancia, seguramente vinculado a la fortaleza de Huerta de la Obispalía. En el cerro pueden encontrarse algunas muescas o señales que se corresponden con el antiguo trazado de la muralla y también alguna galería subterránea, ya prácticamente ocupada por la maleza. Entre los elementos que aún pueden identificarse se encuentra un solitario algibe.

Casa señorial popular

En la calle principal, que sirve de carretera, y con el número 58, hay una atractiva casa de estilo popular, de dos plantas, cubierta con tejado a dos aguas; la entrada se hace por un soportal adintelado, entre dos columnas; en la fachada principal se pueden admirar varios ejemplares de rejería tradicional. En la parte negativa hay que señalar que todo el edificio está encalado, lo que impide conocer los elementos de sillería y madera que formaban parte de la estructura original.

Ermita de San Jerónimo


Ermita situada a unos 4 kilómetros del pueblo, en el fondo de una amplia hondonada a la que se llega por un camino que tiene su origen frente a la iglesia. La construcción, pequeña pero muy cuidada, está junto al río del Santo, en un atractivo paraje natural en que abundan las encinas y las colmenas y que se conoce en el pueblo igualmente como El Santo. No parecen existir datos sobre la fecha de su construcción, pero sí sabemos que fue reconstruida en el año 1905, con cargo al hijo de la villa, Marcos Martínez Diaz, chantre de la catedral de Calahorra, según una información aparecida en el semanario El Correo Católico, del 14 de octubre. En la crónica se hace constar la alegría del vecindario “al ver de nuevo levantado el santuario que tantos años estuvo derruido”. En el mes de mayo, antes del día 24, se celebra una romería popular con destino al paraje.

Cruz del Santo

En un pequeño altozano, junto a la carretera, se encuentra esta sobria cruz de piedra, de origen visigodo, como se puede deducir de la cruz prometeada y que pudo haber marcado el límite de una hipotética división territorial marcada por el rey Wamba, sin que permanezca ningún recuerdo de leyenda o tradición conocida en el acervo popular sobre su origen o matices.

Calvario

A unos 400 mts. del pueblo en dirección O se encuentra ubicado un antiguo calvario de origen popular en un espacio agrícola dedicado a cultivos de secano. La descuidada instalación se encuentra sobre un promontorio rocoso en el que se han localizado restos de una necrópolis prehistórica,

Patrimonio industrial y agrícola

Cuevas de vino

En las afueras del pueblo, con orientación hacia la carretera que viene de Cabrejas, se mantiene una curiosa hilera de cuevas de vino que, si bien muy modificadas (incluso adulteradas), mantienen el habitual atractivo propio de estas antiguas construcciones populares.



           
Molino del Záncara
Molino hidráulico situado a unos 2 kms. del pueblo en dirección N para tomar aguas de la Cañada. Debió dejar de trabajar hacia 1933. Tenia un par de piedras y un salto de unos 3,5 metros. Escasos son los restos que se mantienen en pie en el paraje del mismo nombre, junto al río Záncara, en un lugar bastante escondido a la derecha de la carretera en dirección a Huerta de la Obispalía. [García Cuevas, 371

Molino del Palo

Molino hidráulico que aparece referenciado en el inventario de Bienes Culturales del municipio pero sin aportar ningún dato informativo sobre su localización y características [IBC]. No aparece citado en el repertorio de García Cuevas.

Torre telegráfica Cabeza Quemada

Sobrevive a duras penas y en situación de progresivo deterioro, una de las torres que integraban la antigua red de telegrafía óptica que enlazaba la ciudad de Cuenca con la carretera nacional de Madrid a Valencia. A esta se llega desde el punto kilométrico 25,600 de la carretera CUV 7037, poco antes de llegar a Abia de la Obispalía. El acceso es un tanto complicado y se hace cruzando un pequeño puente sobre el Záncara, a la derecha, para entrar en una zona pedregosa con arbolado. Construida en 1848 con planta cuadrada, de 5,90 metros por cada lado, se alza sobre un plinto piramidal de base cuadrada y altura de 3 m. El acceso se efectuaba a nivel de la planta primera mediante una escalera que el operario retiraba para guardar en el interior una vez que había accedido al recinto. La fábrica es de mampostería de piedra con muros enfoscados con verdugados de ladrillo. Se conservan los cuatro alzados pero el interior está totalmente arruinado, habiéndose perdido también la cubierta. Se mantiene íntegra la ventana del piso superior y a su izquierda un orificio circular donde se encajaba el anteojo. En el interior, de fácil acceso, se pueden observar aún elementos valiosos del equipamiento original.

Bibliografía

www.abiadelaobispalia.com

Catálogo Monumental de la Diócesis de Cuenca. Varios autores. Cuenca, 1987; Diputación Provincial, pp. 1-2

Anónimo. Abia de la Obispalía. Ofensiva, 20-01-1944, sin firma, pero Julio Larrañaga.

GARCÍA CUEVAS, Antonio: Los molinos hidráulicos harineros en la provincia de Cuenca. Cuenca, 2005. Edición del autor, p. 371.

GUERRA FERNÁNDEZ, Jesús: Abia de la Obispalía: por tierras de obispos. Cuenca, 2006; Edición del Autor.

LÓPEZ REQUENA, Jesús: El progreso con retraso. La telegrafía óptica en la provincia de Cuenca. Cuenca, 2010; Diputación Provincial, pp. 261-265.

MADOZ, Pascual: Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Madrid, 1845-1850; I, p. 53; V, p. 54

MONEDERO BERMEJO, Miguel Ángel: La arquitectura de la repoblación en la provincia de Cuenca. Cuenca, 1982; Diputación Provincial, pág. 36-40

RICA, Carlos de la: “Un camino hacia Madrid: Cabrejas”. Diario de Cuenca, 23-06-1978.

RUBIAL, Amador: Castillos de Cuenca. León, 1994; Lancia, pp. 83-84.